[UAF]Un Accidente Fortuito… [Capítulo 9]

Idea original: Ilse

Desarrollo: Ilse, Alfredo.

Edición: Alfredo

Ella: Morado. Él: Verde.

~

¿Saben? La impresión de haber olvidado algo realmente importante y no tener la menor idea de qué sea, es muy incómoda. Así me sentía en ese momento: Cuando miré por la ventana de mi cuarto mientras bebía la malteada de chocolate que amablemente mi hermana nos había traido a mi sobrino y a mí. Después de mi accidente, habían decidido quedarse en casa a cuidarme con mamá, mientras mi padre y mi cuñado atendían unos negocios.

Sin embargo, la compañía del pequeño diablito era reconfortante, podía platicar de cosas infantiles y leer cuentos, además las malteadas de chocolate o de mango estaban a la orden del día.

– ¿Recuerdas la vez que fuimos y venimos? – preguntó mi sobrino.

– ¿De dónde? –

– ¡Pues de donde fuimos y venimos! –

– Oh… –

– Uuuuy, no te acuerdas, ya te quedaste tonto para siempre de la eternidad… –

– En realidad sí que me acuerdo –

– ¿De verdad? – me miró dudoso, ignorando si lo tomaba en serio o le seguía el juego.

– Claro, la vez que estuvimos ahí e hicimos eso. –

– No, esa no. –

– A mí me parece que el que no se acuerda eres tú. – dije juguetonamente.

El niño rió y se puso a saltar a los pies de mi cama. Continué mirando por la ventana, con esa sensación incómoda de vacío… sin embargo, por algun motivo: Estaba contento.

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Mi mamá se levantó y discretamente colocó el teléfono en la mesa.
– ¡Qué chistosa!- le dije- pero no pienso hablarle, yo lo mandé al hospital… no creo que quiera saber de mi.
– ¡Ay Ilse, nadie manda a reparar unos lentes sólo porque sí! – dijo mientras tomaba mi mano.

Ella tenía razón pero, la verdad era que ni siquiera yo sabía el porqué habían mandado a reparar mis lentes, él no contestó a esa pregunta… simplemente fue arrollado por una bicicleta.

Me levanté y fui casi corriendo a mi cuarto, tomé el recibo y volví a donde se encontraba mi mamá. Marqué el número sin mayor problema aunque mis  manos no dejaban de temblar, mientras el tono intermitente de una llamada en proceso llegaba a mi oído, algunas ideas empezaron a bombardear mi mente; en verdad quería saber como se encontraba pero ¿Cómo saludaría?, ¿Qué se supone que deba decir?, ¿Era lo correcto? … justo antes de que alguien al otro lado de la línea pudiera contestar la llamada y con ello a un sin fin de preguntas, colgué.

Así es, me acobardé en el último momento. Mi madre, aun sentada a mi lado, suspiró; se levantó y me dejó pensando.
Le encantaba hacerme reflexionar, quería que aprendiera  por mi y no por lo que alguien pudiese enseñarme pero esta vez no podía hacer de todas mis ideas una sola.

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La tarde transcurría tranquila… demasiado en realidad. Dejé de atormentarme con la idea de que algo faltaba en mi mente, porque estaba conciente de que estaba relacionado con el día del accidente. Mi cerebro no lograba asimilar la idea de que por una simple bicileta, yo tuviese tantos… “problemas” de memoria. Dejé que el transcurso del tiempo decidiera las cosas.
Un poco incómodo, me revolví en la cama. A veces mi sobrino salía de mi cuarto y se iba a cotillear con su madre, yo me quedaba de nuevo mirando la ventana, o somnoliento por el calor.
Tan sólo una tarde… una tarde que se tornaba eterna… sonó el teléfono… era mi padre preguntando ¿cómo estaba todo?, luego llamaron al timbre… el vecinito que había volado su pelota…

Decidí que no dejaría llegar mi situación a nivel de “tortura” y me levanté de la cama. Afortunadamente, no tuve que caminar mucho para llegar a mi pequeño librero. Dejé que un falso azar decidiera mi actividad vespertina. Cerré los ojos y tomé un libro. El grueso libro quedó en mis manos y con una sonrisa traté de adivinar ¿cuál habría tomado?. A ciegas, regresé a la cama pensando en todas las posibilidades del libro que se encontraba en mis manos.

Una corriente de aire entró por la ventana, pero me dió flojera ir a cerrarla, así que tomé mi sudadera que se encontraba justo al lado de la cabecera. Al jalarla, cayó algo al suelo.
Me asomé y noté que era el pantalón que traía yo puesto el día anterior.
Justo iba a dejarlo ahí tirado, cuando tuve la sensación de que debía revisarlo. Con mis pies, lo arrastré unos centímetros y después lo levanté.
Palpé los bolsillos y descubrí que uno de ellos tenía un pequeño papel doblado dentro.

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Después de que mi cobardía frustara mi plan para saber cómo se encontraba Alfredo decidí que no quería salir de mi casa por hoy, me quedaría a desperdiciar el tiempo. Me acurruqué en el sillón frente a la tele, la encendí, tomé el control y empecé a cambiar canales hasta que algo atrajo mi atención; lo que alcancé a escuchar decía masomenos asi “el significado de tus sueños, envía un mensaje al…” lo demás no lo recuerdo pero no es que yo quisiera enviar un mensaje para que alguien desconocido me dijera lo que “significaban” mis sueños; simplemente recordé el motivo de la avenura del día anterior.
Fui a buscar a mamá, probablemente ella podría decirme algo sobre mi que yo aún desconocía.
– ¡Maaa! ¿ Dónde estás? – grité, pero no hubo respuesta alguna, me levanté de mi cómodo asiento y fui a buscarla al jardín. Ahi estaba ella, mirando el cielo como siempre, sentada en los columpios que  mis padres habían comprado e instalado para mi hermano y para mi.
Me senté en el columpio vacío, fue entonces cuando notó mi presencia.
– ¿ Ya viste cuán bonito es el cielo hoy? – Me dijo sin apartar la mirada del firmamento.
Mi mamá y yo siempre hemos tenido gustos diferentes.
– No es bonito, es demasiado azul, no hay nubes.
– Ilse, las nubes solo son un adorno y además vuelven los días tristes.
– Pero las nubes siempre te ayudan a ver más allá.
Sabía que esa discusión ya la había ganado mi mamá, asi que antes de que me respondiera le dije:
– Ma, tengo unas preguntas sobre mi.

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Desdoblé el papel. Con una estilografía que reconocí como la de la imprenta Fragolettí, había un mensaje referente a haber encontrado unos lentes y la petición de llamar a un número. Pero faltaba el número. ¿Por qué faltaba el número en un aviso así?, ¿Por qué tenía yo ese volante?, ¿Quizá mi amigo Eduardo sabría de quién era?… la tercera pregunta me pareció más razonable, pues tenía toda su firma como trabajo.
Dejé el libro en la cama y lo tapé con mi almohada, para no mirar cuál era.
Justo cuando iba a tomar el teléfono, este comenzó a sonar. Me asusté. Descolgué, pero dió línea… habían colgado.
Marqué el número de la imprenta, pero nadie me contestó.
Intenté de nuevo, pero obtuve el mismo resultado: Ninguno.
Cansado de tantas interrogantes sin respuesta, dejé el teléfono en paz.
Por enécima vez, miré hacia afuera a través de mi ventana.
El cielo estaba azul… demasiado azul… demasiado hermoso sin ninguna nube ocultando el Sol.
– ¿Conoces tú las respuestas de mi vida? – le pregunté al Sol.
– No. – dijo una voz que me hizo pegar un salto. Era mi hermana que entraba en el cuarto.
– Me has asustado… – le dije con la respiración agitada.
– Habrás estado haciendo cosas indebidas… – dijo riendo – ¿cómo te sientes?
– Mejor, gracias. –
– Hace unos minutos ha venido tu amigo de la imprenta a preguntar si vas a querer más volantes de los que mandaste a hacer ayer. –
– ¿Qué? –

Entonces yo había mandado a hacer esos volantes… yo tenía uno. ¿Cuántos eran, dónde estaban y por qué los había hecho?.

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Volteó y me miró pensativa.
– Ahora ¿qué quieres saber?
Jamás había hablado con ella de la pesadilla ni con nadie más, el único chico que sabía algo era el que mandé al hospital.
– ¿Hubo algun evento traumático en mi infancia?- dije sin pensar,

Mi mamá me miró extrañada pero se limitó a decir:
– ¿Evento traumático? No era más fácil decir ¿ Me pasó algo malo?, tú siempre usas términos rebuscados-
– Bueno, ¿me pasó algo malo cuando era más pequeña? – pregunté.
– No – dijo muy segura – Tuviste una infancia feliz… o eso creemos tu papá y yo.
Se quedó en silencio por un rato mientras yo pensaba que tal vez la pesadilla solo era producto de mi imaginación.
– ¿Por qué preguntas? – me dijo mientras su mirada se adentraba en mis ojos.
– No mami, por nada –
– Ajá… eso ni tú puedes creerlo, eres muy mala mintiendo – en realidad soy muy buena mintiendo pero, vamos… es mi mamá.
– En verdad ma, no es nada –
– Ilse, si no quieres decirme lo entiendo pero si es algo que realmente te inquieta, sabes que estoy para ayudarte- Siempre usa esa frase para que le diga lo que pasa por mi mente.
– Vale, te digo. –

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Capítulo Nueve.

~ Ilse & Alfred ~

¡Gracias por sus comentarios!

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23 pensamientos en “[UAF]Un Accidente Fortuito… [Capítulo 9]

  1. Edward dice:

    «¿Quizá mi amigo Eduardo sabría de quién era?» ¡Eduardo lo sabe todo! 😀

    ¡El final no me gustó*, me dejó con la sganas de leer más! D:
    I want moar plz! 😀

    *En realidad, todo el capítulo me gustó. 😉

    • Alfred dice:

      Pues aprovechando tu comentario, normalmente un autor no debe decir que su texto no le gustó, pero yo también le dije a Ilse que el final no me convence… como que termina muy … muy.. ¡Algo le falta!

      Pero… punto a favor: Los deja con ganas de más.

      XD

      Eduardo lo sabe todo 😀

      ¡Gracias por leer Edvvard0 XD!

    • Ilsita!! dice:

      A mi tampoco me gustó ¬¬
      Pero ya ves Ed, el editor presiona y hay que entregar escritos ¬¬
      Gracias por seguir leyendo ^^

  2. jojo dice:

    uUu PORFIN
    saaai qe algo bueno me aguardaba en casa
    (:

  3. muthe dice:

    corto corto corto jajajaaj
    esta bueno… aunque me gustaria mas largo…
    PD: ilse eres miedosa jajajaj

  4. xail dice:

    Yo también opino que algo le falto, algo como que la mamá le diera alguna explicación, o que Ilse notara que su madre le ocultaba algo… o quizás que la hermana de Alfredo le dijera palabras de aliento o algo así, que su conversación se extendiera…

  5. Mili dice:

    La historia se va tejiendo de manera agradable. Conservan un toque de suspenso que me gusta. Para variar, y a riesgo de parecer disco rallado, diré de nuevo que al terminar de leer se queda uno picado queriendo más. Creo que en este capítulo “siembran semillas” que forecerán en futuros capítulos. No es que dejen cabos sueltos, sino que dan pie a situaciones que van a ir ampliando la narración. Ojalá puedan escribir más en corto tiempo.
    Saludos domingueros.
    Mamá

  6. weight dice:

    i see what you did there

  7. […] es más valioso?, un día, me sentí Desubicado y escribí una entrada rara. También tuvimos el Capítulo 9 de Un Accidente Fortuito…, una entrada bastante rara acerca de un Gatogatosogatototote y luego una entrada un poco […]

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