3W

Intento una y otra vez escribir aquellas líneas surrealistas que me flotaron en la cabeza por mucho tiempo, pero resulta imposible. Durante un par de años escuché las voces de Miró, Magritte, Dalí, Kush y de Remedios Varo aconsejarme al oído. Todos coincidían en que debía hacer cosas locas, intentar algo extraordinario, hacer posible lo imposible. Diario.

Darle nuevos giros a la vida, encontrar caminos inesperados debajo de la tierra, zurcar los cielos (con z, porque era algo diZtinto) con las alas de la imaginación, navegar por el ancho mar sin la necesidad de un barco.  Ser yo, sin ser yo. Ser distinto, diferente, alguien más que vive en mi.

Las posibilidades eran muchas, tan finitas como yo quisiera y tan eternas como yo dejase. No había más límites que yo mismo.

Tierras de un color desconocido, corazones naranjas y el universo en sus ojos. El sol brillante, las nubes soñadoras y mi Luna roja.

Esa Luna con la que nunca soñé, pero que llegó a mi en el momento necesario, aquella que me hace recordar hoy día esas hermosas canciones de amor y tristeza. La misma Luna que le dio luz a mi vida, apagándola después.  “Ya no estás más a mi lado, corazón. En el alma sólo tengo soledad.”

Esos colores, esas sensaciones, ese mundo diferente, alterado a nuestro gusto, tan alejado de la realidad… tan… surreal, como decidimos bautizarlo. Era nuestro, único, incopiable. Sólo tuyo, sólo mío. Nuestro.

Un pequeño y hermoso mundo que inició una noche de luna menguante, que simulaba una luna llena debido a su rojizo color.

De ahí tu nombre, de ahí el color de tus ojos, de ahí porqué siempre fuiste para mi, Mi Luna Roja.

Parecía que el el universo mismo deseaba unirnos, alineando todas las coincidencias posibles, eliminando todas las diferencias y juntándonos en el mismo instante. En el segundo correcto, con las intenciones adecuadas.

Sólo hizo falta un breve acercamiento para finalizar aquello que el cariño había iniciado. Para sellar un contrato sentimental que no iniciaba, pero que se fortalecería con el tiempo.

Tan sólo… un beso.

Pequeño y hermoso beso que daría inicio a la más hermosa historia de amor que jamás tuvo vida alguna. Un par de personas amándose en silencio, deseando cada día poder estar el uno con el otro, compartiendo cada minuto posible de sus vidas. Compartiendo sus más íntimos secretos y sus más profundos miedos.

Huyendo para siempre de la realidad, escapando a su propio mundo, creando un nuevo significado para la palabra “querer”.

Dejando atrás a sus viejos guardianes, exiliándolos eternamente en el mundo de las sombras, por el cual vinieron.

Ahí iniciaba todo. Un nuevo comienzo para una vida continua.

No hacía falta que los demás entendieran qué estaba sucediendo. Mientras el surrealismo continuara, todo sería perfecto. “Honey you are the sea, upon wich I float”

Iniciaba la historia de Ojos verdes y Luna roja.

La música era bella, los colores brillaban como nunca antes, las cosas sabían mejor.

Todo era perfecto.

Me detuve un instante para respirar y darme cuenta de dónde estaba parado… o mejor dicho, tirado.

El sabor a arena inundaba mi boca. No sé por cuánto tiempo estuve recostado en la intemperie, azotado por la tormenta de los finos granos dorados.

La atmósfera se sentía distinta, fría, solitaria, enorme. El vacío que me rodeaba era inmenso. No había otra cosa que no fuera yo. No más voces, no más colores, no había música para compartir.

Sentía la mano derecha ligera, vacía, como si de ella hubiese estado prendida otra mano y en este momento la extrañara. En la muñeca tenía el pequeño y útil reloj que siempre cargo conmigo. Aquel que mide el tiempo en días tras el paso de las horas. Por un momento creí que estaba enloqueciendo. El último recuerdo de haber mirado el reloj databa de hace dos años. ¿Cómo había pasado tanto tiempo sin inmutarme?

Tenía los labios secos y los ojos enrojecidos.

En mi mano izquierda reposaba un papiro que emulaba un mapa. Todo en él era borroso e ilegible, excepto por una pequeña inscripción que rezaba: “← 3W ~ 3 Weeks, 3 West, 3 Words”

¿Era acaso una instrucción?

El vago recuerdo de estar olvidando algo importante atormentaba mi cabeza, como si de un momento a otro hubiese abandonado un hermoso sueño. La sensación de terminar de tajo una película, o una bella canción. ¿Por qué las cosas tienen que terminar? ¿por qué decidimos  que terminen?

Observé hacia arriba. Un enorme sol iluminaba todo el entorno. Para donde quiera que pusiera la mirada, había arena. Un interminable desierto sin prometedoras esperanzas.

Varado en la nada.

Concentré mis pensamientos, intentando recordar cómo había llegado ahí y a dónde iba. Lo único que logré fue alucinar un pasado improbable. Atrás de mi había un hermoso mundo imposible, por encima de lo real. Al frente, la realidad.

No podía quedarme ahí todo el tiempo, tragando arena y dejando que el sol consumiera mi carne. Por la posición en que se proyectaba mi sombra deduje la ubicación de los puntos cardinales y di el primer paso.

Posiblemente y debido al cansancio mental que me agobiaba, sentí como si ese “pequeño” paso hubiera sido algo más. Como si el área de mi pie avanzara en tiempo, y no en distancia. El reloj marcaba una semana adicional a la última vez que lo consulté. Simplemente no era posible.

La misma sensación me invadió con el segundo paso. Otra semana en el reloj y la sensación de dejar algo atrás.

Después de caminar tres pasos hacia el Oeste, me di cuenta que la realidad estaba más cerca. Y yo no quería llegar a ella.

Si el tiempo no me estaba engañando, llevaba ya 3 semanas caminando en la soledad de la nada. Sin rumbo.

“3W” Tres semanas, tres pasos al oeste. Algo sin sentido estaba cobrándome el destino. Si las coincidencias iban a seguir, faltaban las tres palabras.

Cerré los ojos para lubricarlos y reducir el ardor que me estaba picando. Traté de despejar mi mente sin mucho éxito. Ahí estaba la claridad, pero no podía alcanzarla.

La luz iluminó de nuevo mis pupilas. La realidad seguía avanzando hacia mi aunque yo no quisiera moverme.

Un pequeño trozo de papel floto hacia mí, lo cogí al vuelo; “También Te Quiero”, decía.

Entonces recordé todo.

Supe en ese instante que me encontraba en una prisión mental, en mi propia cabeza. Amarrado por mis sentimientos y pensamientos. Queriéndome aferrar a un mundo perfecto tejido entre dos. Entre ella y yo. Libre en un mundo donde la felicidad lo era todo, donde no había límites, donde nosotros creábamos nuestra propia vida.

Pero no podía aferrarme a ese mundo, porque ya no existía más. El pequeño mundo surrealista había terminado para nosotros y cada quién había vuelto a la realidad.

Y ahora, estoy en el limbo, nadando en un mar de lágrimas ficticias, que están sólo en mi cabeza, mismas que ahogan mis penas y me hacen remojarme en la tristeza.

Ella se ha ido y no volverá. No veré más a mi Luna Roja con los Ojos Verdes que a ella tanto le gustaban.

Pero está todo en mi mente. Todo es creación mía.

Quizá al despertar, este habrá sido un sueño más. Un hermoso sueño que olvidaré cuando salga el sol.

O quizá no, quizá cuando despierte, ella aún esté ahí.

O tal vez, todo esto sea verdad.

La realidad.

El fin del mundo surrealista como sólo nosotros lo conocimos.

También Aún Te Quiero.

~ Alfred ~

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5 pensamientos en “3W

  1. Ilse dice:

    ¡Inception!

    Es bonita la entrada.

    Porque esta bien escrita, porque te hace pensar y sentir, porque acompañas al narrador en la incertidumbre y asi xD

  2. Mili dice:

    Hola, escritor bloguero. Me encantó tu texto, siento como que tiene más sustancia que algunos anteriores.
    No es nada raro que te lean más mujeres que hombres, porque tienes facilidad para escribir cosas románticas y sentimentalmente bellas. Me pareció poético. ¡Muchas felicidades!
    Besos maternales.

  3. Es inevitable contagiarse de esa emoción melancólica que permea todo el texto. Me gusta porque es a la vez metáfora y realidad, una muy triste, cuando de pronto la alegría inmensa que se vive junto a la persona que se quiere deja de existir y se convierte en un doloroso recuerdo 😦

    • Alfred dice:

      En efecto, es un cuento armado con la mezcla de mi realidad y un poco de metáfora.

      Lo bueno del asunto es que podemos aprender de las bonitas experiencias y continuar de la vida con hermosos recuerdos, pero sin amarrarnos a tortuosos pasados.

      La vida sigue y es tan bella como nosotros queramos que sea 🙂

      Gracias por leer y comentar.

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