Intensa.

Cada tarde al salir de la escuela te miraba pasar, gustándome tanto con tu cabello rizado sobre las orejas, y esos ojos que cambian de color a capricho de la luz del sol. Caminaba un tramo sobre la avenida a distancia cautelosa para que no pudieses verme mientras platicabas con tu grupo de amigos, haciéndome tonta entre mis amigas, aunque mi rumbo era con destino opuesto.

Todas las tardes avanzaba hasta la esquina del autobús y lo tomaba de vuelta hacia mi casa, para llegar pronto y que mamá no notara que me había desviado. Siempre con la ilusión de poder hablarte un día y ver si devolvías mis saludos.

Ahí estaba, sobre mi cama nuevamente, mirando el techo sin saber qué pensar. Una sonrisa invadía mi cara de lado a lado. Quería dudar y hacer como que no sabía lo que estaba pasando, pero en contra de cualquier pronóstico, esa alegría inesperada me delataba: el amor tocaba mi corazón nuevamente. Me habías mirado al cruzar la calle. Una pequeña mirada cruzada entre nosotros, nada más grande que eso, pero a la vez gigante para mi…

“¿Será lo correcto?” no podía dejar de cuestionarme. Pero al verte, esas dudas se disipaban, tu mirada me daba las respuestas, nacía en mi la necesidad de llamar hogar a tus brazos, de darme cuenta que el tiempo no pasaba a tu lado, tu sonrisa era mejor que cualquier vino;  ¡Dios! ¿qué me pasa? no debe ser así, no debo quererte de esta manera, me puedes herir como antes lo han hecho.

Doy vueltas intranquilamente. Por una parte, la razón dice que no debo dejarme llevar por ti, por tus labios, por tu cabello, por tu sonrisa, por ese par de ojos que brillan aún en la obscuridad… dejarme llevar justo como estoy haciendo en este momento. Y del otro lado, nada desearía más que poder decir que somos uno, que estamos juntos y que nada nos detiene. Que soy el motivo de tu sonrisa y tú de la mía. Que ambos creamos día a día aquello que todos llaman “amor”. Una voz diminuta dice “camina lento, todo a su tiempo, no corras sin saber gatear, aprende del verdadero amor”.

“Amor”, ¿qué es eso? no me interesa saber qué es a lo que la gente llama amor, demos una definición propia a esto que estamos viviendo, no quiero pensar en el futuro que tal vez nunca llegue, ni en el pasado que ya fue, ¡no me interesa!.

Y de interesarme, sería tan distinto a lo que alguien más podría imaginar. Estaría lleno de cosas nuevas, diferentes, cosas bellas que nunca se han pensado, cosas que sólo nosotros podemos crear, hacer y soñar. Porque nosotros somos más grandes que el amor, más grandes que todo. Somos nosotros. ¿Te imaginas! ¡Nosotros!

Contigo quiero seguir descubriendo el mundo, descubriéndote a ti, tu voz me embelesa, ante tu mirada caigo rendida, tu pecho será mi refugio, espero ser para ti siquiera la mitad de lo que tú eres para mi. Tendrías que enamorarte como lo hice yo, para saber cómo se siente este torrente fluyendo por mis venas. Caminar un paso a la vez, sabiendo lo firmes que son mis sentimientos, pero corriendo a tu lado para alcanzar ese maratónico destino.

¡Ah!

El sonido del pequeño gato entrando por la ventana me asusta y me devuelve al mundo real. ¿En qué estoy pensando? ¿por qué tantas cosas pasan por mi cabeza tan rápido?

Tal vez debería empezar con calma, decirle mi nombre, saludarlo en el pasillo.

Aunque, si una mirada suya me hizo entrar en locura de esta manera, no quiero imaginar qué sucedería si…

si… si… ¡sí!

Que sea lo que tenga que ser. Total, ¿qué es lo peor que puede pasar?

 

 

~

 

~ Alfred ~

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