Un paso, una mirada hacia otra parte.

Hola 🙂

¿Creen en el destino?, ¿creen en los ángeles?

Yo quiero dedicar esta entrada a todos los ángeles que me cuidan día a día. Y no me refiero a entes o seres inmateriales, si no a todas las personas que se preocupan por mi y me permiten tener un poquito de su confianza, de su cariño y de su tiempo.

Gracias.

PD: Esta no es una entrada “alegre”.

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Cerré un momento los ojos. No podía seguir trabajando en ese estado. Aún cuando había recibido regaños por parte de mis familiares, e incluso de los compañeros en la universidad, mi sentido de “responsabilidad” podía más que la enfermedad que me azotaba.

Las señales de que algo estaba mal eran claras, pero yo no quería verlas. La sobrecarga emocional que tenía desde varios meses atrás, estaba tomando parte por encima de la enfermedad. Ahora no sólo tenía que lidiar con los dolores cotidianos en la espalda y la cabeza, si no que también debía atormentarme cada segundo con mis acciones (buenas o malas). ¿A qué se debía esto? No tenía la menor idea.

Cuando creí que las cosas no podían empeorar, sentí que algo se rompía en mi cabeza. Antes de que pudiese decidir si mi cerebro se había partido a la mitad, pude percibir un hilillo color escarlata que mojaba mis labios; la nariz me sangraba. Unos cuantos pañuelos desechables bastaron para detener el problema, pero no para evitar las miradas curiosas.

– ¿Estás bien? – preguntó una chica.

– ¿Por qué no vas a la enfermería? – añadió una segunda.

– Estoy bien, gracias… no se preocupen. – respondí.

Por más convincente que pudiese haber sonado, sé que no se quedaron convencidas, pero tampoco iba a hacer nada. Algo me decía que no eran coincidencias las cosas que estaban sucediendo, todo indicaba a que había llegado el momento…

Mientras mis ojos trataban de poner atención a la información que tenía delante de mi, mis dedos jugueteaban velozmente con la pluma y escribían. Aún cuando me di cuenta de que estaba escribiendo algo, no fue hasta que se me acabaron las líneas de la libreta cuando leí el producto de mi distracción.

Intento no perder la concentración, pero es imposible. Sé que no estoy bien, pero debo estarlo, porque esto es Importante. Quiero que sepas que me duele no poder estar a tu lado. Busco motivos para encontrarte fuera de mis pensamientos, pero no puedo. La manera en que te abres paso en mi mente, Demuestra que no estoy bien conmigo mismo. La necesidad de verte se antepone con mis Responsabilidades. Necesito oportunidades para que sepas que a pesar de todo, No pienso abandonarte. Así deba volar a otro mundo.”

Leí 3 veces esas líneas, sin encontrarles sentido. ¿Acaso una parte de mi mente estaba controlándome sin tener yo conciencia de esto? Dejé la pluma y me esforcé lo más que pude en dirigir totalmente mi atención a otra cosa.

Como si fuera una señal, en ese momento tuve un ataque de tos y tuve que salir del aula. Un tumulto de gente desconocida se arremolinaba cerca de las instalaciones ¿qué hacían ahí?, ¿por qué nunca los había visto?, ¿por qué había tanto silencio?

Observé mi mano, tenía unas diminutas gotas de sangre. Empecé a preocuparme de verdad.

De entre el tumulto, una delgada y pálida mujer se acercó a mi.

– Hola – dijo ella con una hermosa sonrisa que me transmitió algo que no supe describir.

– ¿Qué hay? – respondí de mala gana.

– Tranquilidad – contestó.

Cuando sus labios terminaron de decir esa palabra, sentí el peso de su mirada sobre la mía. La sensación de estar atado a unas cadenas y ser liberado, no se compara en nada a lo que sentí en ese momento. Fue un instante en el que mis dolores y preocupaciones desaparecieron, sentí un gran alivio… y empecé a llorar.

Si hay algo que odio más que llorar, es hacerlo en público, pero en esta ocasión más que odio, me incomodaba el no saber la razón por la cuál me encontraba llorando así sin más. Pero parecía que a nadie de las personas desconocidas le interesaba.

Sentí que me ahogaba en mis propias lágrimas, quise gritar ¡AYUDA! pero lo único que logré fue atragantarme en mi propio llanto.

– “¿Por qué siempre me meto en problemas?” – pensé

– Porque tienes un corazón muy noble. – respondió la sonriente mujer que seguía a mi lado, como su hubiera escuchado mi pensamiento.

No sé que resultó más desconcertante, el hecho de que ella hubiese escuchado mis pensamientos, o que desapareciese justo enfrente de mi. ¿Cómo?, ¡Imposible!

– Respira – dijo una voz femenina distinta.

Aunque sabía que si respiraba, podría morir en unos segundos por la saturación de lágrimas que tenía, accedí. Para mi sorpresa, funcionó. El aire corrió de nuevo por mis pulmones e inundó cada parte de mi con un soplo más de vida.

– ¿Quiénes son ustedes? – pregunté a la mujer que salía del tumulto.

– ¿Quiénes quieres que seamos? – respondió.

La observé y hasta ese momento noté algo extraño en el ya extraño grupo. Todos estaban girando, en dirección contraria a las manecillas del reloj, todos tenían la mirada perdida y no se podía notar expresión en sus rostros.

La mayoría parecía flotar sobre el nivel del piso, y casi todos traían cabelleras de tonalidades claras, a excepción de la primera mujer que vi: tenía adornos de naturaleza sobre un cabello castaño. Y ahora, esta segunda mujer, parecía que el fuego vivía en su cabeza, las tonalidades cambiantes entre rojo y naranja iluminaban su presencia.

– El tiempo tiene un curso, intentar ir en su contra no te llevará a nada bueno – dijo ella.

– ¿A qué te refieres? – pregunté.

– Deja el pasado atrás, no quieras participar en lo que no fue tu hora. No te dañes con eventos que no te correspondieron, no sufras por una guerra que tú no viviste, en la cuál no existías. –

La miré fijamente. Sabía que ella tenía razón. Toda la vida he sufrido por cosas que no tenían que ver conmigo, pero de alguna forma u otra, yo las puse en mi camino e hice que me dañaran.

Quise agradecerle, pero ya no estaba ahí.

¿Cuántas veces había dado consejos a mis amigos y familiares?, ¿Cuántas veces me había jactado de encontrar respuestas para todo?

Pero en este caso, era distinto. Yo mismo no habría podido encontrar las palabras exactas. Sólo los ángeles tienen la capacidad de ver lo que yo no… pero, ¿acaso eran ángeles?

Una tercera mujer sobresalió del grupo, para cuando estaba lo suficientemente cerca de mi, me tendió la mano.

– Pero tú ya lo sabes, ¿verdad? –

– Sí. – respondí cayendo en cuenta de lo que estaba sucediendo.

– Creo que no fue la mejor manera de despedirte, pero tampoco tienes mucho tiempo. No a todos se les presenta la misma oportunidad de dejar un recado antes de dar un paso y mirar hacia otra parte. – dijo ella.

Aún cuando la belleza de las dos mujeres anteriores era impresionante, esta última tenía un encanto embelesante. Como si todo su cuerpo fuera el inicio y el fin. Una idea de eternidad, de infinito.

Entonces, comprendí que eran ángeles. Pero no todos los ángeles bajan a mi nivel para hacerme saber que no estoy perdido del todo. Sólo los más especiales. Por eso, son míos. Mis ángeles.

Y entonces, me miró. Y supe que podía leer el sufrimiento de mi alma, sin saber yo, qué me sucedía en realidad.

Pero estaba listo.

Listo para convertirme en un ángel y proteger a quienes en vida me valoraron y quisieron. Ahora me tocaba cuidarlos con una fuerza que tenía otro sentido.

[…]

El grito de una jovencita despertó a los somnolientos alumnos del salón de clases.

Los siguientes minutos fueron un caos en el pasillo, uno de los alumnos estaba tirado sobre la tierra.

Nadie podía explicar la situación, él había salido un momento del salón y no había regresado en varios minutos.

Para cuando su compañera lo encontró, había pasado a mejor vida.

Lo desconcertante no fue el reporte de los paramédicos, que señalaron una hemorragia interna junto con un paro respiratorio y obstrucción de los pulmones debido a un líquido que parecía ser lágrimas…

Lo desconcertante, fue encontrar su carta de despedida en la libreta que dejó minutos antes de salir del salón de clases.

No era una carta de suicidio, pero sí una despedida.

Una despedida sin destinatario aparente, pero a fin de cuentas eso, un aviso, un adiós.

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~ Alfred ~

V.A.M.C.D.V.I.I.

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6 pensamientos en “Un paso, una mirada hacia otra parte.

  1. Ilse dice:

    Inspirador…

  2. xail dice:

    Guuuuuuuuuoraleeeeeeeeeeee!!!
    De lujOoooooooooooooooo
    me encantOooooooooooooooo
    😛

  3. Asiul dice:

    a mí, no me gustó. . .
    es bastante triste para ti Alfred! tú eres el solecillo que ilumina los blogs!!!
    XD bueno no tanto pero dejame las cosas tristes a mí!

    tu ponte a continuar las historias lindas que tienes!
    Te quierooooo cuidate. Saludos! (:

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