Restricción.

Escribí mis últimas letras en la esquina de la hoja, sin la certeza de que algún día podrías leerlas. Cerré la tapa del cuaderno y lo añadí a la creciente colección que estaba hecha para ti. 20 tomos completos de mis sentimientos, de lo que me provocas y de cuánto atraes mi atención.

Si tan sólo tuviera un poco de valor para dártelo, te enterarías de todas las noches que he vivido pensando en ti, soñándote, deseando que supieras que existo. O quizá no sea falta de valor, quizá el problema sea la restricción legal que tengo para contigo. ¿Por qué no puedo acercarme?

Después de pensármelo bien, ¿qué tiene de malo que te siguiera hasta tu casa aquel día? No te hice ningún daño. Ni ese día, ni todos los demás durante esos 6 años. Lo único que hacía era seguirte a distancia. Nunca te falté al respeto, nunca te ofendí o siquiera hice algo que pudiese dañarte remotamente. ¿Por qué tuviste que alejarme de tu vida cuando ni siquiera me habías dejado entrar?

Hay tantas cosas que quisiera mostrarte, compartir y hacer contigo. Podríamos, no sé, ir al cine, charlar, caminar tomados de la mano. Si tú me concedieras una hora para ir por un café, o quizá una malteada de fresa con topping de almendra, como la que pides cada jueves a las 5 de la tarde en la fuente de sodas de la plaza. Si tú me lo pidieras, podría prepararte un delicioso pay de queso. ¿Recuerdas aquella tarde de Agosto, en que saliendo de la escuela fuiste a la pastelería a pedir un pay? Yo sí que me acuerdo. Te vi a lo lejos, observando ese pay y deseándolo tanto como yo deseo poder decirte “hola” frente a frente. Entraste a la tienda, señalaste al dependiente la pequeña rebanada y de inmediato te atendió. Pagaste con 3 monedas de 5 y saliste caminando muy contenta, rumbo a la pista de hielo, a encontrarte con tus amigas. Esa tarde no patinaron, se la pasaron hablando. En alguno de los tomos que he escrito para ti mencioné algo sobre esa conversación que tuvieron, recuerdo bien que hablaban de chicos. ¿Por qué no me mencionaste?

En este momento debes estar a punto de salir del gimnasio que está a unos 20 metros de mí. Yo aquí, sentado en la banca espero a tu salida. Seguramente si notas mi presencia, llamarás a la policía y vendrán por mí nuevamente. Pero no me importa. Con que alcance a ver tu hermosa mirada nuevamente, estaré bien servido por los próximos meses.

Aquí te espero.

Firma: Tu admirador no tan secreto.

Página final, del tomo 20 para mi amada.

~ Alfred ~

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3 pensamientos en “Restricción.

  1. Ilse dice:

    Aterradoramente romàntico, me gustarìa leer los 20 tomos 🙂

  2. […] La primera entrada, es Restricción. […]

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