Sobre la escalera de piedra.

Aún lo recuerdo como si hubiese sucedido ayer…

Los árboles del bosque proyectaban su sombra sobre nosotros. Algunos detalles son difusos y otros tantos siguen vivos y aún me hacen estremecer. Todo apuntaba a que nos encontrábamos en el bosque de Chapultepec. Ahí estábamos todos, los habituales, los que siempre han estado ahí, y un par más que no sé porqué, pero ahí estaban. Luisa, Vicky, Caro, Carlos, Ed… y alguien que no ubico, pero también estaba ahí acompañando a Ed.

Mirábamos un espectáculo. Ciertamente no recuerdo de qué, pero todos estaban muy atentos, en especial las chicas. Por alguna razón, estábamos separados por géneros. Las nubes se tornaron grises sin avisar y la lluvia no se hizo esperar. Como si se hubieran puesto de acuerdo, todos empezaban a correr hacia la salida, sin embargo, tomábamos caminos distintos. Por un lado, Ed, sus amigos y yo corríamos hacia la salida. Perdí de vista a las chicas, confiando en que ellas estarían bien. La lluvia incrementaba su intensidad y parecía no tener fin cercano.

Al ir corriendo, me topaba con unas escaleras de piedra. Había encima de ellas algo parecido a unas lagartijas, pero más grandes. Daban bastante miedo tan sólo de verlas. Como parecía no haber otra opción para salir de ahí, seguí sobre las escaleras. Subí, subí, subí… eran bastante grandes. Había una salamandra que me miraba fijamente mientras avanzaba. Afortunadamente, alcancé a salir.

Afuera también llovía. La entrada al metro estaba cerca, pero no veía a alguien más. Estaba solo.

Empecé a llamar por teléfono a todos, para saber si estaban bien. Uno a uno fueron reportándose. Luisa y Vicky se iban a ir juntas. Ed utilizaría su automóvil. ¿Sus amigos? no tengo idea. Sin embargo, ni Carlos ni Carolina respondían o aparecían, así que decidí regresar por ellos.

Entré por un portón de madera y una víbora cruzó en mi camino. La esquivé por poco. Bajé de nuevo las escaleras de piedra, los reptiles parecidos a lagartijas ahora eran más grandes, similares a un caimán. También había un montón de sapos y más reptiles que no reconocí.

Parado sobre la escalera, se encontraba un hombre de lentes y barba, gordo. Le pregunté si faltaban víboras en el serpentario, me respondió muy serenamente que sí, que faltaba una. Le comenté que acaba de salir por el portón. El hombre subió corriendo mientras yo bajaba.

Al terminar la escalera, mi par de amigos venían tratando de esquivar los charcos que ya se habían formado. Les pregunté si estaban bien, asintieron. Les advertí de los animales sobre la escalera y retrocedieron. Recordé porqué.

Desgraciadamente para ellos, era la única salida, así que no quedaba de otra.

Subimos de nuevo la escalera. Cada vez había más reptiles. Carolina estaba aterrorizada. Continuamos subiendo, cada paso era una carga impresionante para el cuerpo, aún con la adrenalina que viajaba por mi torrente sanguíneo.

Logramos alcanzar el final. Mis amigos cruzaron la puerta.

Aliviado, me relajé un poco. Sentí un pellizco y caí al piso.

Lo último que escuché, fue un grito, y una voz diciendo “encontramos a la víbora”.

~

~ Alfred ~

Anuncios

8 pensamientos en “Sobre la escalera de piedra.

  1. Eritia dice:

    Me da miedito por aquello de las criaturas asesinas esas, pero es un buen viaje a tu subconsciente XD

  2. Alfredo dice:

    Vaya que esto es impresionante

  3. Edward dice:

    Qué sueños tan pachecos tienes, Afelillo. Bueno, este estuvo muy pacheco. .__. xD

  4. Vickyta dice:

    wow! que chistoso que ambos soñamos con serpientes y sapos, que miedo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s