El señor aburrido.

Extracto de una carta del señor aburrido, año desconocido.

 

¿Sabes?
Normalmente soy alguien aburrido. Mi vida es monótona, lineal, sin muchas novedades. Cuando alguien me pregunta “¿qué hay de nuevo?” es difícil que haya algo nuevo.

Y en caso de que exista algo nuevo, yo mismo no le doy la importancia que podría ser necesaria para que alguien más se interese en ello. Aún cuando lo que hago puede resultar muy interesante para alguien más, para mí es sólo mi vida diaria, que se come día a día los pequeños detalles que podrían ensalzar la historia.

 

Sin embargo, cuando algún día hay una pizca de “algo diferente” y me muero por contarle a quien sea que mi día fue “un pelín distinto”, desaparecen todos y no tengo a quién contarle.

 

Dejo que me coman las ansias durante un buen rato. Y cuando al fin aparece una “víctima” que me permite contarle mi día, se me va todo en 3 líneas y parece poco interesante. La otra persona se aburre y pierdo las ganas de volver a hacerlo.

Suelo ser bastante sencillo, de gustos simplones y sin chiste. Me divierto con las cosas más ridículas y me aburro con las cosas elaboradas. Me sorprendo fácilmente y muchas veces las personas no entienden eso. No acostumbro las diversiones comunes, no me entretengo de la misma manera con las actividades en masa que suelen realizar los demás. Soy diferente, pero al ser diferente me convierto en uno más de esos que creen ser diferentes y se convierten en uno más. Soy uno más, consciente de ser uno más… pero diferente.

Disfruto mucho de estar en silencio, tranquilo, meditando, pensando, disfrutando la paz. Y eso tampoco lo entiende la gente.

Me gusta escuchar música, apreciarla, dejarme llevar por ella. Sin embargo, tengo gustos tan variados y diferentes a lo que las personas podrían imaginarse, que resulta complicado compartir mis gustos con alguien más. Puede que tengamos algunas canciones en común, pero difícilmente habrá alguien que aguante toda la tarde a mi lado mientras escucho la música que me gusta.

Toda la vida he devorado libros. Hojas y hojas interminables de fantasía. Mundos distintos al nuestro, historias que alimentan mi imaginación y los colores en mi mente. Desde que tengo memoria he sido así y eso siempre me ha apartado de las demás personas. ¿Por qué nadie me elegía para jugar futbol en la primaria? porque era el raro de los libros. ¿Por qué nunca fui popular en la secundaria? porque sólo sabía hablar de libros y presumir cuántos había leído. Quise cambiar el panorama, cambié los libros por los video juegos y el mundo no cambió. Nuevamente me dedicaba a un único tema que la gente no entendía, porque hasta para eso tenía gustos raros. ¿Por qué no era normal y jugaba juegos de peleas o de futbol? ¿por qué prefería esas cosas de Rol y Fantasía?

Dejé los libros, los videojuegos y todo rastro de aquello que me hacía imaginar. Dejé de reír, dejé de soñar. Dejé de volar cada noche con mis deseos a futuro y con el variopinto mundo que podía dibujar con todos ellos.

A cambio de tener la atención de todos, me convertí en uno de ellos. Me convertí en una persona aburrida, monótona, que vive para trabajar y trabaja para vivir. El cielo se volvió gris, las nubes dejaron de formar figuras. La sonrisa se convirtió en una máscara para ocultar lo que todo mundo oculta: la monótona y triste realidad.

Ya no más sonrisas con el Sol, ya no más poemas a la Luna. No más niños felices arrancándome una sonrisa con sus bellos ojos, no más flores para las bellas damas, no más caricias para aquellos que me rodean…

Hay días extraños en que las cosas quieren cambiar, volver un poco a lo que eran antes. Los libros me susurran cosas bellas al oído “Léeme, tengo la felicidad en mis páginas”.  Otros más, la música me grita “escúchame de nuevo, no importa cuán rara sea, soy tuya“. Las nubes intentan formarse para que yo advierta figuras nuevas, pero me niego a hacerlo.

Los niños sonríen, tratando de contagiarme con aquello que he olvidado en el tiempo.

Y otros días más, la monotonía se despista, mi mente despierta y mis dedos actúan, permitiéndome escribir estas cartas que se perderán en el olvido, junto conmigo.
Cartas llenas de imaginación parpadeante, sin remitente o destinatario.
Un trozo de papel que no verá la luz.
Sólo un trozo de papel que guarda quien fui, quien soy y que si fuese un poco astuto, revelarían quién seré.
Y como no tengo a quién contarle y en caso de que tuviera, no le interesaría, voy a limitarme a…
Firma: El señor aburrido.
~ Alfred ~

 

 

 

 

Anuncios

5 pensamientos en “El señor aburrido.

  1. Ilse dice:

    “las nubes dejaron de formar figuras” es sin duda una de las mejores y más tristes sentencias que he leído 😦
    Ésta es una de esas veces en que me alegra que lo que aquí leo sea ficción 😀
    No dejes de escribir.

    • Alfred dice:

      ¿Cómo se puede tener la certeza de que algo es realidad o ficción?

      Gracias por continuar leyendo y comentando. Al menos alguien deja constancia de que no escribo para el aire 😉

  2. Si no es ficción, quiero saber el por qué.

    Atte. El aire

    • Alfred dice:

      ¡Hola!
      De saber que el aire sí me lee y que el aire eres tú, entonces seguiría escribiendo 😛

      En este caso (como en la mayoría de cuentos que publico) sí es ficción. Es sólo un cuentito que se me ocurrió.

      Sin embargo, es un buen pretexto para platicar un día de estos, mi estimada Liz.

      Gracias por leer y comentar, señorita “aire” 🙂

  3. Mili dice:

    Saludos desde la tierra de los tulipanes mexiquenses.
    Tu texto me recordó un libro que leí cuando era una jovencita: “Las Buenas Conciencias” de Carlos Fuentes.
    Por eso escribí: “Todos somos el señor aburrido”. Nadamos entre dos corrientes: ser individuales, únicos e irrepetibles, y ser “sociales”, socialmente aceptados, parte de la “masa”. Y así es y será toda la vida. Jugamos entre la defensa de nosotros mismos y la búsqueda de aceptación de los demás. Nadie puede ser hermitaño permanente, pero tampoco desarrollar su existencia sólo dejándose llevar por la voluntad de los demás. El chiste es poder encontrar la forma de navegar entre las dos corrientes, dependiendo de lo que para uno tenga mayor importancia en cada etapa de la vida. Como dice un dicho: “Ni tanto que queme al santo, ni poco que ni lo alumbre”

    Saludos maternales.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s