En alguna noche de insomnio.

 Carta perdida, fechada en Marzo de 2014.

Es una noche más en que Morfeo no se digna a venir por mi, una más de esas desesperantes horas en las que por más vueltas que a la cama doy, no logro conciliar el sueño. Camino, me tumbo en el suelo, me siento en una silla o me recueste en un sillón, no importa, simplemente no logro dormir.

La única diferencia entre esta noche y todas las que me han atormentado durante los últimos meses, es que en ésta estabas tú. Plácidamente dormida y con tu pacífica respiración, enseñándome el camino al cual debía seguirte. Pero no puedo, porque todo eso que me atormenta reaparece cada madrugada y no se va hasta que el sol, burlón, me sonríe y dice «he vuelto otra vez». Veo el amanecer cada día, esperando poder dormir un poco.

Pareciera que es el mismo sol el remedio a mi tormento, porque cuando él se asoma y calienta mi fría alma, es cuando al fin puedo sentirme acunado y cerrar los ojos para recuperar un poco de la energía gastada.

Esta noche es diferente, porque no veo mi ventana, ni el techo o pared de mi habitación. Lo único que puedo ver a breve distancia, es la silueta de la cama en donde el país de los sueños te envuelve plácidamente para no dejarte ir, hasta que el primer rayo de luz ilumine tu bella sonrisa y permita que inicie para ti un lindo día.

Una delgada sábana cubre las delicadas formas de tu cuerpo, esa parte de tu completa belleza que enmiela mis ojos cuando no te cohíbes y me permites mirar un poco. Esa parte de ti que no todos notan, pero que a mi me fascina.

Mientras que en el suelo, yace un suave cobertor, sobre el que estoy tumbado, tratando de aclarar mi mente, de tranquilizarme, de alcanzar algún punto para poder apagar mi mente, mis pensamientos, y por fin acompañarte en el bello mundo común del descanso temporal.

Por lo menos, el sonido que me ha acompañado en las últimas horas es el latido de un corazón en paz, que me recuerda algunos de los motivos que tengo para sonreír en esta vida. 

Y es esa paz lo que no he encontrado, lo que busco cada día, lo que me hace falta…

Guíame hasta ella, muéstrame el camino, porque solo, no puedo.

 

 

 

~ Alfred ~

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