Dos mitades.

17/11/2010 – (17/21)

Si alguien pregunta, me gustaría tener más público lector en el blog.

Pero más me gustaría, que los y las que ya leen, se animen a comentar… aunque sea un “no me gustó”. Eso siempre ayuda.

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Nos encontrábamos sentados en un cómodo sillón. Habían pasado muchas horas desde que habíamos cruzado la última palabra. La chimenea aún ardía, sin embargo el frío intenso que había en el ambiente, minimizaba más las tenues flamas del carbón.

Era un placer tenerla en mi departamento otra vez. No puedo recordar cuándo fue la última vez que me honró con su visita, habían pasado años…

Esa tarde nos pusimos al tanto en cuestiones de la vida, su trabajo, el mio, los amigos, los chismes y las parejas. ¡Cuánto añoraba conversar con ella acerca de la vida! Dejarnos llevar y ver las cosas y problemas de la vida con un humor diferente, con palabras cambiadas, tejiendo entre las letras historias nuevas, derivadas de la realidad.

El reloj parpadeaba, habíamos cruzado el borde de la media noche. Ya estaba sentado que ella se quedaría en mi cama, yo ocuparía el sillón en el que justamente estábamos sentados… de cualquier manera era muy cómodo.

Mientras mis pensamientos juntaban las ideas anteriores, ella rompió el silencio:

– Creo que debo ir a dormir, antes de que me amordace la nostalgia. –

– La nostalgia no amordaza, al contrario… externa sentimientos. Exprésate, te escucho. –

– Lo único que expresaría, serían incoherencias… –

– Y dime, ¿cuál es el problema? –

– Ni siquiera una idea concreta de locura… No hay contenido. –

– Venga, desembucha. –

– No puedo… no me sale… todas son tonterias. –

– ¡Anda! –

– En verdad no puedo… –

– ¿Por qué? –

– Porque hay alguien en la ventana… tan invisible, que podría entrar si quisiera… es sólo que no le he invitado, porque siendo producto imaginario, no quisiera perder de nuevo el hilito que me muestra dónde dejé el piso en la madrugada. No quisiera extraviarlo por correr de casa a ese extranjero y conocido visitante que regresa cuando cree que tiene voluntad para enfrentarme…

Aunque insista esta noche… ¡Lo voy a dejar afuera!, ¡Que se congele con las babosas y mosquitos!, ¡No lo dejo entrar!

Aunque sea tan convincente al decirme que le molesta la lluvia tanto como a mi la comida con demasiada sal.

Es curioso… – ¿has notado que siempre digo que es curioso? – pero, es curiosísimo que al paso de los años, haya aprendido las mismas técnicas de convencimiento y manipulación que yo… ¡Hasta me chantajea!

Pero… ¡No!, ¡Hoy se queda en la ventana!

Puede ser observador desde ahí si quiere, no lo dejaré vigilar mis sueños… aunque sea el único que puede ahuyentar mis malos sueños… –

– Um… –

– Espera, olvida eso último: ¿Puedes hacer como que dije pesadillas en vez de malos sueños?, sino, será redundancia plena… y no las soporto por completo: Ya ni siquiera porque sea una figura de la prosa… –

– No te preocupes, no dijiste nada. –

– En fin… no es que le tenga miedo, es sólo el temor a escuchar de nuevo la frase “ha llegado el doctor, no te preocupes, no le verás más” –

– ¿Al doctor? o ¿Al de la ventana? … Olvídalo, entendí. –

Se levantó y me miró fijamente. Nunca supe si fueron segundos o una eternidad. Su mirada investigaba la mía, y a la vez pedía ayuda.

– Gracias por escucharme, me voy. –

– Encantado, me gusta mucho hacerlo… me recuerda las cosas que soy incapaz de expresar. –

– ¿Tú también? –

– Figúrate 4 paredes blancas en las que estaré encerrado los próximos meses, no es precisamente un manicomio… pero si a eso le sumas mis ideas locas, ya va siendo lo mismo. –

– Oh… –

– Pero no sé si estoy preparado. –

– ¿Por qué lo dices? –

– Espera, ahora te digo… antes permíteme comentar algo: Lo que acabas de decir me gustó mucho, sobretodo porque jugaste con una idea que para mi, al final se volvió otra cosa. –

– Explícate, por favor. –

– Primeramente, sólo pensé en un amigo imaginario, un “yo mismo”. Después, pensé en un espectro, un recuerdo. Pasé luego a creer que vislumbrabas la muerte. Cuando apareció el doctor creí que sí, era la muerte y el doctor venía a decirte que ya se había ido (llevándose a alguien). Ese, fue el momento dubitativo, cuando comprendí que era otro tipo de doctor… –

– ¿Por eso mencionaste las paredes blancas? –

– En efecto, a veces siento que estoy más loco de lo permitido por la sociedad. Tengo miedo de que vengan por mi. –

– Entiendo… –

– Ahora, lo de estar preparado para mis paredes… es algo muy fuerte, no tengo las ideas claras aún. Y curiosamente – como tú dices – necesito ponerme en un estado “inconveniente” mentalmente. Por ejemplo, triste, deprimido o con un arranque de furia… para poder expresar claramente las nublosas ideas de adentro. –

– Sí… o que te caiga encima una musa… pero es más fácil lo que tú dices. –

– Tengo 2 musas actualmente, pero ninguna me inspira para pensar este tipo de cosas: Ambas me orillan al camino opuesto. –

– ¿A la felicidad? –

– En efecto. –

– Enójate con una –

La sonrisa pícara que pude notar en sus labios relajó nuestra conversación, aún así, continuamos:

– Ya había pensado esa idea, enojarme con alguna… –

– No sé, bromeaba. –

– Yo tampoco sé, pero sé que pronto llegará el momento… aunque hay quien puede distraerme de estos pensamientos, lo único que sí sé es que tarde o temprano acabaré en ese estado… y todo saldrá. Tan sólo espero tener un medio para grabar mis ideas. –

– ¿Por qué no cargas siempre contigo una pluma? –

– No se me da… alguna vez intenté rayar mi ombligo y brazos, sin embargo, mis dedos no resbalan a la misma velocidad que la tinta… y la tinta a su vez, se desliza lentamente en la vida de mis ideas.-

– Sé a lo que te refieres, pero créeme: Es mejor que no tener nada. –

– Quizá. –

– Me frustra muchas veces no haber podido anotar una sola idea de las que he tenido y me ha parecido brillante –

– … –

– Sin afán de presunción… –

– ¡Já! Siendo tú, no dudo que tus ideas sean brillantes, no justifiques una falsa presunción. Además, la mayoría de tus ideas me parecen más que brillantes, como para que vengas de modesta. –

Para este punto, me doy cuenta que nos hemos levantado y preparamos un poco de café. Creo que su intención inicial de dormir se vio mermada por el placer de tener una conversación más antes de esperar el primer rayo de luz.

– Gracias – dijo mirándome fijamente de nuevo – aunque a veces digo cosas que no creo que brillen siquiera como una velita.

– Un cerillo ya brilla más que un calcetín negro. Y aún así, ambos tienen utilidad. –

– Tienes razón. –

Un largo bostezo de parte de ella, me indicó que el café me lo tomaría yo sólo. La acompañé hasta la habitación. No sé si fue por exceso de confianza, o ya estaba más dormida que despierta, pero comenzó a cambiarse ahí mismo. Como buen caballero, le di la espalda y observé un punto inexistente en el infinito. Pensé un momento y dije:

– Descansa, buenas noches. No olvides atrancar la ventana, a veces, tu invisible se cuela por mi rendija… –

– ¿Qué dices? –

– Sí, me lo dijo mi Fénix hace un momento, cuando pasó a saludar. –

– ¿Tu Fénix? –

– Sí, ¿no lo has visto? –

– No. –

– Una pena, es hermoso. Ten cuidado, no dejes pasar al invisible. –

– No te preocupes, no entra si yo no lo invito. –

– Por cierto, mi Fénix se disculpa: No quiso quemar tu árbol… dice que cuando despiertes, estará ahí con frutos para ti. Tu árbol, tal como el ave, habrá renacido de sus cenizas: como nosotros esta noche. –

– Dile que gracias. –

– ¡Ah! y no vayas a compartir esos frutos… pero piensa bien antes de comerlos. –

– ¿Qué debo pensar? –

– ¿Cambiarías tu libertad por eternidad? –

– No lo sé… la eternidad es espantosa, pero al mismo tiempo tiene un atractivo impresionante. –

– No me lo digas, decídelo tú. –

– Tal vez sueñe con eso. –

– Tal vez… –

Dudo mucho que esas últimas palabras mias hubiesen sido escuchadas. La miré por última vez, ya dormía. Cerré la puerta de la habitación y fui por mi taza de café.

Tomé la chamarra que estaba sobre el sillón, y salí del departamento.

Había llegado la hora de encontrar mis paredes blancas, mis ideas de locura y sus consecuencias.

Había llegado el momento de darle utilidad a mi eternidad.

 

 

~ Alfred ~

[Gracias a la otra mitad que escribió esta historia. Aunque claro, esa mitad sabe que la mitad de cosas aquí narradas, son ficticias… y que la otra mitad, significan otra cosa. Gracias mitad, espero pronto podamos crear nuevos enteros. ]

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7 pensamientos en “Dos mitades.

  1. Ilsita dice:

    Es más de lo que esperaba, jamás había leído que jugaras conmigo (el lector) con un ir y venir de ideas que al final no logro comprender del todo.
    Es muy difícil maanejar tantas incógnitas y lograr que el lector no se aburra y desee conocer el final.
    Felicidades sigue asi.
    Lots of Love
    Esil

    • Alfred dice:

      (el lector) 😄
      Sí, ya iba a decir: ¿Jugar contigo, yo?

      😛

      Tu comentario me parece taaan raro… 😛
      ¿Por qué? Ni idea, pero me lo parece

      xP
      Suenas tan fresa usando esas expresiones “Lots of Love” xD

      Gracias por leer 😉

  2. Mili dice:

    Hace media hora leí tu post de ayer.
    Esto no intenta ser la mitad del comentario del correo anterior, y no lo es. Tampoco tiene una primera mitad que la haya invitado a ser su media naranja, ni la necesita. No dice ni la mitad de cosas que podría decir, ni tiene caso que las diga. Tampoco es la mitad de interesante que debería ser, pero eso no importa ni la mitad. No estoy cantinfleando ni la mitad de lo que el original Cantinflas lo haría; ni quiero desesperarte ni la mitad de lo que ya estarás desesperado desde la mitad de este comentario.
    Pero resulta que tu post me resultó medio complicado de leer, de hecho creí que resultaría más de la mitad de lo complicado que lo esperaba, y así resultó. Podría ser que lo haya leído con la mitad de luz que necesitaba, o quizá ya tenía la vista medio cansada; probablemente hice sólo un mediano esfuerzo.
    No leí sólo la mitad, lo leí completo, pero a la mitad ya no sabía quién estaba diciendo cada parte del diálogo. De todos modos, se narra una situación media complicada, donde una mitad es fantasía y la otra mitad no suena verídica; así que, no hay que preocuparse ni la mitad por entender a medias… sólo hay que disfrutarla más de la mitad de lo que disfrutamos el pro-medio de historias que leemos. Después de todo, casi todo lo que leemos lo dejamos a la mitad…

    Te mando saludos… por cierto, ya es casi medio día.
    P.D. Disculpa si el mensaje está medio sangrón.

  3. isabella dice:

    Si me preguntas, yo también quiero lo mismo…

  4. isabella dice:

    Cuando comente lo anterior sólo había leído dos líneas, dos líneas que me llamaron la atención porque al comenzar a bloggear, aumentaron mis ansias por lectores… esto nada tiene que ver con lo que en verdad quiero comentar, pero quería acotarlo…

    Me ha encantado lo que escribes, me hizo recordar noches sin dormir, cobijada bajo la luz de la luna y con un interlocutor que con gran ahínco desmenuzaba cada minuto de la penumbra con sus palabras, nuestras pláticas eran eternas y, en la mayoría de las ocasiones, muy profundas… ya he perdido a ese amigo, pero creo que nuestras largas conversaciones se albergaron en lo profundo de mi corazón y se rehúsan a salir.

    En ocasiones me cuesta trabajo tomar mi chamarra y salir del apartamento para confrontarme, eso me da en ocasiones la nostalgia e inspiración para escribir. En otros momentos ansío sacar de mis entrañas tanto extrañamiento y contemplación de lo que fue.

    Lo que más me ha gustado de los blogs es que he encontrado cómplices sentimentales a través de este ciberespacio, cuando leo algo que me trae todo este maravilloso pasado me siento acompañada en este amplio mundo, tus palabras hoy trajeron un par de lágrimas y una sonrisa melancólica…

    • Alfred dice:

      ¡Vaya!
      ¿Sabes? Me da mucho gusto lograr eso.
      Tal como comentas, en los blogs de otras personas encontramos que no estamos solos en la gran vía de la expresión, que otras personas sienten lo mismo y también tienen el deseo de expresarse.

      Incluso, a veces nosotros no encontramos las palabras correctas para expresar algo y siempre habrá en alguna parte del planeta, alguien que logre expresar lo que estamos buscando. Y entonces, nos sentiremos identificados con esa persona.

      Me alegra que te guste, gracias por leer 😉

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