Hasta que dijiste adiós.

diu

 

Hoy soy yo el que tiene tanto que decirte, de esas cosas que se dicen en persona, que se transmiten con sentimiento frente a frente, sean buenas o malas, de esas cosas en las que el color de tus ojos recibe de los míos y se entienden entre miradas. Pero también tengo un torrente de emociones nuevas, de cosas distintas para contar, de eso que muero por compartir sólo contigo, compartirte ese nuevo rayo de sol en mi vida… pero ya no estás más.

Hoy me siento muy cobarde y lleno de miedo, por no tener la capacidad para romper una barrera para decir un ‘hola’. Hoy me duele tu recuerdo y soñar contigo cada noche, porque sé que al despertar no eres más como yo quisiera que seas.

Tanto por compartir y ya no sé si es buena idea, aunque en el fondo sepa que no tiene algo de malo, pero estoy muy sensible a ti, te tengo engarzada en lo más profundo de mi corazón y aunque racionalmente sé todo, en la parte sentimental me niego a dejarte ir…

Las lágrimas me abordan en los lugares menos esperados y en los momentos menos indicados. Sueño contigo situaciones que me hieren más de lo que puedo soportar, y amanezco cada mañana con tu esencia en mis lágrimas. Todo sabe a ti, todo huele a ti, porque aún no dejas de ser mi todo.

Mi cabeza no ayuda en nada, sugiriéndome las peores situaciones que – en teoría – no deberían dañarme ya, pero lo hacen y me parte el alma. Todo es tan confuso, porque no quiero terminar de asimilarlo. No quiero irme, no quiero que te vayas. No quiero dejar de ser, aunque así lo hayas decidido.

Ni siquiera es la duda de saber si tu piel volverá a hablarme, de su nuestros pies volverán a tocarse, de si alguna vez mis brazos podrán volver a rodearte… porque sé que no es así. Todo se reduce a que tu recuerdo me rompe, porque cada día estás conmigo, pero ahora de otra manera que me duele.

No importa con cuanta tranquilidad tomé siempre las cosas, me duelen. No importa qué tan bien trate de comportarme, porque por dentro me deshago poco a poco y nadie puede saberlo. Porque no hay un medio adecuado para decir estas cosas, porque tengo miedo de herirte al decirte TE EXTRAÑO MUCHO Y ME HACES FALTA, pero también me hiere no decírtelo.

La vida es una cosa caprichosa. Un día estás vacío, y al día siguiente hay tanto por decir. Un día estás confundido y al otro las cosas se ven claras. También sucede a la inversa.

Al principio sólo era el silencio. Ese maldito silencio que en algún punto del día llega. Ese silencio que nos susurra al oído todas las cosas que pueden destruirnos, que nos recuerda cuán solos estamos en ese instante, y que grita al oído que ya no estás conmigo. Y es que no es el miedo a la soledad lo que me rompe, sino el miedo a la soledad estando solo sin ti. Sin ti.

Después, fue en la compañía, e incluso entre la multitud. El silencio es cada vez más ruidoso.

Son todas esas canciones que hablan de amor, de sentir, de querer, de recordar. Son todas esas personas en la calle, que van tomadas de la mano, como si ese fuera su estado natural de existir.
Son esos días en que soñaba con luchar por algo mejor, con ser feliz a tu lado, con el fervor de poder verte de nuevo y estar junto a ti, para continuar pensando en el resto de mi vida. Esa «urgencia apremiante para sentir tus besos, esa necesidad inmediata de sentirme a tu lado, tranquilo, sin miedos ni premura, sin presiones de ninguna índole, y todo eso que disfrutábamos».

Pero me he quedado sin palabras, porque no sé cuáles puedo decir y cuáles no. Porque me consume el dolor y la tristeza, porque decidiste partir y no estar más aquí.

Por alguna razón, rompiste el silencio con tu dulce voz de una manera inesperada, y olvidé todo por ese instante, sólo quise gritarte “TE QUIERO” pero dijiste “hablamos más tarde” y reíste para alguien más antes de terminar la comunicación, dejándome en un letargo de imposibilidad, en un instante vulnerable y con tu recuerdo aún más tangible que antes. Qué bello fue escuchar tu voz una vez más, aunque fuera en la distancia de un aparato electrónico, aunque fuera por la aleatoriedad de un evento azaroso.
Y tu voz me siguió todo el día, tu rostro se me mostraba en cada esquina, y tus palabras me decían cosas que tú nunca dirás. Tus ojos se adentraban en los míos y la vida ya no parecía tan mal.

Ya no hay más “te quieros”, ya no hay más tú, ya no hay latidos en mi pecho, y nada está bien.

Porque todo estaba bien… hasta que dijiste adiós.

 

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Un pensamiento en “Hasta que dijiste adiós.

  1. Mili dice:

    Primero quiero indicarte que encontré un error de dedo en esta parte:
    “Ni siquiera es la duda de saber si tu piel volverá a hablarme, de su nuestros pies volverán a tocarse,”

    Respecto al texto me parece que está bien estructurado porque dice varias ideas planteadas con buen orden y amplitud, no suena repetitivo, ni cursi. Por otra parte, refleja un gran duelo, todos alguna o varias veces en la vida vivimos dolorosos duelos, afortunadamente la vida sigue y nos ayuda a superarlos, no con facilidad, pero sí con resignación, expresarlos ayuda mucho. Creo que tu texto puede ayudar a otros, al leerlo, a ver por escrito lo que no pueden expresar con sus propias palabras y así ayudarse a procesar.

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