Sólo hojas de papel…

 

Esta mañana te encontré.

Sin querer, apareciste de nuevo.

Tú, tan “cosa” de hace tanto, tan nada en tiempo presente, inexistente en el futuro. Tú.

¿Que cómo apareciste?

Fue tan sencillo como buscar algo importante en aquella carpeta de documentos.

Últimamente lo has estado haciendo – con frecuencia, he de decir – como si hubiese sido un elaborado plan tuyo por permanecer ahí.

No importa cuánto me esfuerce por sacarte de mi vida, vuelves una y otra vez.

En un mensaje, en una llamada, en una historia, en un recuerdo, en un escrito en hojas de papel.

No importa cuánto ya no piense en ti, te aferras en materializarte.

Pasaste del plano de indiferencia al de incomodidad, ¿por qué?

Anteriormente fuiste alguien importante, después te empeñaste en minar el camino y detonar cuanto pudiste en mi vida. Lograste hacer mucho daño, como si fuese tu único objetivo, a mi, a otros, a los míos.

Aparentaste querer dejar todo en calma, por las buenas. Y todo fue mentira.

Una más, otra más, todas. Más y más, cada vez. Mentiras.

Te desterré de mi vida, aún con todo, decidí no faltarte al respeto, dejarte ir en paz, por las buenas, adiós.

Sin embargo, no fue suficiente para ti, quisiste volver.

Te eché.

Intentaste nuevamente.

Te corrí.

Y ahí estabas de nuevo, tocando a la puerta con una sonrisa, como si nada hubiese sucedido. Apareciendo de nuevo, generándote sin que alguien desease tu presencia.

¿Qué buscas y por qué regresas de nuevo?

 

Pareciese que tuvieras la capacidad de diseñar trampas para que te recuerde aún cuando todo quedó como una mala historia. ¿Por qué no conformarte con un final tranquilo?, ¿deseas que continúe de forma desagradable todo?

Ahí, justo ahí.

Escondidas entre los documentos, entre mis propias historias, entre mis tejidos de tinta, cual trampa oculta.

Por un momento dudé, ¿qué es esto y por qué está conmigo?

Pero ahí estaba tu firma y tus caprichosos colores. Esa tinta, ese margen, esa forma tan peculiar de marcar tu caligrafía. Sí, nuevamente tú.

Y me di cuenta de algo, en vez de tener un bonito recuerdo de aquello que quizá yo mismo guardé, lo único que sentí fue pena. Por ti, por todo lo que eres.

Nunca había leído trazos de tinta con tanto desprecio, nunca había roto hojas de papel con tanta seguridad. Y es que son eso, sólo hojas de papel.

No son nada más, ya no son nada.

Y nunca debieron serlo.

 

Ahora, te vas con esas hojas, para no volver jamás.

A partir de este momento, no dudaré un solo instante en destruir cada cosa que alguna vez me relacionó contigo. Te has ido porque yo lo decidí, te has ido porque no te permito volver.

No te molestes en intentarlo de nuevo. No tienes más opción.

Adiós y hasta nunca.

Ya no te desearé un buen camino, ya no esperaré que la luz salga para ti.

No existes más.

Adiós.

~

~

~

~ Alfred ~

 

 

 

 

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6 pensamientos en “Sólo hojas de papel…

  1. vickyta dice:

    :O que fuerte!!!

  2. Sai dice:

    Que intenso, pero hermoso. Es un placer leerte. Saludos.

  3. xiil dice:

    Me gusta, aunque quizá sería mejor si fuera más corto 🙂

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