[PPE]El Íncubo. 10/16

[El Íncubo.]

 

Hubo un tiempo, cuando yo era joven, era un chico con ambiciones audaces, sin temores, pero que siempre respetó a todos, personas y naturaleza.

En ese mismo tiempo, me di cuenta de los torcidos pensamientos de otras personas  de lo preocupante de las influencias que había a mi alrededor.
Durante esa época, luché por no ser uno más, por salir adelante, por destacar con mis virtudes.
Por las noches, me gustaba caminar cerca del río, en alguna parte de ahí, una mujer cantaba. Tenía una voz hermosa que nunca olvidaré. Con esa voz bendecida por Dios, cada noche entonaba las más bellas notas, arrastrándome por horas a un paraíso inalcanzable por cualquier otro.
Desde pequeño, había oído cantar a muchas personas, debido a que la taberna del pueblo quedaba a escasos metros de lo que llamaba hogar. Siempre me pareció que en realidad ahí, nadie cantaba. Únicamente transmitían historias acompañadas por unos crudos acordes, cuerdas podridas rasgadas por algún intento de trovador, mientras platicaban lo que suponía una bella historia.
Pero hasta la primera ocasión que recorrí el camino del agua, supe que yo tenía razón: nadie ahí cantaba. El verdadero canto nacía del corazón.
Regresé cada noche, atrapado por aquella voz que no debía ser humana. Alguna vez había escuchado un cuento acerca de las Ninfas del bosque… llegué a preguntarme si no sería una de ellas la dueña de aquel dulce imán.
Durante las diferentes veces que estuve ahí, cada una de ellas era recibida con una melodía distinta.

Era como escuchar un cuento de “Las Mil y una Noches” en cada ocasión.
Aunque fui atrapado una y otra vez por todas las canciones, hubo una en especial que quedó grabada en mi mente:

“Ven conmigo esta noche, dime cómo se siente estar viva.

Ven conmigo esta noche, vamos a encontrar un lugar donde podamos ocultarnos.

Ven a la luz, te voy a enseñar cómo sobrevivir.”



Hubo un tiempo… en el mismo en que sin hablarle, la conocí, en el mismo instante que la conocí lo suficiente, como para saber que no se iría de ahí, que seguiría cantando.

“Dime cómo se siente estar vivo”


Hubo un tiempo en que tuve respeto, en que podía verla sin ser deshonrado. Pero crecí. Me acerqué más  y más a ella, hasta el punto en que sin entablar comunicación, podía tocarla. ¡Eran tan bella como la Lilit pintada por John Collier!. Con el paso de los meses, dejé de ser un joven, para convertirme en un hombre… para verla con otros ojos: para desearla.
“Ven conmigo esta noche”


Una parte de mi, siempre me dijo que debía respetarla, que podía admirarla desde lejos y deleitarme con la hermosa música que los ángeles enviaban para relajar mi alma. Sin embargo, alguien susurraba directamente a mi cabeza “hazlo, tócala, háblale y hazla tuya”.
Entonces, sucedió:

Siempre me dijeron que los íncubos eran seres despreciables y ruines, que estaban formados de mentiras, en busca de mentes débiles listas para ser atacadas en sus pensamientos. Convirtiendo todo aquello que pasase por su mente en imágenes impuras, en pesadillas, en sentimientos de culpa y deseos inmencionables.

Pero esa noche, conocí la realidad: se les llama íncubos por que se acuestan sobre sus víctimas, esos desagradables demonios con forma masculina, encargados de poseer a sus víctimas, violarlas y absorber su energía.

Descubrí que fue un íncubo el que justamente me susurraba al oído esas palabras. Al principio, creí que eran sólo alucinaciones mías, que yo mismo deseaba ir por ella y que estaba únicamente atribuyendo mis deseos a las leyendas.
Tras varias noches, los mismos susurros rondaban mis oídos, los mismos pensamientos acosaban mi mente. Por un momento creí que lo haría.
Justo cuando el momento más débil de mi mente se podía visualizar, frente a mí, se materializó el Íncubo.
Se acercó a ella, sopló algo que no pude distinguir y la durmió. Volteó, me miró y un desagradable sonido emanó en cuanto abrió su boca para lo que me pareció una risa.
Lleno de pánico, corrí lo más rápido que pude de ahí, llevando conmigo sentimientos de culpa y cobardía por no defender a la hermosa mujer.

Nunca más volví a verla, nunca más volví a escucharla. Sólo sé que su alma pura se perdió esa noche bajo las garras del íncubo.
Y yo, extraño sus cantos, recuerdo sus labios y trato de emular sus palabras. Pero no puedo. Porque yo no soy un ángel, soy sólo un alma errante en este mundo de mortales… quisiera ser alguien más.

“Ven conmigo esta noche, dime cómo se siente estar vivo.

Ven conmigo esta noche, vamos a encontrar un lugar donde podamos ocultarnos.

Ven a la luz, te voy a enseñar cómo sobrevivir.”

 

 

 

 

† Alfred †

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7 pensamientos en “[PPE]El Íncubo. 10/16

  1. Saira dice:

    valla es grato leerte seguido. y me gusta mucho lo que escribes , aunque no puedo leerte en ocaciones. siguenos deleitando con tus entradas

  2. yumita dice:

    Seria agradable poder escuchar esa voz cantando tranquilamente y suuavente caminando por la orilla de una playa .

  3. Asiul dice:

    Éste me gustó bastante y más por la referencia a la pintura. Muy bonita la forma de narrar ese acto horrible en el que el personaje se ve envuelto.

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