Desubicado: 6 de Septiembre.

¡Wenos días!

El día de ayer me quedé dormido un rato de la tarde, y luego toda la noche (dirían por ahí que “como un Bendito Bebé”) desperté muy cansado y con ganas de seguir durmiendo. Lo intereseante fue que al despertar a la hora de la cena (más o menos) me sentí tan desubicado y sin saber qué demonios había sucedido en mi día y porqué yo estaba dormido en la tarde en vez de estar jugando, haciendo tareas o perdiendo el tiempo de alguna forma. El chiste es que esto fue un motivo perfecto para escribir algo.

¡Espero que les guste!

~

La cabeza ya no me duele y el estómago no me gruñe. Abro los ojos y todo está obscuro. ¿En qué momento me quedé dormido?, ¿Qué hora es?, es más, ¿qué día es hoy? Escucho ruido afuera, risas y gritos inentendibles, seguramente son los vecinos.

Algo a mi lado aúlla dulce y tristemente, un hermoso lobo que pide atención.  3 mensajes tuyos parpadean en la pantalla de mi móvil. ¿Cuándo he dejado acumular 3 mensajes sin contestar para ti? Dudo un poco antes de incorporarme. Observo mi entorno y siento vacíos en mi mente.

Un agradable calor flota en el aire, la ventana está cerrada y las cortinas abiertas… aunque ya no entra luz, puedo observar las farolas del exterior encenderse “Debe ser tarde ya”. Todo aquí está muy raro.

Intento hacer memoria y débiles hilos se entrelazan para  dar paso a un tejido borroso de mi día. Ahí estoy yo, despertando… con frío, bañándome… muy atrás en el tiempo, yo deseo saber porqué estoy en cama y con los ojos resecos. De inmediato, acuden a mí los más terribles pensamientos; pocas razones me han hecho llorar en la vida, ¿Acaso te fuiste de mi lado para no volver más?, ¿Será que Hades te llevó con él? No, imposible… no olvidaría nada de eso.

¿Entonces?

Las imágenes mentales continúan recorriendo mi día. Puedo ver que te acercas… caminas más de lo normal buscando una alternativa para encontrarme. Ahí estoy yo, donde siempre, impaciente.

Te veo, mis ojos se llenan de luz con tu imagen. ¿Recuerdas la vez que dijiste “Tus ojos son naranjas”? Yo sí, recuerdo esas palabras como si las hubieras pronunciado el día de hoy. Recuerdo perfectamente que me provocaste un ataque de risa ¿naranjas?, anteriormente me habían dicho que eran verdes, cafés, color miel… pero nunca naranjas. ¿Hace cuánto tiempo sucedió eso?

Me distraigo buscando detalles, pero sin mucho éxito. ¿Qué tanto habré olvidado el día de hoy?

Una vívida pantalla aparece bloqueando mis pensamientos, ahí está claramente lo que sucedió:

Viniste temprano a mí, toda la mañana a tu lado… juntos. Nos tomamos de la mano y caminamos, durante mucho tiempo caminamos sin rumbo y sin decir nada. El Sol creaba un arcoíris en conjunto con la lluvia que mojaba nuestros rostros. Nuestros cuerpos se juntaron e intenté besarte, pero presa de un dolor terrible fui. Mis piernas se doblaron y caí al suelo. Antes de perder el conocimiento, pude escuchar tu voz diciéndome “Corazón, todo va a estar bien… no dejaré que te vayas de mi lado”.

De alguna forma lograste llevarme a casa… quizá alguien te ayudó, o impulsada por una forma sobrenatural desplazaste mi cuerpo a través de largos kilómetros interminables. Ya en casa, preparaste algo de comer, o lo compraste… no sé, pero recuerdo bien que en breves momentos yo recuperaba el conocimiento y te vi a mi lado contenta… preocupada pero sonriente mientras me alimentabas y tarareabas algo que sonaba como una canción de cuna.

Entre mis idas y venidas de conocimiento, pude apreciar también que la fiebre intentó seducirme para cruzar al otro lado. ¡Cuántas veces he dicho que soy inmortal, y justo ahora la muerte se ríe de mi pretenciosa filosofía! Pero la muerte olvidó algo, estás conmigo. Tus manos, en mi frente, en mis mejillas, en todo mi cuerpo… cuidando cada milímetro de mí… tapándome cuando tiemblo por el frío y ventilándome cuando comienzo a sudar. Si tan sólo estuviera consciente en este momento, seguramente sería una experiencia deliciosa con remordimientos de cruda moral… pero la forma en que recorres mi cuerpo con tus manos no tiene ninguna intención de abusar de mi estado, al contrario… emanas protección y eso me hace muy feliz.

Por un instante, abro los ojos y encuentro tu mirada. “Todo está bien, no me soñaste, sí estoy aquí” sonríes y me das un tierno beso con el cual le indicas a mi mente que debo hibernar para recuperarme totalmente.

Mientras duermo, recoges y limpias todo. Antes de partir, te cercioras de que las cosas queden en orden… la computadora apagada, sin música ruidosa que interrumpa mi recuperación. La ventana cerrada, para que la fría corriente de afuera no me haga más daño. Dejas las cortinas abiertas para que la luz me despierte a la hora de cenar. Me tapas con las suaves sábanas y me dices “Te quiero, hasta mañana”. Cierras la puerta detrás de ti y caminas lejos.

No sabes cómo reaccionar, aparentas una gran seguridad, pero por dentro no estás segura de haber tomado la decisión correcta al dejarme así.

Todo parece tan claro y real, que por un momento creo todo lo que acabo de ver.

Sin embargo, la incertidumbre de que algo falta en mi día, me obliga a llamarte. Una llamada cualquiera, llena de preguntas intrigantes. ¿Qué tal tu día?, ¿Cómo te fue en el trabajo?, ¿Qué hiciste en tu tarde? Fácilmente respondes a todo cuanto te cuestiono, despejando mi mente de dudas, y sembrando nuevas en ella.

Tan sólo fue un sueño.

La pesada realidad cae en mi cabeza y esta comienza a dolerme de nuevo.

Ahora recuerdo todo… en realidad, lo que debí recordar y no lo que soñé.

Desperté sudando, presa del pánico provocado por una pesadilla recurrente… esa en la que dos hombres; uno gordo y gigante y otro delgado y pequeño… Sí ¿recuerdas cuando te conté de ellos? Los puntos negros querían invadir mi cuerpo y dañarme permanentemente. Cuando abrí los ojos, una fuerte corriente de aire entraba por la ventana, la cerré y miré el despertador: Las 6 de la mañana. Bajé de un salto de la cama y dispuse todo lo necesario para mi día… ropa, llaves, dinero, etcétera. Un agradable ardor recorrió todo mi ser cuando el agua hirviendo escurrió por mi espalda, reviviendo las cicatrices de las cuales siempre me he sentido orgulloso.

Tardé demasiado en el baño, pero valió la pena. Las prisas provocaron que saliese corriendo de casa y olvidara mis medicamentos.

El día transcurrió normalmente, la rutina invadiendo cada espacio de mi mañana y de mi tarde. Lo único diferente es que hay un incesante e incómodo dolor de cabeza, causado por la falta de mis drogas. Espero el momento de salir del trabajo para poder marcarte y saber si esta noche podremos vernos. Te extraño.

Gustoso, me doy cuenta que no sólo yo te extraño, tú también lo haces y te permites hacérmelo notar con una nota en mi puerta. “Te quiero, ojos naranjas. Esta noche no podremos vernos, pero mañana será nuestro día”. ¿Has venido hasta acá tan sólo para dejarme esa pequeña nota? ¡Eres maravillosa! Sin embargo, eso no merma mi deseo frustrado de estar contigo.

Aprovecho mi frustración y pretendo escribir unas líneas, sin embargo algo me detiene. Una sola idea bloquea mis pensamientos y mis sentimientos: Tú. Tú eres mi idea, y un torrente de recuerdos invaden mi ser, llenándome de una confusión inesperada. Cada segundo, cada instante a tu lado acude a mí. Todas las cosas que hemos vivido juntos… tan lejos pero juntos. Fue entonces cuando empecé a llorar. Porque estás lejos, porque deseo estar a tu lado… a cada instante y porque por más inmortal que me sienta, a tu lado soy vulnerable, y siento que sólo tú puedes alejarme de la muerte y de cualquier sufrimiento.

Suena “Stratovarius” en la computadora mientras me recuesto en la cama y sigo llorando. Mi única idea eres tú… En cierto momento llego a pensar que mi estado se debe a la música; la detengo y apago la computadora. Cambio mi incómoda ropa laboral por algo más sencillo y suave. La pijama parece perfecta para seguir encima de la cama sin ánimos de hacer nada más que pensar en ti. El aire sigue corriendo a través de la ventana, provocando escalofríos en mí. Me levanto y la cierro, tan sólo para regresar nuevamente a la cama.

Quise sentirte de alguna forma junto a mí, así que busqué cualquier pertenencia tuya en mi poder. Lo primero que apareció fue tu bufanda… es horrible bufanda oscura llena de colores sin alegría. Sin embargo, esta noche me parece tan hermosa, tan brillante… tan tú.

Supongo que ahí fue cuando perdí la noción de mis últimos momentos. De alguna forma debí quedarme dormido y a la par debió darme frío provocando que me tapase sin darme cuenta.

Quizá a falta de mis medicamentos, el dolor se convirtió en otra cosa: Fiebre y después un fuerte delirio. Fue entonces que las imágenes se volvieron tan claras… y pude tenerte a mi lado toda la tarde que ya ha terminado antes de que yo me hubiese dado cuenta.

Tú a mi lado toda la tarde cuidándome y cantando en mi oído, alejándome de la muerte.

~

~ Alfred ~

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7 pensamientos en “Desubicado: 6 de Septiembre.

  1. Ilsita!! dice:

    “Me gusta”
    Ojos naranjas es increíble, me pregunto que lograrías escribir si enrealidad estuvieras delirando jajaja.
    Esil

  2. atziri :) dice:

    que cursi. C:
    me gustó mucho n_n ..
    ideal para mi mañana 😉

  3. Eritia dice:

    Waaaaaaaaaa!!!! Me fascinó, aunque usted me hizo leerlo con tanta rapidez que al principio no había entendido que había sido sueño y que la realidad.
    Me encanta porque también me ha sucedido eso. Espero que siempre podamos recordar donde estámos y el por qué, y no caer en la locura.

    Saludos extraviados desde el trabajo.

  4. […] verdes?, después algunas preguntas existenciales como ¿Qué es más valioso?, un día, me sentí Desubicado y escribí una entrada rara. También tuvimos el Capítulo 9 de Un Accidente Fortuito…, una […]

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