Vanidad

Frente al espejo se encontraba, observando lentamente cada detalle de su rostro. Como en los viejos cuentos de la escuela, se decía cuán bella era y le preguntaba al espejo el secreto para mantenerse así, para que con el paso de los años las inclemencias del tiempo no pudiesen alcanzarla. Permanecer siempre joven, conservar su piel de terciopelo, tan pura y blanca.

Repite su nombre una y otra vez, rotundamente, como un himno en plena noche. Aquella mujer libre de pecado, hasta el momento en que las gotas de sangre acarician sus piernas, refinando el envejecimiento de su piel, en la búsqueda de aquel incorrupto rojo carmín.

Desde aquí puedo verla, tan atractiva, tan vanidosa que me desconcierta. Ha sido un gran acierto encontrarme con ella dentro de mi eternidad. Siempre he sido un esclavo de la vanidad de las personas. Se arreglan al frente de mi, se acomodan, se peinan, se maquillan. Todos pretendiendo ser algo que no son. Pero ella, pide algo que no podrá tener, a costa de algo que tampoco posee. Terminará por caer en las crueles manos del tiempo.

Los días pasan y con cada amanecer ella acude a mi, se observa como siempre y pide por lo mismo. Veo cómo intenta preservar su belleza de distintas maneras. Algunas peligrosas.

Escucho, hay susurros en el pasillo. Ella y su madre han peleado nuevamente, debido a la vanidad de ella. ¿Cuándo entenderá? Es peligroso lo que hace. Si muere, perderá aquello que está buscando y su horror será eterno. Yo permaneceré aquí, sin vida, pero con conciencia de lo que acontece a mi alrededor.

Dagas en la obscuridad buscando el camino, pensamientos impuros atravesando las mentes jóvenes de aquellos que buscan algo. Cuando la luna esté llena y brillante, perfecta en su punto cúspide, alguien mojará su inocencia con sangre, buscará un pacto con fuerzas distintas, a cambio de preservar algo que no es eterno. Intentará mantener su belleza un día más, a cambio de su vida cada noche de luna llena.

¿Por qué ofrendan su vida, por qué acuden al pronto encuentro de su muerte?

Un brillo plateado destella en medio de su habitación. Aquel espejo en el que se admira cada noche antes de dormir, en el mismo que se ve cada día al despertar. Bella por unos años, a menos que el pacto de juventud eterna se cumpla. ¿Por cuánto tiempo? Mi mente me traiciona, pues mientras más sangre ella derrame, yo continuaré siendo preservado, con mi lugar en el tiempo.

La locura la consumirá poco a poco, tallará su nombre en estos muros. Todo es una fracción de la verdad caminando entre las sombras. Personas de mente ennegrecida, perdidos dentro de la profunda vanidad que los acompaña con el tiempo. ¿De qué les sirve ser bellos eternamente si no tienen materia mental para sustentar lo que son?

Respira profundo. No entiende lo que está haciendo. Sólo busca atracción física. Ese hombre de brazos grandes, que camina engreídamente, igual de vanidoso que ella. Ninguno de los dos sabe que enfrentarán el fuego del tormento, con las demás almas que han abandonado. Y yo seguiré aquí, recibiendo cada gota de su sangre. Pero sólo soy una reliquia que observa. Un objeto que refleja una parte de la realidad que se va con los años.

Continúa con tu vacía vida, pequeña, que aquí estaré, como estuve con tu madre, tu abuela y el resto de tus antecesores.

No me escuches, anhela tu juventud eterna y continúa consumiendo tu actualidad, para que en muerte, se olviden todos de ti, porque te pudo más la vanidad. No me hagas caso, yo, sólo soy un espejo encantado.

~ Alfred ~

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5 pensamientos en “Vanidad

  1. Ilse dice:

    Oh gran espejo encantado que vislumbras el paso del tiempo, què buena forma para hacernos partìcipes es dejarla en un cuento 🙂

  2. Saira dice:

    Muy buen cuento………………….. una preguntota no puedo abrir tu escrito llamado “restricción”, me dice no encontrado…. jajaja perdón por la pregunta….

  3. Mili dice:

    La Vanidad es un pecado capital, eso lo aprendí cuando era niña; pero en ese entonces no comprendía con profundidad lo que eso significaba, sólo me enseñaron que ser vanidosa era cosa fea y mala.
    Tu macabro escrito sobre la vanidad demuestra por qué esta es un pecado capital. El costo de tener la seguridad de saberse bella es muy alto, y no sólo para ella, según alcanzo a entender.
    Este texto no me gustó como los anteriores, pero es porque, como ya sabes, lo macabro no me gusta para nada. Tú escribes de variados y distintos temas, sin prejuicios. Haces bien en experimentar, yo no lo haría.
    Saludos.

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