[UAF]Un Accidente Fortuito… [Capítulo 2]

Idea original: Ilse

Desarrollo: Ilse, Alfredo

Edición: Alfredo

Ella: Morado. Él: Verde.

~

No supe si había amanecido ya. La cabeza me dolía y mi garganta estaba reseca. Creo que la “bañada” de ayer me había afectado.
Abrí los ojos: lo primero que ví fue la funda y los lentes rotos. Todo acudió a mi memoria.
Con más nitidez que ayer, evoqué el momento en que una mirada se cruzó con la mia y descubrí que esa mirada llevaba lentes. ¡Ah!, entonces los lentes me habían mirado ya. Pero seguí sin recordar el rostro de esa persona.


Sin saber el porqué, tomé los lentes rotos y los examiné. A excepción de una mica rota y la intersección doblada, estaban en perfecto estado.
Con mis dedos doblé nuevamente la intersección hasta darle una forma parecida a la que debería tener normalmente. Me puse los lentes… me sentaban a la perfección.


Era gracioso el pensar que llevaba puestos unos lentes que menos de 24 horas atrás me habían observado, unos lentes que había encontrado quizá por error, unos lentes que se habían enterrado en mi ¡auch! había olvidado que mi brazo me dolía… y unos lentes que habían provocado mi detención en la biblioteca.


Nunca hubiera imaginado que unos lentes pudieran causar tantos problemas.

Estornudé. Lo primero que vino a mi mente fue mi madre diciéndome la noche anterior: “¡báñate, te va a hacer daño esa mojada!”.


¡Cuánta razón tenía! pero yo había preferido irme a dormir directamente.

Abrí la puerta de mi habitación y me asomé por el pasillo, aparéntemente, el baño estaba disponible.
Tomé de encima de mi cama la toalla y sin muchas ganas caminé hacia el baño.
– Ejeleeeeeeeeeeééé lentoooo – dijo una vocecita a mi lado.
Uno de mis sobrinos pasó corriendo, entró al baño y cerró la puerta.
¿Qué hacía ahí mi sobrino?


Puse atención entonces y noté que en el piso de abajo se escuchaban voces. Distinguí la de mi cuñado platicando con mi madre.

¡Ah, tenemos visitas!

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Desperté con más dudas todavía pero hoy no estaba dispuesta a pensar, quería apagar mi cerebro ¿se podrá?.
Salí de mi cuarto; esperando encontrar a mi mamá en el comedor pero justo antes de cruzar la puerta recordé que ella, mi papá y mi hermano habían salido de viaje la tarde anterior; me arrepentí de no acompañarlos, realmente me sentía sola.

Tomé el teléfono para llamar a una amiga, marqué el número e inmediatamente llegó a mis oídos la grabación de su contestadora, ¿debería llamar a alguien más o verlo como una señal?
Realmente opté por ignorar todo, un ruido en mi pancita me decía que debía desayunar ¡ya!.

Fui por un plato para llenarlo con cereal; mientras mi desayuno obtenía la consistencia perfecta fui por el libro, era su última oportunidad antes de ser devuelto.

Mientras desayunaba buscaba en el índice del libro algo relacionado con los sueños, solo encontré cosas como los arquetipos de Jung y los problemas sexuales de Freud, pero nada que yo pudiera relacionar con mis problemas, asi que cerré el libro y me dispuse a continuar con mi día.

Fui a la sala, prendí la tele y cuando me senté para verla solo pude ver manchas… mis lentes… mis lentes… ¡mis lentes!

Listo, ya tenía que hacer, el plan para hoy: ir a la biblioteca a entregar el libro y preguntar si algun alma caritativa había encontrado mis lentes.

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Esperé junto a la puerta del baño por espacio de 15 minutos. No quiero ser indiscreto pero mi sobrino tarareaba “La Patita” de Cri-Crí mientras hacía no-se-qué en el baño. Al fin se abrió la puerta y el pequeñín tomó mi mano y dijo:
– Juguemos videojuegos –
Pensé un momento y le dije: – No, lo siento hoy no puedo-
– Mamááááááááááá, mi tío no me quiereeeeeeeeeeeeeee – gritó el pequeño escuincle.
Vino a mi memoria la imagen de un amigo, el cual alguna vez me platicó sobre su pequeño sobrino obligándolo a jugar videojuegos y privándolo de sus salidas y diversiones.
Escuché pasos y vi que por la escalera aparecía mi hermana.
– Buenos días – dijo ella
– Hola… perdona, no sabía que iban a venir y he hecho planes – le dije
– No te preocupes, estamos de pasada solamente. ¿Te sientes bien? – respondió.
– Sí, solo un poco cansado, quizá me resfríe pero nada importante – dije.


Me miró dubitativa, pero no le dió mayor importancia. Tomó a mi sobrino de la mano y le dijo algo que no alcancé a escuchar mientras cerraba la puerta del baño.

Puse mi toalla encima de la taza de baño y al mirar el espejo me dió un ataque de risa. Mi sobrino había intentado escribir algo con la pasta dental, pero era tan ilegible que lo poco que decifré decía “olatodoz llasecribir eee”.


Abrí la llave de la regadera y dejé correr un poco de agua en lo que comenzaba a caer caliente. Nunca me he detenido a pensar el por qué no tolero el agua fría… pero hoy tampoco iba a hacerlo. Me desvestí y observé la herida en mi brazo. En realidad no era nada de que preocuparse, pero parecía que tenía un diminuto fragmento de la mica enterrado. Lo retiré y sentí una punzada que me hizo girar el codo.


El movimiento en falso, provocó que me golpeara el codo en la esquina del toallero. Grité y en menos de 10 segundos mi madre abrió la puerta.


– ¿Estás bien? – dijo ella
– ¡Mamá, por favor, estoy desnudo! – le grité mientras me tapaba rápidamente con la toalla.
– Soy tu madre: Como si no te conociera desde pequeño… ¿estás bien? – preguntó de nuevo.
– Sí, gracias. Solamente me golpee el codo sin querer –
– Ten cuidado. – dijo mientras cerraba la puerta, dando un último vistazo al baño
– Oye, ya no eres un niño pequeño, ¿por qué hiciste eso en el espejo? – añadió
– No he sido yo, ha sido el pequeño demonio que tienes por nieto.
– Él ni siquiera alcanza el espejo – sentenció mi madre cerrando la puerta de una vez.


Era cierto, él no alcanzaba ¿cómo lo había hecho?.


Mi codo sangraba. El vapor del agua caliente comenzaba a llenar el baño, así que entré a la regadera y dejé que el agua hirviendo quemara mi espalda. ¡Vaya! ¡Qué reconfortante era esa sensación!

Dejé que el agua escurriera por mis hombros, llevándose las pocas gotas de sangre de mi codo. Ni siquiera sentí el ardor en la herida. Mis pensamientos regresaron a la biblioteca y a todo mi día anterior. ¿Qué tipo de mirada era esa? ¿Por qué me tenía tan impactado?


Con el agua llegaron más preguntas, y más ideas. Y con la misma claridad del agua, llegó una respuesta: Debía volver a la biblioteca para devolver esos lentes.

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Terminé el cereal y fui a vestirme, ir en pijama a la biblioteca no era una muy buena idea; tomé el primer pantalón que vi y lo combiné con una sudadera; tomé las llaves y salí. Llevaba ya tres cuadras cuando me di cuenta que había olvidado el libro en casa, regresé corriendo por él y continué con el plan.


Pensé en tomar un camino diferente pero me di cuenta que solo sabía llegar caminando, había pasado una hora y yo no llegaba ¿en verdad perdí tanto la noción del tiempo ayer?


Llegué al parque, debía estar cerca, unos minutos más y la biblioteca apareció frente a mi. Al ver la entrada reocrdé al chico que había llamado mi atención, ésa fue la última vez que tuve a mis lentes conmigo, realmente espero que alguien los  haya encontrado y los haya dejado en recepción ¿quién quiere unos lentes con una graduación tan extraña?


No creo que alguien más tenga esa graduación, mis amigos dicen que se marean al ponerselos; en fin.


Entré y fui a la recepción a dejar el libro.

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Terminé de bañarme.

Limpié el espejo y observé mi rostro. Me veía un poco demacrado, eso quizá explicase que mi hermana hubiera preguntado si me sentía bien.

Definitivamente el agua caliente me había sentado de perlas, otra vez tenía ganas de una nueva aventura. Y no es que en mi vida tuviera muchas, pero definitivamente el día anterior había sido una de ellas. Noté que en la tapa del escusado había un par de huellitas de zapato enlodado. ¡Ah! eso inculpaba al pequeño criminal raya espejos… sin embargo me pareció absurdo intentar culparlo después y limpié las pruebas. Solo era un pequeñín divirtiéndose.

Salí del baño, entré a mi cuarto y me vestí. Es ridículo, pero mientras me vestía guardé los lentes en su funda; sentí que me observaban.

Sin pensarlo mucho, cual acto reflejo tomé el teléfono y marqué un número mecánicamente.

-¿Diga? – contestó la voz de un joven.

– Buenos días – dije yo.

– ¡Ah! Eres tú, ¿Cómo estás? – respondió el joven.

– Bien, gracias. Oye disculpa… no quiero sonar grosero, pero necesito un favor urgente. – apunté.

– ¡Claro! ¡Lo que necesites! Tú siempre has sabido que eres un gran amigo  un excelente cliente de la imprenta Fragoletti. –

– ¿Podrías imprimirme unos 15 o 20 volantes que digan: “Encontré lentes en funda morada, llamar a este número”? – pregunté.

– Bah, son poquísimos. ¿Para cuándo? – dijo riendo mi amigo.

– Para dentro de 5 minutos. – contesté con la adrenalina a flor de piel.

– No jodas, ¿es en serio? – dijo ya en tono más serio.

– Sí. Paso por ellos ya mismo, te pago el doble de la tarifa normal si es necesario. –

– ¿Qué traes entre manos? – inquirió.

– Luego te explico. – dije y colgué antes de recibir más preguntas.

Apenas noté que en la pantalla del teléfono aparecía la leyenda “Llamada finalizada” tomé mis llaves, credenciales, teléfono y los lentes. Bajé corriendo las escaleras.

– Adios Má, adios Pá, adios a todos… los veo más tarde. – dije al cruzar la puerta.

– ¿A dónde vas? – gritó mi madre.

Pero ya era demasiado tarde, yo ya corría calle arriba.

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La señorita de recepción me atendió muy rápido, yo recordaba que era bastante ineficiente… me avergoncé de mis recuerdos.
-Señorita, disculpe . –
– ¿Si? – contestó muy fríamente.
– Ayer perdi mis lentes aquí y me gustaría saber si no vino nadie a dejarlos-
– No, no ha venido nadie- dijo un poco molesta y añadió – Ten más cuidado con tus cosas. –
Por un momento imaginé a mi madre diciendo las mismas palabras y acto seguido llegó a mi  mente el regaño que tendría preparado para mi cuando descubriera que había extraviado mis lentes con todo y funda.

Tenía que recuperarlos o inventar una muy buena excusa.


– ¿Vas a hacer algún otro tramite?- preguntó la chica de recepción sacándome con una patada de mis pensamientos.

-No, ya es todo, gracias-

Antes de voltear pude notar como ponía los ojos en blanco, ese gesto que tienen casi todos cuando estan desesperados.


Encendí mi reproductor de música y subí todo el volúmen, no quería pensar en nada más que en la música recorriendo mi cuerpo como si ésta viajara junto con mi sangre.


En cuanto puse un pie fuera del edificio comenzó una de mis canciones favoritas ” Si volviera a nacer, si empezara de nuevo” cantaba en voz baja mientras caminaba hacia el parque “A veces te mataría y otras en cambio te quiero comer” continué cantando.


“¿Cómo decirte que me has ganado poquito a poco?, tú que llegaste por casualidad”

He de admitir que a estas alturas de la canción yo ya la gritaba mientras me balanceaba en un columpio, no me importaban las miradas curiosas, yo estaba feliz escuchando esa melodía; cómo me gustaría que alguien la cantara para mi.

Un pequeño se acercó justo al final de la canción y me miro como pidiendo usar el columpio, movida más por mis principios que por mi voluntad, me levanté y fui a caminar alrededor del parque.

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Capítulo Dos.

~ Ilse & Alfred ~

¡Gracias por sus comentarios!

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12 pensamientos en “[UAF]Un Accidente Fortuito… [Capítulo 2]

  1. xiil dice:

    Jejejeje ese fue gracioso, aunq falto q pasara algo no??

  2. Wendy dice:

    wooow Yo quiero un niño que rayonee el espejo de mi baño presumiendo que ya sabe leer =D

  3. yumita dice:

    Jeje es gracioso lo que aveces hacen los pequeños y si la verdad no hay nada como un baño el cual bien te puede relajar y acompañado de una buena música mejor.. ;D

  4. Steph dice:

    Eso mismo me pasa con la música,quiero saber q pasa (en tono desesperado),a leer el capitulo 3.

  5. Asiul dice:

    (:


    que bonitoo !

  6. […] hubo tan buena crítica y visitas. Durante este mes, pudieron leer los Capítulo 0, Capítulo 1, Capítulo 2, Capítulo 3, Capítulo […]

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