[AGT]II/X

10/11/2010 – (10/21)

Si alguien pregunta, me gusta mucho ayudar a las personas.

Pero no me gusta resolverles la vida. Y tampoco voy ofreciendo mi ayuda a todos. Pocos saben apreciar las cosas.

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¡Salute!

Diré que este episodio me costó mucho trabajo. Y no tanto por el episodio en sí… el cual escribí en un par de horas. Cuando acabé de escribirlo a mano, lo leí y quedé insatisfecho. Se lo mostré a mi editora, y se quedó también con la idea de que algo faltaba. La idea de manejar un episodio con lujuria… y saltarme en especial esa parte… es como comer aire. XD

Probé varias combinaciones, pero ninguna satisfizo el deseo de incluir “eso”. Tras varios días, una idea me pasó por la cabeza “No se puede escribir, lo que no se puede describir”. La frase en sí me gustó, y no solo porque describe exactamente el problema de ese momento, sino por que llena muchos espacios huecos a la hora de pensar en escribir. Regresando al punto, yo mismo rebatí esa idea pensando “Has escrito un asesinato sin haber matado a nadie, tiene que haber una forma de escribir otras cosas que no han sucedido en tu vida. Si puedes imaginar que vuelas, ¿por qué no puedes soñar con ahogarte?” Y con esa ideología me dí a la tarea de “empaparme” de ideas (desgraciadamente, nada llegaba a mi mente, así que se me ocurrió bajarme unas películas porno y entonces ahí encontré la solución… ¡Es broma!… aunque hubiera sido un buen pretexto para conseguir cochinadas XD).

Retomando en lo que estaba, me pasé algunas horas leyendo ideas alternativas, incluso hubo un par de señoritas que me ayudaron buscando poesía erótica… pero tampoco ayudó.

Sin embargo, al final y gracias al torrente de ideas erroneas, logré encontrar lo que buscaba. Y es que teniendo 10 reactivos, después de encontrar 9 fallos, es más facil encontrar el acierto restante. Así pues, tras saber “lo que no busco” deduje “lo que sí”. Sin embargo, no llega siquiera a ser una escena erótica. Todo se queda en seducción y deseo… (a menos que tengais la imaginación muuy despierta XD)

Así que no: No logré un capítulo lleno de lujuria (y marranadas). Simplemente, por mi forma de ser no logro plasmar la intensidad que quiero. Sin embargo, espero les guste el trabajo que hice.

Para que se hagan una idea del tiempo que me ha llevado trabajar en esta entrada, les dejo las dedicatorias del borrador original (y abajo anotaré datos curiosos)

Dedicado a:

Tornasol & Meryl: Porque estuvieron ayudándome a encontrar “literatura erótica” que me fuera útil para jugar con la lujuria de este capítulo. No sirvió, pero su ayuda es muy importante 😀 ¡Gracias!

Eritia: Porque fijamente no lleva acento, es palabra grave sin tónica musical. Y porque no es lo mismo “cómete un limón” que “chúpatelo”.

Adryax: Porque quiere que escriba una escena porno. XD

Ed “Fragoletti”: Porque Cen tuvo que explicarme el significado de “I got a boner”. Yo no entendía la idea del paraguas. Ahora lo sé, y quizá al leer esto, necesites una sombrilla! XD  (es broma)

A mi mamá: Porque me trajo pan de muerto en Agosto, y sabe que me encanta n_n (además, tengo juguetitos nuevos gracias a ella jujujuju!!!)

Datos curiosos:

La primera dedicatoria, el día que ellas me ayudaron a buscar la literatura erótica, fue un Domingo. Yo pensaba publicar esto ese mismo día, pero no se pudo.

La segunda dedicatoria es un chiste local que ya no recuerdo… pero seguramente en ese momento fue algo muy gracioso y por eso la incluí.

La tercera dedicatoria: ¿Recuerdan el post de la mezcla de sensaciones? Cuando lo publiqué, una amiga (Adryax) me insistió e insistió en que debo escribir una escena porno (nótese que no erótica). Pero no, no lo haré.

La cuarta dedicatoria… bueno, quien sepa inglés la entenderá.

Y la última, es la más curiosa de todas: Imagínense desde cuando trabajo en esto, que comí pan de muerto en Agosto y venía a presumirles eso… estando en pleno Noviembre.

XD

Bueno ya, demasiada alegría para una historia distinta…. pongámonos a tono.

^

Dedicado a esas desgraciadas personas sin remordimientos, a aquellas que entregan su cuerpo sin sentir… sin sentir con el alma, aquellas que únicamente buscan el placer corporal… a costa de la vida de otros.

^

Nim el gato deambulaba por la habitación hambriento. La ventana está abierta, sin embargo una fuerza lo invita a quedarse ahí eternamente. Por un momento, se detiene y observa el gran reloj que está pegado a la pared. Él inclina su cabeza tratando de comprender la razón de ese reloj… sin embargo más inquietante es encontrar la razón por la cual su ama se pasa todo el tiempo observándolo, o enfrente de él sentada en una silla con los ojos cerrados.

– Pronto llamará alguien a la puerta, atiéndele como es debido, Nim – dijo Ágatha.

Como si hubiera entendido las palabras de su ama, Nim salió de la habitación y bajó por las extravagantes escaleras. Apenas hubo alcanzado la puerta principal, un par de golpes se escucharon en ella. El gato puso atención a las voces del exterior, mientras miraba un par de siluetas a través del vitral que adornaba el contorno de la puerta.

– Parece abandonada – dijo la primera voz.

– No es posible, el vitral está limpio y la puerta parece recién encerada… además el césped está perfectamente arreglado en las jardineras laterales – contestó una segunda.

– Centro de mando, ¿Seguros que es la dirección correcta? – preguntó la primera voz.

Un poco de estática, seguida de un “Afirmativo, cambio” se escuchó salir del pequeño radio que cargaba cada policía.

Nim maulló y estiró las patas, dió media vuelta y observó como la puerta se abría sola. Los dos uniformados se miraron dudosos al ver la puerta abrirse y a un pequeño gato color miel salir de ahí.

– ¿Hola? – preguntó uno de los policías – ¿Hay alguien?.

– Policía zonal, vamos a entrar a su casa… – advirtió el segundo.

Mientras tanto, en el piso superior, una pálida mujer se levanta de su silla… y tras observar su majestuoso reloj por unos segundos, sale de la habitación en silencio.

^

El primero de los policías observó al segundo con una extraña mirada, como si estuviera cuestionándose la idea de entrar sin una orden. Aun así, entraron sigilosamente. Con señas, se indicaron uno al otro el camino a tomar: uno subió las escaleras y el otro inspeccionó la planta baja.

Afuera del edificio, una espectral mujer de cabello largo y negro murmuró: “Aquel que no deba ver lo debido, lo debido no verá… hasta que deba”. Tras esas palabras, caminó sin rumbo conocido, calle abajo.

Extraña y aparentemente, tal cual había sugerido a su compañero, el policía de la planta baja dedujo que ese lugar estaba abandonado; no sólo no tenía muebles, la cantidad de polvo y telarañas acumuladas era fascinante, junto con el olor a humedad. El inspector del piso superior no encontró nada importante, excepto quizá una ventana abierta – la cual cerró – y un precioso reloj sin manecillas.

Sin cruzar palabra, los dos uniformados salen del lugar con la idea de estar perdiendo el tiempo. Del otro lado de la acera, Nim mastica algo lentamente mientras observa como dos hombres salen de la casa de su ama.

El gato levanta la cabeza, trepa por un árbol y hábilmente sube por el tapial de una casa. El felino toma impulso y salta al aire, logrando una entrada perfecta por la ventana abierta.

– ¿Viste eso? – pregunta uno de los policías.

– ¿Al gato volador? – responde el otro.

– Sí. ¡No!, bueno sí, pero… yo mismo cerré esa ventana – replica confundido.

– ¡Bah! Quizá no la atoraste bien – finalizó el otro sin importancia mientras abordaban la patrulla y partían de ahí.

No muy lejos de ese lugar, Ágatha observaba la cartelera teatral que está pegada en un kiosco de la plaza. Aparentemente, nada llama su atención, pero por un par de segundos, unos destellos azules iluminan su mirada.

– Verás lo indebido sin deber y más tarde arrepentido deberás arder – dijo dando media vuelta.

Por unos minutos, Ágatha caminó con calma, hasta llegar a la taquilla del teatro local. Compró un boleto para alguna de las obras y después volvió a caminar. Un par de cuadras adelante, un joven detuvo a Ágatha.

– ¡Hola!, disculpa… no he podido evitar ver cuando compraste tu boleto para la misma función que yo. ¿Te molestaría si te hago compañía? – preguntó él.

– No hay problema – dijo Ágatha.

Las cuadras restantes, las caminaron en silencio. El teatro no estaba lleno… pero tampoco le faltaba poco para estarlo.

– Por favor, espérame aquí – dijo el joven.

Ágatha se quedó quieta por algunos minutos, hasta que él regresó con golosinas y confites de la dulcería del teatro.

– ¿Quieres…? – preguntó él.

– No – respondió ella.

Sin desanimarse, permaneció al lado de ella. Las puertas se abrieron y todos entraron listos para entretenerse.

– Me llam… – intentó decir su nombre, pero ella puso la mano abierta para indicarle que no dijera nada, aparentemente porque la función estaba comenzando.

Ni siquiera el zafiro más puro habría podido tener el color azul que se revelaba en los ojos de Agatha. Lejos de ahí, un gato profirió un gran maullido que aterró a todo aquel que lo pudo escuchar.

– Uh… disculpa… yo se que sonará muy precipitado… pero… – comenzó a decir el joven.

Ágatha volteó y lo miró fijamente.

– …pero… me gustas mucho – terminó de decir él.

Contraria a cualquier razón, Ágatha tomó el rostro del joven, se acercó a el y sus labios se unieron, privando al joven de la oportunidad de respirar por unos segundos, con una locura desbordada y una incontenible pasión llena de energía como el caudal de un río a punto de perder el cauce. Segundos después, se levantó y llevó consigo al muchacho.

Afuera estaba obscuro ya… durante varias cuadras, un patrón extraño se repitió, dos jóvenes avanzaban velozmente y cada cuadra se detenían en un caluroso beso lleno de lujuria.

– Es aquí – dijo ella.

Él observó la preciosa fachada de un edificio. Al entrar, se sorprendió de la cantidad de pulcros y relucientes objetos y muebles que ahí había… hubiera querido seguir observando, si la desconocida no lo hubiera llevado escaleras arriba.

Entraron a la habitación de ella. Aquel desconocido vió una impresionante silla enfrente de un reloj… pero se olvidó de su existencia en cuanto la hermosa mujer lo empujó cerca de la cama.

– ¿A qué te dedicas? – preguntó él.
– A matar gente – respondió Ágatha sin mucha importancia.
– Yo soy escritor, de cuentos infantiles – añadió él.
– ¿No eres capaz de escribir erotismo y pretendes que continúe esta noche contigo? – inquirió Ágatha.

Definitivamente, él no esperaba esa pregunta… pero tampoco tuvo la oportunidad de responder. Ágatha lo jaló del brazo mientras lo miraba fijamente a los ojos.
Suponiendo lo que iba a suceder, el escritor quiso quitarse la camisa, pero Ágatha no lo dejó… lo aventó a la cama y comenzó a recorrer con la mirada todo su cuerpo.
– Cierra los ojos y no te muevas – dijo ella.
Él obedeció, mientras ella ataba las muñecas de él a los postigos de la cabecera de la cama. La curiosidad que despertó en el individuo lo hizo abrir los ojos.
– Si abres los ojos, la curiosidad va a matarte – dijo Ágatha dándole un codazo en la ingle.
Lentamente, la pálida pero hermosa chica fue retirando la ropa que traía el joven encima. Durante esos minutos, él se sintió tan vulnerable como excitado y la mezcla de esas dos sensaciones le produjo una confusión nada despreciable… sin embargo para evitar daños obedeció y continuó con los ojos cerrados.
– Puedes abrirlos, observa y no digas nada – sentenció Ágatha soltando las muñecas atadas a la cabecera.

Lo que vió a continuación fue más impresionante de lo que cualquiera podría imaginar: Una hermosa mujer enfundada con un deleitante vestido negro de encaje cargando en su mano derecha un cuchillo plateado. No conforme con eso, una larga y hermosa cabellera negra colgaba hasta perderse en sus rodillas. El silencio de la noche permitió al joven imaginar una armoniosa melodía de jazz, seductora y relajante a la vez.
En un compás imaginario, Ágatha comenzó a moverse lentamente mientras trepaba por la cama y recorría con la lengua el cuerpo del joven que estaba ahí. Por su parte, él se resistía a hacer cualquier cosa: ya había recibido un golpe en una zona peligrosa y no quería arriesgarse ahora que ella portaba un cuchillo. Sin embargo, en cierto punto fue imposible no contenerse, y ahogó un grito de placer.
Hábilmente y sin distraerse de su trabajo, Ágatha le hizo un corte en el hombro.
– ¡Gírate o lo hago de nuevo! ¡Tendras uno por cada hombro! – gritó ella.
Sin pensarlo un segundo, él accedió y giró, aunque tenía unas profundas ganas de gritar.
Ágatha se sentó sobre las piernas de él y comenzó a juguetear con los hombros del muchacho. Tocó y apretó la herida recién hecha, lo que provocó que el joven profiriera un quejido. En respuesta, Ágatha arrastró su mano sobre la espalda del muchacho, dejándole un camino rojo de 5 canales, uno por cada uña.

Por la mente del joven pasó la idea de salir inmediatamente de ahí. Giró bruscamente para incorporarse, tirando a Ágatha de la cama.
Antes de que pudiera levantarse, la chica dijo:
– No creo que quieras perderte lo que sigue. –
Cuando los labios de Ágatha se cerraron detrás de esas palabras, se levantó y el vestido de encajes cayó al suelo. Ni siquiera la imaginación más poderosa podría encontrar en realidad la imagen perfecta de ella en ese momento.
Un cuerpo pálido, tan blanco como la Luna… pero a la vez tan hermoso cubierto por un contrastante y largo cabello negro que cubría toda su intimidad.

El chico no pudo más que quedarse ahí, como si estuviese atado a la cama por un hechizo de magia.

Sin cruzar más palabras, él regresó a la cama y ella lo besó apasionadamente, como queriendo devorarlo con cada beso.

“Mordida” es poco comparado con la forma en que Ágatha hizo trabajar sus dientes en los labios de él. Si tan sólo hubiese aplicado un poco más de fuerza, habría arrancado de un movimiento la carne que rodeaba la boca del joven. Aún así, la destreza con que Ágatha manejaba la situación, no dejaba que él notara que estaba siendo lastimado… al contrario, cada vez lo excitaba más.

Las manos de la chica, bajaron lentamente hasta las piernas del joven. Lenta y deliciosamente comenzó a masajearlas en el sentido de las manecillas del reloj. Como una suave corriente de aire, Ágatha recorrió todo el cuerpo de él, besándolo, lamiéndolo y mordiéndolo en cada parte blanda de la carne encima de los huesos.

Cada terminal nerviosa del cuerpo de aquel extraño se encendía foco de una serie… destellando en busca de una mirada… parpadeando por atención…

La misma noche, que observaba atenta, fue la que cubrió todo cuanto aconteció ahí en ese momento…

^

Nim abrió los ojos y pudo observar el primer rayo del Sol entrar por la ventana, estiró sus patas y subió a las piernas de Ágatha, la cual observaba su reloj. Mientras tanto, detrás de ellos, un joven se levantaba sigilosamente de la cama, observó un bulto acomodado a su lado y creyó que ella seguía ahí dormida. Con el mismo sigilo, salió del cuarto sin percatarse que un gato y una mujer lo observaban. Bajó las escaleras y justo antes de llegar a la puerta, algo llamó su atención. Entró a la habitación contigua… parecía ser la cocina.

Un líquido rojo escarlata formaba charcos en el suelo. Tratando de no pisarlos, se acercó más para encontrar la fuente del líquido. Tras unos pasos, pudo observar dos cuerpos mutilados de sus extremidades, con uniformes policiacos: el líquido del suelo era la sangre que brotaba de ellos.

El joven profirió un grito ahogado y saltó hacia atrás, al hacerlo pisó uno de los charcos y resbaló.

Al caer, su cabeza golpeó con el filo de la mesa central. Una herida se abrió en su cabeza y comenzó a brotar el mismo líquido que había provocado su caida: sangre… la misma fresca sangre que ahora se unía al rojo río de muerte que atravesaba la cocina. Aquel extraño no necesitó darse cuenta que estaba sangrando, pues no pasó un segundo siquiera cuando él ya estaba muerto.

Por las escaleras, una hermosa joven y su gato decendían con calma. El felino maulló y ella asintió.

Entraron a la cocina, Ágatha abrió el refrigerador, sacó un bote con un líquido blanco. Mientras tanto, hábilmente un tazón es colocado en la mesa central por el gato.

El color zafiro de los ojos de Ágatha se perdió con la luz de la mañana, mientras le servía a Nim un tazón de leche.

– ¿Quién dice que la curiosidad solo mata gatos? – dijo ella mientras bebía del mismo tazón que el gato.

-] Alfred [-

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10 pensamientos en “[AGT]II/X

  1. Asiul dice:

    Me imaginaba que sería más fuerte la entrada, pero aún así me gustó bastante, ya te lo había dicho amo a esa chica, soy su fan

    esperaré la siguiente de esta serie 😀

  2. […] Razones (Geeks) Para Tener Sexo, Sensaciones ocultas, el segundo capítulo de “Ágatha”II/X, Relaciones Interpersonales, ¿Levantarse o no?, ¡Un año con ustedes! y mañana podrán leer, La […]

  3. Ilsita dice:

    Ágatha, tan contradictorio su significado con lo que me hace pensar y más aún con lo que ella es.
    Yo quiero ser como esa mujer XD
    Me gustó, no dejes que pase mucho antes del 3°
    =D

  4. Mili dice:

    Es una macabra y espeluznante historia, llena de emociones escalofriantes y misterio; pero, al igual que la fuerza que retiene al gato y al muchacho cerca de Ágatha, hay algo que lo retiene a uno leyendo la descripción de la espantosa escena. Sabes que no me gustan las películas, textos, etc. de terror; sin embargo tu narración me pareció interesante y me invita a seguir leyendo los capítulos que la continúen. También los sentimientos “negativos” forman parte del rompecabezas de las emociones que uno ha de sentir. La vida no es sólo “blanco y negro”, los matices le dan su verdadera esencia.

    Saludos maternales.

  5. Extravagante y atemorizante :3 dos palabras que no sólo caracterizan la historia sino al propio personaje de Agatha. Muy bueno!

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