364 días, 22 horas, 30 minutos.

 

El tiempo avanza y las personas cambian. Por más rutinario que parezca, cada día es distinto. Cada movimiento, nos lleva a un futuro diferente. Un segundo con una acción distinta, cambia totalmente la ruta del camino final.

Resulta un poco triste el encontrarme un borrador en el blog, de una historia que supuestamente iba a publicar el 1° de Noviembre del año pasado (2011).  2278 palabras que quedaron sin finalizar, que me propuse terminar unos días después para poder programarlo y que fuese publicado en fechas del festejo de “Día de muertos”.

A 1 hora de que sea cumplan 365 días de eso, el escrito no está terminado y tampoco tengo ánimos de acabarlo.

Lentamente, las letras se alejan de mi.

Y lo han estado haciendo cada día más.

 

Los últimos años no han sido lo mejor de mi vida. Aunque ciertamente, tampoco lo peor. A veces me quejo, a veces digo que soy afortunado. Como todos, la vida avanza, cambia y se muestra tal como es: vida. Soy alguien que está a gusto con lo que tiene, conforme con su presente. Sin embargo, dentro de esa conformidad, no deseo estancarme. La ambición siempre me ha podido más, el deseo de superación, de avanzar, de ser alguien.

Suena tonto definir algo como sí mismo, pero así son las cosas. Cada uno busca su camino y se apega a él. Cosechamos lo que sembramos, obtenemos lo que buscamos.

En mi caso, los cambios han sido para bien. Nuevas personas, nuevos lugares. Cambio de actividades y de mentalidad. Nunca ha sido una tarea sencilla, sin embargo, la he desempeñado con gusto.

A pesar de eso, las repercusiones no se ven hasta que pasa el tiempo, hasta que me encuentro vacío. ¿A dónde fueron mis musas? ¿por qué las palabras no siguen el flujo de antes? ¿será que también han cambiado?

Aquel blog que se dedicaba a compartir cuentos está manchado por opinión personal, por crítica social, por algo más que siempre he sido yo, excepto la fantasía y magia que escapaban de mis dedos al primer instante.

Toda esa energía y vida guardada en los más recónditos y escondidos rincones de mi mente, aquello que podía tejer en tinta y parir con unas teclas. Unas cuantas palabras y un poco de imaginación eran suficientes para tener al tanto a un puñado de personas, que ansiosas por más, exigían “sólo un poco más” y que, complaciente acudía al nuevo encuentro para darles unos minutos de entretenimiento… ¿a dónde se fue ese gusto? ¿qué sucedió con el escritor? ¿por qué no existe más la fantasía y la imaginación en esta mente?

 

Quizá, mis gustos han cambiado. Quizá el público se fue. Quizá ya no hay peticiones. Tal vez el tiempo no me lo permite. Tal vez sólo estoy exagerando y dejándome llevar en una noche donde – dicen los rumores – las ánimas comienzan a rondar.

¿Será acaso que el espíritu de escritor tiende a venir una vez al año y se va al finalizar su tiempo?

Esta noche, todo es posible… pero no porque estemos a unas horas del día de muertos, si no porque esta noche, termina el mes de octubre, para dar paso a aquel que me vio nacer: Noviembre.

Mes, en que la energía se hace presente de nuevo. 30 días que por alguna extraña razón, saben a todo aquello que me faltó en el resto del año. Al final del día, sabré si estoy en lo correcto, o tan sólo el cansancio cotidiano me hace alucinar de nuevo.

 

30 minutos para media noche.

Esperaré inquieto. Llegó mi mes.

 

~ Alfred ~

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3 pensamientos en “364 días, 22 horas, 30 minutos.

  1. manty173 dice:

    Solo tal vez también ha sido un año duro para esos lectores que fantaseaban con lo que escribías, solo tal vez ellos son los que han dejado escribir, pero no de leer………

    • Alfred dice:

      Y por esa misma razón, el espíritu del escritor volvió…
      ¿Quién sabe qué podríamos leer en estos días?

      (Gracias por leer y mucho más por comentar 😀 )

  2. Mili dice:

    Siendo el día 3 de noviembre, las 17 horas y 14 minutos empiezo a escribir esto.

    Al leer tu entrada del 31 de octubre fui pensando, más bien recordando, aquello que he escuchado decir a algunas personas: el reto más difícil de vencer para un escritor es enfrentarse a una hoja en blanco y querer escribir algo en ella. Quizá ahora debería modificarse para mencionar una “Nuevo documento” en la pantalla de la computadora… pero el reto sigue siendo el mismo. Lo bonito de tu entrada es que, a pesar de describir a un ecritor que se queja de falta de inspiración, tiempo o qué se yo, para escribir nuevas publicaciones, al mismo tiempo presenta un texto lleno de reflexiones personales sobre el devenir de la vida y la repercusiones de sus propios actos. Esta lectora se identifica con lo leido y comparte las reflexiones desde un punto de vista más “experimentado” (léase: “con más años”).
    ¡Bien por el escritor que sigue escribiendo! Bien por continuar ejercitando esa capacidad.

    Saludos y besos maternales.

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