La Sopa de Piedra

¿Cómo pinta vuestro año?

El mío: Atareado por como lo vean, pero no por eso menos divertido.

Espero que el de ustedes esté bastante bien en todos los sentidos.

¡Ah!

Antes de que se me olvide, ¿ya vieron el nuevo diseño del blog Llénate de mi de mi gran amiga Asiul?, ¡A mi me encanta!, felicidades Asiul, está muy alegre.

Bueno, ahora sí, a lo que venía:

Hace unos días (año+meses en realidad, si consideran que escribí esto en enero del 2012 y no lo había publicado XD), platicaba con la señorita Eritia. Entre nuestra conversación, le mencioné un cuento. Un viejo cuento que alguna vez, hace muchos años, escuché. No recuerdo si fue en voz de mi madre, de algún cuenta cuentos en alguna feria del libro, o simplemente lo leí en algún libro. En ese momento no fui capaz de recordar el cuento completo, sólo la esencia.

Hoy, vengo a compartirlo con todos ustedes.

Independientemente de que me acordara o no, me puse a buscar la historia original: no lo logré. Pude encontrar variantes de la misma, incluso lugares en donde fue republicada, o libros en donde fue incluída como una historia más. Eso sí, todo indica que es un cuento Europeo, de autor anónimo y que se ha transmitido durante las generaciones. Encontré que también, la misma historia es conocida con el nombre de “Sopa de clavos” y “Sopa de hacha”.

Tras releer las versiones, dejo aquí con ustedes mi propia versión, que, en realidad es la misma historia, con algunos detallitos cambiados. XD

¡Disfrútenla!

~

Eduardo y Alfredo estaban cansados de caminar. El día había sido largo y agotador, un sendero tras otro, un bosque interminable y un mínimo rastro de agua para perseguir. Aún quedaban muchos días de camino y el viaje empezaba a fatigar al par de amigos.

– ¿Crees que falte mucho para poder montar el campamento? – preguntó Eduardo.

– No en realidad, creo yo que pasando esos matojos podremos encontrar un claro y montar las tiendas, sin alejarnos demasiado del agua. – dijo Alfredo

– Menos mal, hace falta dormir. Y algo de comida.-

– Te dije que sería un viaje cansado, pero nos hemos quedado sin provisiones.-

– Y aunque no lo hubieras mencionado, lo mío no es ser viajero. –

– Entonces, ¿prefieres convertirte en monje? –

– ¡Jamás!, las mujeres son el pecado y gloria de la misma vida, en una sola – gritó Eduardo

Algo se escuchó entre los arbustos y una chica se asomó, mirando a los jóvenes amigos.

– ho… hola? –

– ¡Hey!, ¿tienes comida? – dijo Eduardo

La chica observó cuidadosamente.

– Ustedes no son de por aquí, ¿verdad? – preguntó ella

– Nones, ¿tú? – respondió Alfredo.

– Sí, de la villa… está adelante a unos cuantos pasos.

– ¡Excelente!, ¡comida! – dijo Eduardo.

La chica guió a los viajeros hasta la villa. Efectivamente, no había mucho qué caminar, casi estaban ahí sin darse cuenta.

Los habitantes del lugar no prestaron mucha atención a los viajeros, cada quién estaba ocupado en sus cosas.

Apenas tuvieron oportunidad, el par de amigos empezaron a preguntar a quien se atravesase en su camino, si tenía algo de comida que pudiesen obsequiar. Las negativas fueron la única respuesta.

Tras un rato, cansados de mendigar, se sentaron a pensar.

– ¿Tienes alguna idea? – preguntó Alfredo

– Como no sea hervir agua con especias e imaginar el sólido, nada, nada de nada. –

– ¡Agua!, eres un genio – dijo Alfredo levantándose.

– ¿Ah? –

– Vamos, desempaca, pon a hervir agua en nuestra olla, voy al riachuelo por unas piedras para preparar una sopa –

– ¿Sopa de piedra? – preguntó Eduardo

– Sí, ¡la más deliciosa sopa de piedra que jamás hubieses probado! –

Eduardo se quedó anonadado, si bien las ideas de Alfredo siempre eran raras, esta vez seguramente el hambre y cansancio habían botado totalmente sus tornillos… aunque debía reconocer que la mayoría de las veces había resultados satisfactorios, así que decidió hacerle caso y puso a hervir el agua necesaria para un buen festín.

Tras unos minutos, Alfredo volvió con una piedra bastante grande y limpia. La metió dentro de la olla y movieron el fuego a la plaza principal de la aldea.

Uno de los habitantes sintió curiosidad y les preguntó lo que estaban haciendo. Los viajeros contestaron que estaban preparando una deliciosa “sopa de piedra”, aunque les faltaban algunos acompañamientos para poder incrementar el sabor. El aldeano no tuvo inconveniente en prestarles algunos a cambio de un poco de sopa al final.

Otro aldeano pasó por allí, preguntó por la olla, y los viajeros volvieron a mencionar su sopa de piedra, que aún no había alcanzado todo su potencial. El aldeano les dio un poco de condimento a cambio de un plato de sopa.

Después de esto, varios aldeanos se vieron interesados, añadiendo otros ingredientes. Si bien nunca hubo un registro o conteo de cosas, podemos estar seguros que aquella sopa terminó conteniendo zanahorias, especias y hasta una porción generosa de suave y deliciosa carne.

Tras un rato de observar cómo hervía al calor del fuego, Alfredo retiró la piedra del caldero. Probó el resultado, y satisfecho, empezó a repartir platos entre todos los presentes; tanto aldeanos como viajeros disfrutaron de una deliciosa y nutritiva olla de sopa.

Y esta, amigos míos, es la historia de cómo nada terminó siendo un todo. Y todo se comparte.

Gracias por leer 🙂

~

~ Alfred ~

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7 pensamientos en “La Sopa de Piedra

  1. Eritia dice:

    Quiero sopa de piedra! Me gusta esta historia, además claro de el toque de imaginarlos a ti y a Ed haciendo sopa.

    Gracias por compartirlo completo por fin y bueno, falta el cuento del gallito ese que se movía tuku-tuk tuku-tuk

  2. Alfred dice:

    Con el hambre que tengo en este momento, mordería la piedra sin sopa. XD

    Ei, como vi mil versiones del cuento, decidí modificar un poquito con mis personajes favoritos 😛

    Te lo debía, y ya sabes que más vale tarde que nunca.

    El cuento del “gallito” se llama “Hans, mi puercoespín” y es de los Hermanos Grimm. Aunque no puedo contarlo de la misma manera que te lo conté a ti XD

    Gracias por leer y comentar 🙂

  3. Saira dice:

    Amm buena versión, yo había escuchado una historia similar, pero esto sucedió en aldeas africanas donde no tienen nada que comer y la mamas hacen sopa de piedra ilusionando y diciéndole a los niños que comerán pronto una sopa rica. y con esa ilucion se quedan dormidos los niños esperando la sopa de piedra… 😦

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