[EMT]En las calderas de Ignis.

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Después de aquella noche, en la misma noche. [Fuego]

Recuerdo # 90022111

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¿Seguís despiertos? Veo que sí. Proseguiré entonces con mi relato pequeñines:

Abrí los ojos y observé mi entorno. Una potente luz me cegó por varios minutos. ¿En dónde estoy?. En realidad no lo se, y ni siquiera tengo conciencia de mi razón. Probé abrir nuevamente los ojos para poder apreciar mi posición.

Todo era rojo… bueno, en realidad no era rojo, sino que tenía matices del mismo. Pude observar naranjas, amarillos, distintas variaciones de la misma tonalidad… pero en general solo había una palabra que podría definir el lugar “Ignis”.  Miré con detalle todo lo que me rodeaba, había fuentes de fuego, calderas gigantes, más y más fuego en distintos estados, líquido, sólido… sí, fuego sólido, fuego líquido.

– Así que has descubierto el nombre del lugar ¿eh?- dijo una voz que me sonó familiar.

Mors geminata parit, sua nulli vis quoque parcit. – respondí

– Conmigo no necesitas presumir tus habilidades hablando la lengua muerta de los humanos – dijo ella.

Mors geminata parit, sua nulli vis quoque parcit. – repetí

– Ahora que si en realidad pretendes asustarme creyendo que no se lo que dices, estás errando más de lo que debes – dijo con serenidad – ¿Qué pretendes diciéndome que la muerte cercana  hace iguales a todos y de su poder nadie se apiada? –

Me sorprendió que aquella voz conociera a la perfección el significado de mis palabras; eso significaba no solamente que dominaba a la perfección el latín, sino también que mi presencia no le asustaba en lo más mínimo.

Decidí entonces dejar de buscar intimidarla, me levanté tratando de recordar el motivo de mi estancia en ese lugar.

Como si adivinara mis pensamientos, la voz se elevó nuevamente y dijo:

– Te encuentras en Ignis. Como sabrás, Ignis en latín significa Fuego. El motivo del nombre del lugar sobra, pero si no eres lo bastante inteligente como para notarlo, nos encontramos en el núcleo de la Tierra. Aquí naciste y aquí te instruiré para que seas el próximo Elemental de Fuego… –

Una serie de preguntas arremolinaron mi cabeza, pero no hizo falta decir una sola palabra, pues ella, de un modo u otro leía mi mente.

– No te precipites, todo a su tiempo. Tendrás que esperar. Cuando tenga yo tiempo de resolver tus dudas, las resolveré, cuando tengo tiempo de prestarte atención, te la prestaré. De momento lo único que debes tener claro es que aquí la atención me la pones tú a mi y no hay más. – sentenció crudamente.

Algo en mí me incitaba a impactarla con toda mi fuerza y salir de ahí. Pero ni siquiera tenía claro que era yo, ni siquiera si ese lugar tenía una salida.

– Cuando sea el momento, saldrás. Nadie te detiene y eres libre. Pero si tienes un poco de inteligencia, deducirás que te conviene quedarte a mi lado para aprender todo lo que debes saber, y entonces… sabrás el momento para irte –

Estas últimas palabras me parecieron una daga en el centro de mi energía, como si un vínculo me atara a esa voz. Algo debía mantenerme ahí.

– No hace falta que te repita mi nombre, seguramente tu memoria aun está procesando toda la información que adquiriste de la vasija Elemental. Notarás que día a día eres conciente de más conocimiento sin la necesidad de estudiarlo. –

– ¿Qué soy? – dije yo.

– Buena pregunta – respondió – de momento eres energía Ignis; energía del Fuego mismo. El día de ayer naciste gracias a mi, intentaste atacarme y fuiste detenido. Leiste de mi mente ciertos aspectos que debías conocer y posteriormente vinculaste tu energía a la vasija Elemental, de la cual obteniste toda la información necesaria sobre tí mismo. Deja de hacer más preguntas, solamente estamos perdiendo el tiempo. -finalizó.

¿Cómo puedo ser energía? Suena ilógico, pero de momento no tengo nada más que creer.

De las sombras, emergió algo. Revisé en la información que flotaba en mi y no pude nombrar lo que veia.

Calculé que debía medir unos 50 metros… aunque ciertamente lo que alcanzaba a distinguir en las alturas, no me permitía asegurar que esa “cosa” no midiera más. Un agradable calor emergía de esa cosa.

Conservando mi amorfa posición, trepé por lo que parecía una pierna de esa “cosa”. Me costó bastante, tomando en cuenta que no tenía una forma definida.

Al llegar a la cúspide, noté que esa “cosa” tenía 2 cuernos gigantéscos y una larga fila de colmillos. Desde algún lugar de su cuerpo emitía energía y he de decirlo: bastante poderosa.

– ¿Miedo? – dijo esa cosa con la voz de antes

– ¿Qué es el miedo?, la vasija Elemental no tenía esa información. – contesté  burlonamente.

Un látigo enorme apareció en una de sus manos (que por cierto también eran enormes). Un hilo de fuego subió hasta la punta del látigo dividiéndolo en 3 puntas incandescentes.

– Defiéndete – gruñó una voz que ya no parecía tan amable.

No tuve tiempo de procesar esas palabras, salí disparado contra el muro. Es curioso, apenas toqué el muro, este desapareció, dando paso a un espacio infinito con suelo solamente. No existía un horizonte, ni un “arriba”.

Sin embargo, alcancé a divisar 2 vasijas y un libro a corta distancia de mi.

Como un fogonazo, recordé lo que parecía ser mi “nacimiento”. Algo estalló dentro de mí, encendiendo una fuerte necesidad de expandirse.

Una circunferencia comenzó a crearse en derredor mío. Dirigí nuevamente la atención al par de vasijas y de algún modo estas flotaron en el aire junto con el libro.

– ¿Qué haces? – preguntó sin mucha curiosidad la voz.

– Aprendiendo, Maestra Istar – respondí.

Atraje las vasijas hacia mí, junto con el libro. Una cuarta parte de mi energía se intrudujo en la primera vasija, mientras que otra cuarta parte hacía lo mismo en la otra. Detuve la mitad restante de mí en inspeccionar el libro.

The LOTR” ponía en la portada. Reconocí el idioma del libro como “inglés” y dispuse una parte más de mi energía en leerlo.

Un siseante zumbido atravesó la “nada” en la que nos encontrábamos, noté que el látigo de 3 puntas tomaba un rumbo: el mio.

Sin pensarlo, adopté la primera forma que vino a mi mente: una libélula.

Las 2 vasijas permanecieron en ese lugar intáctas. Canalicé mis fuerzas en evitar que mis alas se chamuscaran a causa del látigo que se acercaba.

Caí al suelo. Mis alas no respondían.

– No podrás hacer lo que no sabes hacer – dijo mi Maestra.

Me costó un poco entender las palabras de mi Maestra, pero deduje que en realidad no quería atacarme y que solamente estaba iniciándome en algo. Solo que no sabía que era.

Busqué una palabra, por alguna razón sentía que las palabras eran lo único que me vinculaba a mis poderes.

¡Volatus! – pensé.

Mis alas comenzaron a moverse, no creerán lo difícil que es controlar 4 alas a la vez… pero lo logré. Escapé justo antes de ser golpeado por una de las puntas del látigo.

Volé lo más alto que pude. Por un momento, sentí que todo mi ser se incendiaba. La ignición espontánea detuvo mi acenso; descubrí que las vasijas contenían aún más información y que esta había sido ya canalizada por mí.

Toqué suelo y adopté una forma humana. Tomé con mis manos el libro que estaba (de algún modo) leyendo.

Encontré entonces en él, el nombre de la bestia que tenía parada frente de mí.

Me tomé la libertad de leer un pasaje del libro en donde se mencionaba a esa gran bestia, y el modo en que era derrotado. “Eso” era un Balrog, y el libro que tenía en mis manos se titulaba “The Lord Of The Rings”. Lo impresionante era que tenía marcada una fecha de publicación, muchos milenios después del año en el que nos encontrabamos. ¿Qué significaba eso? ¿Acaso era una broma?.

Dejé mis últimos pensamientos para después, y tomé (en un intento alocado) el pasaje donde se mencionaba al Balrog, y repetí el texto del mago que lo derrotaba:

– No puedes pasar – dije – Soy un servidor del Fuego Secreto, que es dueño de la llama de Anor. No puedes pasar. El Fuego Oscuro no te servirá de nada, llama de Udûn. ¡Vuelve a la Sombra! No puedes pasar. –

El Balrog desapareció, dando paso a una mujer.

– Muy divertido, te he dado dos vasijas con el conocimiento suficiente para enfrentarte a mí y aun así, has preferido citar un texto del libro insignificante que dejé como distracción – dijo mi Maestra mientras reía – ¿Crees que eso te salvará en la realidad? –

– Sí. – respondí – Ahora tengo el conocimiento… y también, he leido mi primer libro. ¡Gracias –

Me miró consternada. Creo que no esperaba esa respuesta.

– Los Elementos de la vida son los que nos determinan como persona, y son esos hechos los que nos inspiran – me dijo – no dejes que tus hechos te determinen como una burla de Elemental.

No fue hasta años después que entendí sus palabras.

~ Alfred ~

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[EMT] Ignis Istar.

“Dedicado a las personas que leen pero no comentan.
Dedicado a las personas que a veces no valoramos y son más importantes en nuestra vida de lo que creemos.
Dedicado a las personas que equilibran nuestra vida cuando más necesario es.
Dedicado, a todos.”
Dedicatoria especial a:
-> Diego; “Pollonano”: por acompañarme en un viaje más allá de nuestra historia original.
-> Asiul  & Eritia: Por tener fé en mis escritos aun, e incentivarme a que no olvide la tierra del fuego, por llevar en sus corazones el núcleo de Elementalia.
-> Miriam “Wajira”: Porque es mi luz detrás de las tinieblas incondicionalmente, porque cruzó conmigo el umbral de Aden para conocer un mundo nuevo: el real.
¡Todos a bordo!


~

Justamente: Esta noche…  [Fuego]

Recuerdo # 01027091

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Extraño es pensar que os he contado cosas de mi vida, pero en realidad no les he dicho nada. Extraño es pensar que os he relatado al calor de esta fogata unos pocos hilos sin hilvanar del carrete infinito de un algo. Bien es cierto que mi vida no ha acabado y seguramente no sea el momento de que culmine.

Pero acaso alguien aquí tiene la menor idea de ¿cuándo inició?. Seguramente no. Yo mismo dudo a veces sobre mis orígenes y mi fin. Pero hoy, todos mis recuerdos acuden claros a mi mente, luminosos cual llamarada incandescente.

Soy el Elemental de Fuego, nacido en las mismas forjas de lo que los mortales llaman infierno. Inexistente en realidad, solo una fantasía de las creencias paganas. Sí, esos mismos cuentos que alguna vez los juglares cantaban para entretener a la gente, y que hoy día son pilares de la humanidad misma.

Pocos seres saben la realidad y sobreviven para siquiera tener recuerdo de ello… ya no digamos contarlo.

La evolución de nuestras fuerzas va cambiando el entorno, hasta que nos damos cuenta que en realidad cada segundo ya ha cambiado todo y nada del pasado volverá.

¿Y bien? Hace unos minutos os insité a preguntarme todo… pero nadie se ha atrevido a decir nada. ¡Já! ¿Acaso sois cobardes? O en realidad… ¿no os interesa saber de mi? Sería una idea irreverie, pues de no estar interesados ni siquiera os habríais molestado en seguir mi camino.

Oh, una mano alzada… no… no pequeña, no te molestes se que en realidad preguntarás el significado de la palabra irreverie. Y la verdad es que no significa nada, me ha nacido cual fuego espontáneo.

Pero basta de palabrerías… hoy mis recuerdos están vívidos por cortesía de la gran estrella roja, esa estrella que durante toda la eternidad ha guiado mi corazón, mis instintos y me ha llenado de sabiduría.

Algunos de los otros Elementales siempre le llamaron “Ignis Istar”. Pero para mí siemre ha estado claro que no puedes llamar Ignis a una estrella. Porque ignis es fuego, y ella… es una ella.

Sí… tal como escuchan mis queridos aprendices. Estoy refiriéndome a una estrella como una ente. Y déjenme deciros que en algún tiempo lo fue.

Esta noche, tibia y suave noche, brilla más que nunca y me llama. Me llama a su lado, pero a la vez llora porque sabe que no es mi tiempo. Todavía no he terminado mi legado detrás del suyo.

Quien desee recuperar energías puede irse a dormir. Los que no sientan los susurros del sueño, podeis quedaros a mi lado para escuchar la siguiente historia…

Apenas era yo un crío con no más de 50 años de edad. Para vosotros podría parecer ya toda una vida, pero para nosotros los Elementales no es siquiera el comienzo de una era. Déjenme decirles que nací sin más. No hace falta explicar mucho para deciros que no tengo que explicar nada. Solo nací.

Como Elemental de fuego, provengo del mismísimo núcleo de la Tierra. Ahí donde se caldean los destinos de todos ustedes, ahí donde la palabra frío no existe… ahí donde nacieron las verdaderas lenguas que hoy día ya no se hablan… en el mismo lugar donde se forjan las almas de los volcanes y la energía del Sol.

– Se acerca el inicio de tu fin, Istar – dijo Diëpolnane; el Forjador Estelar.

– Lo sé. – respondió ella con una solemnidad que habría tenido la capacidad de congelar nuestra forja.

– ¿Tienes ya algo en mente? – añadió el forjador.

– Algo más que algo, y no menos que un todo. – sentenció ella.

Os preguntareis quienes son ellos ¿verdad?. Bien, os diré:

Diëpolnane, es uno de los inmortales creadores de vida en el lugar del cual provengo. Algunos lo llaman “herrero” otros lo veneran con el título de “Maestro”. Yo, lo he bautizado con el mote de “Forjador Estelar”. Él le da vida a las estrellas, antes de que lo sean. Él da forma a los deseos y caprichos de los Elementales, él nos dá la vida sin ser igual a nosotros, ni más que nosotros.

Istar… perdón, la señorita Istar. Mi mentora, mi maestra, mi guía eterna. La primera Elemental de Fuego. Notareis que le tengo en un gran concepto y bajo una gran estima, un cariño más allá de lo que sienten los humanos. A eso es lo que yo le llamo “respeto y admiración”. Vosotros los humanos confundís constantemente la admiración con el enamoramiento.

Originalmente, los Elementales no tenemos sentimientos, pues somos fuerzas naturales destinadas al equilibrio de la misma Tierra, de nuestra vida. Pero con el paso de los siglos, tras dominar nuestras habilidades y buscar más allá… habemos los que en vez de buscar más poder, aprendemos de los humanos, aprendemos a sentir, aprendemos empatía… y otras cosas de las que no hablaré.

Regresando a mi explicación: La señorita Istar fue aquella que pensó en mi por primera vez, aquella que dió las indicaciones al Forjador Estelar para mi nacimiento, aquella que virtió su energía Elemental en mi núcleo para permitirme tener un primer aliento. Aquella que vió mis primeros pasos y me enseñó a correr sin saber caminar, a volar sin tener alas… pero a dominar mis pasos para no tropezar y a fijar mi curso para no fallar.

– Señorita Istar, espero instrucciones – dijo el Forjador – no demore demasiado, o el calor destruirá el producto… –

– Resiste Diëpolnane, se bien lo que quiero – contestó ella sin pestañear siquiera.

El Maestro herrero continuó deteniendo con fiereza sus Luaris (similares a lo que vosotros conoceis como lanzas, útiles para retener artículos en fundición sin perder su escencia). El sudor, (antes desconocido para él) escurría por su frente. La señorita Istar se estaba arriesgando mucho con tanto tiempo dentro del horno… ningún experimento anterior había superado más de 5 minutos en la forja principal, y este llevaba más de 30 ya.

– Señorita Istar, le repito que… – dijo entrecortadamente el maestro.

– ¡Te dije que resistieras! – respondió ella con un dejo de molestia en su voz.

– Nnnn… no podrrré más señorittta… esto va a estallar en mi esecencia – dijo dificultosamente.

– ¡Déjamelo a mi! – se quejó ella mientras empujaba al maestro y tomaba ella los Luaris.

– ¡No! ¡Señorita Istar, podría mor…! – gritó el forjador…

Demasiado tarde.

Una vorágine de fuego comenzó a emanar de ese núcleo. Algo más que un tornado se formó y empezó a absorber la energía de todo a su entorno.

La señorita Istar concentró todo su poder en sus manos y transmitió la materia de las Luaris a sí misma. Ahora sus brazos estaban en contacto con el núcleo.

– ¡Ignem Concipere! –
El grito de la señorita Istar resonó en toda la Forja. Un nuevo estallido y un haz de energía impactó el pecho de mi maestra, lanzándola contra una de las calderas.
El forjador estaba inconciente.
Dudé un momento. Tenía conciencia de mi existencia, pero… ¿quién era yo y que hacía ahí?
– No te molestes en hacer preguntas. Lo único que necesitas saber es que yo soy tu Maestra y tu vida está consagrada a mi a partir de este momento.
Serás el aprendiz de la primera y única Elemental de fuego: Istar Arcami Ilonra; para tí: Maestra. – dijo aquella que sostenía contra sí mi vínculo de energía.
Gracias al lazo de energía que me unía a ella, leí por una fracción de segundo su mente. De un instante a otro mi paso se bloqueó, dejándome claro que ella mandaba ahí. Con la poca información que logré obtener de sus pensamientos, adecué mi energía a una forma estable, casi idéntica a la de ella.
-Aprendes rápido, te felicito – me dijo sin moverse un milímetro. – sobre esa mesa encontrarás una vasija. Transfiere tu vínculo de energía a ella y absorbe ese conocimiento. No te servirá más intentar atarme a mí pues no tienes oportunidad de obtener más que la vida misma que te he dado ya. –
Ella tenía tanta fuerza, tanta energía… tanta decisión que no pude dudar de su instrucción e inmediatamente transferí mi vínculo como me ordenó.
En esa vasija, en efecto había conocimiento. Y he de admitir que más del que esperé.
Comparé un poco mis nuevos conocimientos con lo obtenido de su mente, y adopté una forma humanoide. Para mi gusto, era lo más imperfecto entre el repertorio, pero también lo más comodo para algo que se denomina “supervivencia”. Ya tendría tiempo para encontrar algo más adecuado a mi poder.
Apenas hube terminado de adoptar mi nueva forma, mi Maestra se drigió a mi y dijo: Salgamos a conocer el mundo, para que sepas cuales son tus obligaciones.
Y ahí, ahí mis queridos seguidores: Es donde en realidad comienza mi historia.
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~ Alfred ~

Derramarán 2000 litros de Activia en las calles de Santiago para terminar con el tránsito lento

[EMT] Tiempo y Lugar.

*Aviso: A partir de este capítulo, ya no publicaré las historias en letras itálicas (inclinadas). Espero esto haga más grata la lectura de las mismas. Cualquier cosa, no se limiten en criticar, comentar o sugerir (lo que sea).*

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Tiempos actuales, México: Diciembre de 2009.  [Fuego]

Recuerdo # 90022141

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Os contaré un poco sobre mí.

Primero que nada, deben saber que un Elemental no se genera y vive de la nada, un Elemental también debe nacer, crecer y aprender. Aunque somos seres extraordinarios, también tuvimos vida antes de ser lo que hoy somos. Nuestra esencia es una, pero nuestra realidad es otra. Los Elementales también tenemos cuerpo y como tú, este cambia con el paso de los años.

Quizá, con un poco de aprendizaje y “magia” podamos modificar nuestra apariencia, incluso para que nuestro cuerpo aparente juventud, u otras cosas. Pero mientras logramos alcanzar el conocimiento suficiente, mientras aprendemos, mientras crecemos… somos como tú. Vivimos entre las personas, somos personas. Tenemos familia, nos alimentamos, dormimos, corremos, jugamos, leemos, y demás cosas que hacen las personas normales.

No todos los Elementales estan concientes de su estado, hasta que casi ha terminado su ciclo de vida, o hasta que algún evento determinante les hace ver su realidad. Algunos, nacen con conciencia de sí mismos, algunos ya tienen una misión… otros más deciden no entrar en el mundo corpóreo y permanecer como lo que vulgarmente llamamos como “espíritus”.

¿Yo? Yo decidí crecer y aprender con la vida, con la humanidad y con el tiempo. Este, fue mi mayor acierto, y también mi más grande error. El tiempo es un gran aliado, el tiempo nos hace madurar, el tiempo nos da experiencia y sabiduría. Pero… demasiado tiempo se vuelve cansino, demasiado tiempo vuelve predecibles las cosas, y a la vez, demasiado tiempo nos hace arrogantes y soberbios. El creer que sabemos todo nos hace confiarnos y cometer más errores que las personas que estan aprendiendo… afortunadamente, esto… también nos lo enseña el tiempo.

Como ya os platiqué en alguno de mis recuerdos, hay Elementales inmortales, y otros que no. Los que no son inmortales, flotan en el entorno, hasta que encuentran un cuerpo afín a las necesidades de su misión. Permanecen en ese cuerpo hasta que logran llevar a cabo su objetivo, o hasta que la vida misma de ese cuerpo se agota.

En algunos casos, ha habido Elementales que se olvidan de su objetivo y llegan a creer que son la persona, animal o cosa en la que estan residiendo, fracasando como Elementales y haciéndonos perder tiempo. Por otra parte, los hay quienes explotan al máximo los límites de su alojamiento y terminar por agotar anticipadamente la energía, por lo que desaparecen junto con el cuerpo. Independientemente del fin que tengan, estos estan esperando su momento… y en cuanto les es asignada una tarea, entran en donde deben y se encaminan a eso. No necesitan crecer, no necesitan aprender, solo necesitan seguir una ruta llena de limitaciones hasta terminar su encomienda.

Podría usar el término de “reencarnación” para poder explicaros y que entiendan el ciclo de un Elemental. Un Elemental entra a un cuerpo, realiza su tarea (o expira el cuerpo) y este regresa a su estado Etéreo, esperando una nueva asignación.

En ocasiones, algunos Elementales guardan en sus recuerdos ciertas características gratas de los cuerpos en que se han alojado, y algunos Elementales poderosos, osan crear una emulación de ese cuerpo, para poder estar dentro de él nuevamente. Esto a veces crea confusión ya que los Elementales cometen el error de aparecer con ese mismo cuerpo en el espacio y tiempo seguido de la defunción del mismo; para que me entiendas: imagínate que fallece un conocido tuyo y un par de semanas después, lo ves caminando en la calle como si nada hubiera pasado. ¿Extraño verdad? Y lo más divertido de todo… ni siquiera tendría apariencia de lo que comúnmente se conoce como “zombie” o esencia de muerto. No, seguiría siendo un cuerpo normal. Es desconcertante, y un gran error, por eso lo ideal es esperar a que un nuevo cuerpo te sea asignado en otro tiempo.

Aun sabiendo todo esto, es posible que tengas dudas y confusión. Déjame decirte algo: Yo tampoco acabo de entender muchas de estas cosas, aun con mi estado de Elemental. Resulta interesante pasar una eternidad tratando de aprender acerca del mundo, de la vida y a la vez poder comprender tu misma esencia sin caminos claros que te ilustren.

Puede que a estas alturas de la lectura, te cuestiones acerca del tipo de Elemental que soy yo. Bien, no existe forma de definirme… al menos no completamente.

Soy inmortal, existo desde los tiempos del caos y creación. Tengo conciencia de mi existencia, pero no de un objetivo final (si es que acaso lo tengo), durante mi camino se me han presentado infinidad de objetivos, y he cumplido la mayoría satisfactoriamente… pero como he dicho, desconozco si tengo un fin en particular con el cual finalizará mi existencia. No estoy flotando en el aire como “espíritu”, tengo un cuerpo… el cual adopté hace 20 años en un país lleno de riquezas y cultura; el cual desgraciadamente está decayendo.

He tenido muchas otras formas y cuerpos, sí. Y quizá también me encariñé con algunos como con este, pero nunca he conservado una misma residencia más allá de su tiempo natural. Tengo sentimientos, cosa que es muy peligrosa en mi posición de Elemental. Pero en pocas palabras, te diré quien soy:

Soy el Elemental de Fuego.

¿Te gustaría saber algo más sobre mí?

Pues haz tus preguntas, que tengo una eternidad para responderlas…

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~ Alfred ~

[EMT] Intimum Bibliothêca

Tiempos antiguos, edad media. [Fuego]

Recuerdo # 90029050

Dîmicâtiô epicus intimum libri

“Una enorme batalla se estaba desarrollando ahí afuera. En realidad, no me interesa en lo más mínimo, se que tenemos ganado el evento pues el ejército opositor no tiene opción contra mi poder.

Con susurrar un par de palabras, todos ellos pasarían a ser un puñado de cenizas que el viento se llevaría, pero no es divertido. Además si el rey llega a darse cuenta, querría que usase mi poder para salvar vidas… pero en realidad amo la sangre derramada por los campos, la estupidez humana para matarse. Es tan grato ver que chocan espadas, caen cabezas y se pierden almas en este entorno.

Tomo un libro al azar del estante más cercano… sí, estoy dentro de una biblioteca. La biblioteca del palacio, la más grande en todo el mundo, la más completa, y la más inútil. Solo hay literatura barata, nada de los viejos libros que pude acariciar en Praga hace 5,000 años. Nada de magia, no la conocen. Aun así, siguen siendo libros, el mayor tesoro de todas las eras.

Hacerme pasar por un estratega militar, garantizando la victoria del ejército es lo más tonto que he hecho desde que mi memoria me permite recordar. Pensar que ni el soberano, ni nadie de su territorio han sabido nunca nada acerca de mi, de nosotros. ¿Nosotros? cierto, me pregunto ¿dónde estarán los demas? ¿qué fue de ellos?. No lo sé, pero seguro están regados por el mundo esperando nuestro momento.

Curioso que pensando en ellos, comienzo a sentir una extraña presencia, acto seguido se abre la puerta de la biblioteca y un mensajero entra corriendo para gritarme:

– Mi señor, las tropas enemigas están tomando ventaja en el campo… y se rumora que…. –

Puedo notar el miedo en sus ojos, añadido con la interrupción de su frase.

– Vamos muchacho, acaba de hablar, ¿qué se rumora?, ¿dudais de mi estrategia? – pregunté

– No mi señor, lo que pasa es que… – dudó nuevamente

– Venga, dilo ya, déjate de tonterias – contesté algo irritado

– Vale, lo que sucede, es que se dice que una fuerza extraña protege al ejército enemigo, incluso hay quien se aventura a decir que los acompaña…. un… mago – dice dudando el jóven.

¿Un mago? Eso no existe. Lo más cercano son los controladores de energía… y para desgracia los de esta era son tan mediocres que podrían ser consumidos por sus propios intentos de nada.

El jóven se retira, y decido observar los planos de energía para poder descubrir de qué se trata este rumor. Apenas hago contacto con el siguiente plano, tropiezo y caigo sobre mi espalda. En realidad hay algo ahí y lo peor es que es poderoso, pero sobre todo eso, reconozco esa energía.

Tiene que ser una broma, es imposible que no lo viera antes. Cambio de intereses, el combate tiene que acabar ahora o quizá estemos en peligro, sobretodo si se acerca.

Concentro mi energía en un solo punto, las barreras enemigas y las filas que avanzan hacia nosotros. Un muro de fuego se genera espontáneamente frente a sus rostros, lo que impide que sigan avanzando. Todos estan desconcertados, tanto el ejército enemigo, como el nuestro. Nadie sabe de donde pudo haber salido ese muro, y comienzan a correr despavoridos.

– No temais al fuego, que es vuestro aliado – susurro para mí mismo.

En ese momento, la puerta de la biblioteca vuelve a abrirse, pero en esta ocasión no es ningún vasallo, se trata de otra persona que no reconozco, pero que lleva consigo la energía enigmática, lleva consigo un estuche que coloca en la puerta. Nuestras miradas se cruzan un instante, y sin decir palabra sabemos lo que seguirá.

Una ráfaga de aire me golpea en la cara, mientras que una serie de barricadas de fuego protegen a los libros, no dejaré que les pase nada. Dos remolinos giran en pos de mí, pero logro esquivarlos, al parecer no habrá charla introductoria, este chico sabe a lo que viene.

Pues bien, entonces vamos a jugar. Comienzo a reunir energía, al parecer sobra bastante al rededor de la biblioteca, creo un pozo de reserva para poder defenderme de cualquier ataque sorpresa… creo que estoy listo. Creo una pequeña cadena de fuego, que lanzo hacia mi contrincante, pretendiendo que crea que intento atacarlo.

Cae en la trampa, e intenta esquivar el golpe, pero en ese momento, su pierna izquierda queda enganchada en la cadena, imposibilitando su movimiento.

– ¿Crees que eso funciona conmigo? – me dice, al instante que uno de los dos remolinos disuelve mi cadena sin ningún problema.

Emulando mi ataque, una cadena de viento intenta prensarme, pero lo único que logra es alimentar las llamas que estan emanando de mi cuerpo, volviéndolas más potentes.

– Clases básicas de elementos, el fuego necesita oxígeno y combustible para alimentarse, ¿no te lo enseñaron nunca? – le dije a mi contrincante, quien no esperaba un comentario de ese tipo y su rostro mostró confusión. -Sígue lanzándome ráfagas de aire y lo único que lograrás es que el edificio completo se incendie contigo dentro –

Se detuvo en seco, y los remolinos desaparecieron, se plantó enfrente de mí y sonrió. Creí que caballerosamente iba a despedirse y dejarme seguir leyendo, pero me equivoqué, acto seguido sacó una fina espada del estuche que estaba recargado en la puerta.

Adopta una posición de combate, y embiste en dirección mia. No tengo ánimo de pelear, así que me quedo quieto esperando el golpe. En efecto, el golpe llega y atraviesa mi pecho, pero sin causar ningun daño. El individuo se queda parado con la espada empuñada atravesando mi pecho. Pero yo estoy sereno, esperando el momento para reirme en su cara. No se si está esperando que escurra sangre por mi túnica, a que caiga muerto o que, pero algo está esperando… pues bien le daremos algo que lo tenga con la boca abierta.

Mi cuerpo se enciende en llamas totalmente, derritiendo su espada y quemando su brazo, él tiene que echarse para atrás y observar como no existe herida, llegó el momento de hacerme el gracioso. La figura de mi cuerpo termina de incinerarse, dando paso a un pequeño montón de cenizas. La satisfacción puede leerse en su rostro, da media vuelta con un aire triunfal… pero solo para recibir un corte transversal de una fina hoja afilada incandescente.

Dividido en dos partes, cae sin energías el bulto de carne que fuese algo hace un minuto. Aun así, estoy seguro de que no ha muerto, pero no es asunto mío y salgo de ahí. Observo tras el gran vitral de la sala siguiente que la batalla ha terminado, los caballeros de nuestro ejército regresan con aire triunfal y calmados, algunos con quemaduras provocadas por lo que llaman “un fuego divino”.

Como se nota que no tienen la menor idea de lo que sucede a su alrededor…”

~ Alfred ~

[EMT] La Mano De Un Dios

Tiempo presente, era de la reencarnación. [Fuego]

Recuerdo #90029040


“Delante de mi iba caminando una jovencita no mayor a 16 años. En sentido contrario, venía un grupo de 10 o 12 jóvenes, entre 16 y 19 años, todos con vestimenta similar, drogándose y gritando. Uno de ellos se acercó a la chica y la acorraló contra la pared. La mirada suplicante de la chica hizo contacto con la mia, en ese momento perdí la noción de cualquier cosa alrededor mio. El grupo de jóvenes cerró filas, impidiendo que la chica saliera de ahí. Me acerqué como quien no quiere la cosa y disimuladamente me colé entre el grupo, alcanzando a escuchar las vulgares palabras del primer cabrón…
– Mami, que rico, ¿cómo te llamas? – escupió el maldito. Los ojos de la chica comenzaron a tornarse cristalinos y llorosos, supe que había llegado el momento.
– ¿Qué te pasa barbaján? – dije burlonamente.
Acto seguido, volteó a mirarme, junto con la bola de perros que le seguían. Todos me observaron retadoramente. 12 a 1, bonito festín tenian enfrente, podrían saciar su hambre de problemas.
– Déjenla en paz, cobardes – espeté
– ¿quién te crees marica? ¿quién eres tú para hablarme así? yo hago lo que quiero – dijo de nuevo él
Reí socarronamente, mientras acumulaba energía en mi mano.
– Te va a cargar la chingada puto, te vamos a partir la madre – dijo otro de ellos
– ¿Estas seguro? – dije adoptando una actitud soberbia y retadora
– A huevo, ya estas muerto por cabroncito – respondió el fachoso drogadícto
– Dudo que entre todos ustedes puedan hacerme algo – dije
La chica no sabía que hacer, seguía en medio de todos, conmigo como escudo humano, pero mi actitud no le decía nada, incluso creo que estaba más atemorizada que al principio.
– Me meo en tí, y nosotros juntos te vamos a joder – dijo el primero
Mis ojos se tornaron rojos en ese instante, un calor emanó de mi cuerpo y todo se volvió rojo.
– Nunca retes a un dios, ni dudes de su mano – dije, mientras un espiral de fuego se formaba en el cielo.
– ¿Cuál dios? – dijo riendo mi adversario
– Yo – respondí mientras me incendiaba

El espiral de fuego que se formaba en el cielo estalló, provocando una lluvia de flamas al rededor de la zona. Las personas comenzaron a gritar y a correr desesperadas, pero nadie podía salir del anillo de fuego formado en derredor.
El grupo de cobardes se atemorizó, pero aun así arremetieron contra mi. Apenas uno intentó tocarme, se quemó la mano
– Error, mal hecho – burleme de él, mientras una bola de fuego aparecía en la palma de mi mano.


Golpee de lleno en la cara a uno de ellos, mientras un par intentaba alcanzarme. Dí un salto, dejando un rastro de fuego detrás de mi el cual incineró a varios de ellos.
Lanzé golpes a cuantos se me pararon enfrente, mientras una cálida pared protegía a la chica y a las demás personas de lo que estaba sucediendo en el gran vórtex de fuego que se cernía bajo la noche
Tras una danza mortal, dejé que 3 de ellos escaparan corriendo, como cobardes chillando por ayuda. El cielo volvió a su habitual color obscuro y la noche volvió a ser la protagonista. La energía desapareció y volví a ser yo. La chica estaba asustada, sin saber que decir. Todos me miraban, presas del pánico por lo que acababan de ver, hasta que me limité a seguir caminando y decir:
– Si les molestan de nuevo, avísenme para darles una “calentadita” –

Dí media vuelta y proseguí mi camino; comenzó entonces a llover, mi fuego interno se apagó mientras caminaba a casa…”

~ Alfred ~