[PPE]El lugar en donde crecen las rosas. 16/16

[El lugar en donde crecen las rosas.]

Ella sabía que aún quedaban oportunidades para salvar a Zhegel de los planes de “el Zodiaco”. Si tan sólo lograba entrar al corazón de aquel hombre renovado, si lograba atraerlo hacia sí misma y convencerlo de que el bien era el camino ideal… todo era posible, más ahora que Aeghel estaba de nuevo en el alma de Zhegel, eso facilitaba las cosas.

Con su forma de mujer humana, meditó cuidadosamente lo que debía hacer, cada paso, cada movimiento y cada decisión que pudiese tomarse debía ser pensada mil veces. No había muchas alternativas, debía utilizar el punto débil de todos los hombres mortales: entrar por los ojos, llegar al corazón y dominar la mente. Sin embargo, para lograrlo, debía correr un gran riesgo. Tal como había dicho el Zodiaco, el control de los seres está vinculado al nombre real que tengan. Ella nunca había revelado su nombre a nadie, no estaba dispuesta a que alguien la invocara. Pero esta ocasión, era diferente, debía revelar su nombre para llegar hasta los más profundos pensamientos de quien quería proteger.

Antes de emprender su camino, un pensamiento acudió a su mente: “Es horrible no entender. Y lo peor es cuando no te dan pista de nada, es como pisar el vacío y despertar de un sobresalto”.

¿Sabes tú dónde crecen las rosas?, ¿Sabes acaso qué tan bellas son?

Zhegel caminó sobre el borde del río. La unión con su complemento Aeghel lo hacía sentir lleno de energía y vitalidad. Había olvidado cuán dichoso era al estar completo.

Se detuvo un instante y observó que una generosa cantidad de rosas crecía cerca de ahí. Caminó lentamente, observando su deslumbrante y soberbia belleza.

¿Sabré yo lo que es el amor?, yo, aquel que durante tanto tiempo ha buscado la destrucción y ha sentido los peores encuentros de ira, rencor y repulsión… ¿acaso seré capaz de amar?

Vi lo que iba a suceder, no pude hacer más que echarme a reír. Tal como había planeado, ella estaba a punto de exponerse con tal de salvar a Zhegel. ¿Cómo es posible que no fuese capaz de ver que el corazón de Zhegel me pertenecía ya? Era cuestión de días para que se expusiera y yo terminara con su miserable existencia.

Desde el primer día que la vi, supe que era única. Mientras la miraba a los ojos me sonrió, sus labios eran del color de las rosas que crecían en el río abajo, del mismo color de la sangre y con la misma esencia salvaje y apetitosa.

Cuando él llamó a mi puerta lo vi en realidad. Lo dejé entrar a la habitación y me di cuenta que esto sería más difícil: me enamoré de él. Un temblor recorrió mi cuerpo y un primer acercamiento se llevó a cabo. La pasión me invadió y sentí la necesidad de dejar atrás todo aquello por lo que había luchado, tantos siglos cuidando a la humanidad, todo por él. Desee ser mortal, anhelé estar por siempre a su lado.

Un par de lágrimas bajaron por mis mejillas mientras pensaba esto. Él, con su mano, cuidadosamente limpió la pureza que escurría por mi rostro.

En el segundo día que la vi, le llevé una flor. La miró y decidió ponerla sobre su cabello. ¡Ella era la más bella mujer que jamás había visto!

Le pregunté “¿Sabes dónde crecen estas rosas silvestres tan dulces y libres, teñidas de escarlata?

Para nuestro segundo encuentro, él vino con una sola rosa roja. Nuevamente un par de lágrimas escaparon de mis ojos. Me preguntó si estaba dispuesta a compartir mis penas y tristezas a su lado. Asentí con la cabeza, mientras yacía en mi cama.

“Si te muestro el lugar donde crecen las rosas, ¿me seguirás?” preguntó él.

– Hasta el fin de los tiempos – dije yo.

– ¿Estás segura? – preguntó

-Tan segura, como que me llamo Elisa.-

¡Lo tenía! ¡Por fin lo tenía! Fue más sencillo de lo que pensé, llevó mucho menos tiempo del que creí. Ahí estaba su nombre, y estaba yo seguro de que no mentía. ¡Ah! Qué sencillo era obtener las cosas con un poco de tiempo y bajo las debilidades humanas. Ahora mi trabajo se limitaba a erigir un muro de hechizos, retirar la inmortalidad de su cuerpo y asestarle un simple y ridículo golpe para verla desfallecer.

Al tercer día, me llevó al río, me mostró las rosas y nos besamos. Hubo un instante en que sentí que algo cambió en mi, pero no le presté atención. La sensación del amor me inundaba y no dejé que algo más me distrajera.

Lo último que escuché, fue un ruido sordo en mi cabeza, mientras veía que él golpeaba mi frente con una piedra que tenía en su puño.

El último día, la llevé a donde crecen las rosas silvestres. Le regalé una y la colocó a su lado en un tocón donde se sentó. La luz iluminaba cada hermoso pétalo, tan hermoso como el rostro de Elisa.

Algo cambió en el ambiente y perdí el control sobre mi. Pude sentir que le di un beso de despedida, mientras le decía “Toda la belleza debe morir”. Alcancé a ver a mi puño tomar una roca, cerrarse sobre esta y golpear su frente. Después, abrí un agujero en la tierra, la aventé y planté la rosa entre sus dientes.

Ahí estaba, ¡todo había sido tan sencillo!

En cuanto sentí que el control regresaba a mi cuerpo, profesé una maldición terrible. Sentí correr una energía desconocida a través de todo mi cuerpo. ¿Qué era todo esto?

Por un momento sentí miedo, el poder de Zhegel se estaba incrementando de una manera desmesurada, ¿por qué?, ¿qué estaba sucediendo?

Fuimos presa de una trampa, pero no te preocupes, amado mío. Previne cualquier evento y dejé todo lo necesario para que no fueses víctima de las garras de El Zodiaco. Ahora mi energía te protege. Eres capaz de hacer todo cuanto quieras.

¿Qué acaba de pasar?, ¿quién es el Zodiaco?, ¿dónde estás? ¡Quiero estar contigo!

Lo que aconteció a continuación, no estaba en mis planes. Observé nuevamente como Zhegel y Aeghel se separaban en 2. ¡Eso no debía suceder! Me materialicé a su lado y traté de evitar a toda costa el evento.

Gran error. En cuanto se separaron, una gran energía proveniente del cuerpo de Aeghel me impactó de lleno. Fue mi último segundo en pie.

Hay algo que el Zodiaco nunca entendió, algo que faltó en su formación. La capacidad para permanecer existiendo aún después de la muerte de nuestro cuerpo. Un gran error común en cualquier aprendiz de cualquier rama. Creen que lo saben todo, y en realidad son más ignorantes que aquel que no sabe nada, cegados por la soberbia.

Voy a explicarles lo que sucedió:

El Zodiaco pretendía matarme, quitarme de su camino para hacer de la Tierra su campo de juego. Para eso, utilizó a Zhegel. Pero mis protecciones sobre él, permitieron que únicamente afectase mi cuerpo material y no mi alma.

Después, trató de eliminar físicamente a Zhegel, pero aprovechando la división anterior, volví a separarlos, dándole a Aeghel la oportunidad de destruir al Zodiaco con toda mi energía restante. Un sacrificio que valió la pena…

…o eso creí, pero también cometí un gran error.

Al separar a Aeghel y sacrificarlo para eliminar al Zodiaco, también eliminé cualquier rastro de bondad en Zhegel, pero con todos los poderes que el Zodiaco había cedido para él y el rastro de la protección que yo le había dado.

Mi pérdida le había provocado un gran odio hacia el Zodiaco, pero estando ausente él, ahora descargaría todo contra inocentes.

Nadie es perfecto, ni siquiera los mismos dioses.

Que el cielo nos ampare, se acerca lo peor. Únicamente sobrevivirán aquellos que hubiesen leído los textos antiguos,  la poesía para los envenenados.

~~~~~

Fin.

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“As I kissed her goodbye, I said, “All beauty must die”.”

 

 

† Alfred †

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[PPE]Actriz dramática. 15/16

[Actriz dramática.]

 

Pareciera que durante la historia del tiempo, se han suscitado las más extrañas batallas a través del universo. Cada sector tiene sus propias ideas, sus propias metas y sus propios errores. Nunca entenderé la razón de querer establecer ideales distintos, cuando cada ente puede regir su vida sobre sí mismo sin meterse en líos con sus similares. Pero aún así, yo tengo mis propias ambiciones, mis propios métodos, ideas, proyectos, y también logros.

Siempre fui alguien diferente, alguien que quería ir más allá de los demás, pero a nadie le importó jamás. Me di cuenta que no era un caso único, muchos como yo en todo el mundo sufrían lo mismo. ¿Para qué conformarme y querer sobresalir de algún modo? Dejé que la vida transcurriera como debía y me dediqué únicamente a lo mío: la lectura, la absorción del conocimiento.

En algún punto, descubrí que las diferencias con los demás, iban más allá de sólo ideales y deseos. El tiempo parecía no tener el mismo efecto sobre mí que sobre el resto. Para cuando los que suponía tenían la misma edad que yo estaban en etapas maduras, yo seguía pareciendo un infante de preescolar. ¿Qué ocurría? Nadie tenía una explicación. Otra de las diferencias que descubrí, fue la autosuficiencia que había en mí desde que la razón formaba parte en mi cabeza. Nunca tuve padres, nunca tuve que vivir en algún lugar, siempre pude hallar energía y alimento en donde estuviese. Tenía un talento nato para la cacería, para la interpretación de las estrellas y la ubicación terrenal, inclusive, me atrevía a pensar que podía ver más allá de un plano normal de personas.

Nunca olvidaré el día en que ella apareció.

Me encontraba vagando por las calles, buscando una ocasión para hurtar el periódico de alguien más. Una fuerte tormenta comenzó espontáneamente, me refugié debajo de una farola doblada. Todos corrían a sus hogares, todos excepto una mujer que caminaba a lo lejos. Parecía no llevar prisa o tener rumbo, incluso creí en ese momento percibir que la lluvia no la tocaba, como si ella no estuviese ahí.

Pero sí estaba, y a cada instante se acercaba más y más. Durante mi visión de esa mujer caminante, una hoja del diario del día voló y rozó mi cabeza: la agarré al vuelo. Se trataba de la sección de charlatanerías y predicciones, o como dicen por ahí “los horóscopos”.

Leí el encabezado “Según tu signo, el zodiaco tiene algo preparado para ti”. Pensé en lo idiotas que pueden llegar a ser las personas al creer que su día puede verse influenciado por las palabras de alguien más diciéndole cualquier barrabasada.

Levanté la mirada del papel y me asusté. Ahí estaba ella, parada justo enfrente de mí.

– ¿Cuál es tu nombre? – me preguntó. Debido al temor que sentí, mi respuesta fue lo primero que vino a mí mente –Zodiaco- le dije – y tengo algo preparado para ti-. Hice pelota la hoja del periódico y la aventé a su rostro, mientras corría lo más rápido posible para escapar de ella. Por alguna razón, me inspiraba un miedo impresionante. En vano fue mi larga carrera, pues cuando me detuve a reponer un poco del aire perdido, ella continuaba a mi lado… como si nunca hubiese corrido yo.

– No tienes por qué huir. Te he elegido para cuidar el mundo a mi lado, tienes dotes excepcionales que aún no conoces. –

Y así comenzó todo.

Nunca supe qué era ella en realidad, alguna vez creí que era una maga, pues podía manejar cualquier cosa con un movimiento de dedos, o con pronunciar unas palabras. Llegué a creer también, que se trataba de un ángel, pues en más de una ocasión la vi volar y darle vida a lo inmóvil. Lo único que tuve claro, es que yo era su discípulo y que ella tenía una impresionante cantidad de información que yo deseaba absorber.

Durante muchos años, mi aprendizaje fue incrementando, más y más cada día. Llegó un momento en que tenía tantas cosas en la mente, que decidí convertirlas en poder, pero eso a ella no le gustó. Escondí mis deseos y traté de canalizarlos a mis ambiciones, pero siempre ocultándoselo a mi maestra.

Con los avances, llegué a creer que en algún momento, ella dejaría de ser mi maestra y se convertiría en mi mayor obstáculo. Decidí entonces, buscar un alma a la cual corromper, para utilizarla de distractor. Fue cuando conocí a Zhegel.

Él era un joven de mente débil, con muchas dudas y confusión. Pero también era alguien fuerte, con mucha ambición en su mente.

Durante un par de años, lo observé y comprendí su forma de ser. Cabe mencionar que continué con mis estudios al lado de ella. Siempre aprendiendo y mejorando, no había nada que me detuviese, y para ser sincero: nada podía detenerme en realidad.

Hubo días en que sentía que mi maestra sospechaba de mis planes para borrarla del mapa y hacer del mundo mi juguete. Pero mi cautela fue suficiente para mantenerla al margen hasta el momento que no hubo otra opción.

Ella intentó proteger a mi víctima, apareciéndose en un lugar que él frecuentaba, cantando canciones de protección que en realidad eran poderosos artilugios que creaban un campo que lo protegía contra mis planes. Decidí intervenir, aunque con eso mi instrucción se viera terminada; ya habría tiempo para ser autodidacta.

Formé ideas en la mente de Zhegel, lo hice tener pensamientos que nunca había tenido, casi logro que se abalanzase sobre mi tutora, pero no lo conseguí. Decidí transmutarme en un íncubo y atacarla. El pobre muchacho corrió como perro con la cola entre las patas.

Tras ese evento, tuve una fuerte discusión con ella y de cierta forma nos declaramos la guerra, pero no me preocupé: mi poder era suficiente como para derrotarla, aunque primero debía hacer otras cosas, como amaestrar a mi títere nuevo.

Lo sobrecargué de energía y transferí un poco de mis poderes a él. Lo que logré fue impresionante, la división de una persona en dos, separadas por pensamientos y sentimientos, casi como la división perfecta entre el bien y el mal. La parte que más me gustó, fue la que quedó como Zhegel. El otro, Aeghel, me recordaba tanto a ella que decidí no prestarle atención: gran error, en el futuro me causaría problemas.

Desafortunadamente, un poco de la protección permanecía en Zhegel y lo obligaba a buscar a Aeghel para unirse de nuevo. Por su parte, el segundo recorrió el mundo buscando “paz y prosperidad” ¡vaya ridiculez! En un par de ocasiones se encontró con quien fuese mi maestra y ella se encargó de reforzar sus pensamientos. Decidí que era suficiente intervención en mis planes y la confronté.

– Insisto, este esquema celestial hiede a destrucción. – dijo ella.

– A mi me parece que huele a lavanda. – respondí entre las sombras.

Noté que no me esperaba, que ni siquiera había sentido mi presencia. Buen presagio, dicen que el alumno debe superar al maestro.

– ¿Qué estás haciendo aquí? –

– El día en que la conocí, Maestra, leía el diario. Nunca olvidaré la única línea que pude distinguir antes de que usted estuviera enfrente de mi. Esa línea, es la que marcó mi destino y la que todos los mortales deberían tener presente. – dije arrogantemente.

– ¿De qué hablas? –

– De que “El Zodiaco tiene algo preparado para ti” –

– No entiendo. – argumentó ella. Me sorprendía que en verdad no estuviese entendiendo. Era muy sencillo.

– Siempre supe que los hechiceros utilizaban el nombre de los genios y los djinns para controlarlos. Aquel que revela su nombre real a otro ser, cede totalmente el control de sus capacidades. Por eso hice llamarme Zodiaco. Estoy seguro que sabías que no era mi nombre, pero nunca te tomaste la libertad de investigar el real. Eres demasiado confiada y eso va a ser tu declive. –

– Pequeño niño, tu ambición de poder va a ser tu caída, caerás antes de lo que crees. – respondió ella.

– No me importa caer, ya he visto cuanto he querido, ya he jugado cuanto la gana me ha dado. Mi único objetivo ahora es destruirte de una forma u otra. –

– ¿No te parece absurdo? Teniendo la posibilidad de ser más poderoso, de aprender más y de cuidar por la humanidad, tu único objetivo aparente es destruir a quien te rescató e instruyó… no tiene sentido –

– ¿Y? – sentencié.

Mientras nosotros hablábamos, Zhegel y Aeghel debatían uno frente al otro. La persecución del primero tras el segundo había rendido frutos por fin y estaban juntos. Cada uno defendía su punto de vista, permanecer separados o volver a unirse, ser buenos o ser malos. Aunque todo inclinaba la balanza a las justas razones de Aeghel, yo sabía que al final se iba a sacrificar por Zhegel y serían uno mismo. Es algo tan aburrido que no conviene contarlo al lector.

Ella me miraba dubitativa, no sé si intentaba adivinar mis planes, o su incierto (para ella) futuro. Dejé que se sugestionara y especulara sobre lo que seguía, pero en el fondo sabía que no sería yo quien le daría muerte. Sólo iba a encargarme de volverla mortal.

– ¿Qué estás buscando?, ¿por qué no dejas en paz a esos pobres mortales? – preguntó.

– El único mortal de ellos, es Aeghel, porque nunca lo protegiste. Por otra parte, mi discípulo Zhegel tiene muchas cosas que seguramente no has notado, es capaz de matar con su puño y almacenar extrayendo la energía de los seres vivos. También es inmortal, con la capacidad de eliminar a sus equivalentes en fuerza o seres inferiores, por ejemplo: tú. –

– ¡Yo nunca seré un ser inferior a Zhegel! – gritó ella enfadada.

– Mírate, por más buena que seas, un dejo de soberbia flota en tu sangre. – dije mientras reía.

– Sabes que no es soberbia, es sólo que los mortales no pueden combatir seres como nosotros. –

– Mírate, sólo eres una actriz dramática, tan tonta. Pensar que te idolatré, que te admiré y que creí que eras la más poderosa de todos. Pero eres tan confiada que ni siquiera fuiste capaz de ver lo que sucedía en tus narices, de ver cómo convertí a un simple mortal en un Dios como nosotros. –

– ¡No somos dioses, no juegues con esas ideas! –

– Lo somos – asentí – pero si te quedan dudas, puedes tú misma conocer a Zhegel y Aeghel. Inclusive, podrás notar que en un par de minutos esos dos van a unirse de nuevo, con más poder del que jamás tendrás tú. Ve, confróntalo, engáñalo como sólo tú podrías, aprovechando tu única ventaja: ser mujer. Sedúcelo, enamóralo, encárgate de que no distribuya todo el mal que hay en su corazón. Te reto. Y si sales viva del encuentro, entonces dejaré mi empresa. –

– ¿Qué hay si pierdo? – preguntó ella.

– Perderás la vida seguramente – respondí – pero por mi parte, poseeré el cuerpo de Zhegel en su totalidad y me encargaré de hacer un infierno en la Tierra, es más: la rebautizaré como “Pandemonium”.

– No estoy de acuerdo. – dijo

– No me interesa. – dije y desaparecí de ahí.

De inmediato, ella se levantó, adoptó la figura de la mujer más hermosa jamás vista y salió corriendo de ahí al encuentro de Zhegel, que para entonces había ya convencido a Aeghel (a base de chantajes sobre volver a ser bueno) que debían unirse y gobernar al mundo.

Todo marchaba de acuerdo a mis planes.

 

 

† Alfred †

[PPE]Erase una vez. 14/16

[Erase una vez.]

Estoy despreciando este esquema celestial, tiene un hedor a destrucción.

Yo soy la segadora de los sueños hermosos, pero ellos no lo saben, están al borde del sacrilegio. Puedo sentirlo, presionan sobre mí. Combaten internamente, pero yo he estado ahí en todas las ocasiones. Desde que uno de ellos notó que me acercaba, oliendo su miedo al huir uno del otro.

No quise intervenir, no debía hacerlo. Puedo hacer lo que yo quiera, los dioses mismos se inclinan ante mí.

¿Habrá sido Aeghel quien quería verme?, ¿o quizá fue Zhegel?, no estoy segura… pero quería verme a cada momento, a cada instante. Por alguna soberbia y tonta idea, quiso culparme de sus problemas. Pero no fui yo quien los dividió, fueron ellos mismos ¡y no sé cómo sucedió, maldita sea!

Por descuido mío, en una ocasión uno de ellos, siendo ambos, me vio, cantaba yo tranquilamente durante las noches. Para mi desgracia, no fue su descubrimiento lo que me afectó, fue la intervención del mismísimo Zodiaco (transmutado en un íncubo) lo que causó problemas. ¿Qué demonios estaba haciendo el Zodiaco ahí?, ¿por qué me atacaba? nuestras cuentas estaban arregladas, ya no debía causarme más problemas… pero lo hizo. Fue una batalla dura, de la que resulté triunfante. Pero él es rencoroso, sé que volverá.

 

Años después, Aeghel, se cruzó en mi camino. Por precaución utilicé un nombre falso, aunque no me reconoció. Deduje que tras la separación de Zhegel había perdido la noción de muchas cosas. Se veía mal y decidí ayudarlo, para así advertirle al Zodiaco que no estaba satisfecha con su intervención anterior. Una vez que supe que él estaba enterado, fingí morir y me desplacé a otro lugar.

Cierro los ojos y veo renacer, corrigiendo los errores, no me quedaré de pie en la línea a esperar a que Dios brille sobre mí. Espero la tormenta, como cualquiera espera el día siguiente.

Aún a lo lejos, puedo escucharlos hablar, pelean con palabras por sus causas individuales.

 

“Yo soy tú y sé que me has oído. Tú y yo somos los últimos en el fin del mundo, los únicos que podrán hablar y correr, no tendremos que escondernos.

Sabes bien que la raza humana asfixia al mundo, aunque vengamos de ella, somos más, mucho más que eso, mucho más que sólo humanos.”

Sus palabras me dejan sin aliento, me hacen pensar “erase una vez”, cuando era más sencillo moverse a lo largo del tiempo, a través de las cenizas en un sueño, moverse a lo largo del todo.

Y me veo de nuevo, otra vez. Buscando la paz en una guerra que no existe, encontrando mis armas para enfrentar al Zodiaco. Porque fui yo la que lo instruyó, la que le enseñó la canción de la sombras. Juré sobre el libro sagrado, juré verdad y así transmití la misma. “Toda la verdad y sólo la verdad.” Pero él, buscaba algo más. Su astucia era tal, que hasta mucho tiempo después descubrí que no conocía su nombre real. ¿Cómo defenderme de él entonces?

Sólo espero que la mente de Aeghel y Zhegel sea más fuerte que mi magia, de lo contrario, este mundo está perdido.

Insisto, este esquema celestial hiede a destrucción.

 


† Alfred †

[PPE]Disección. 13/16

[Disección.]

La pregunta es: ¿Lo sabes tú?

Desde este punto, veo la vida lentamente, todo con mis ojos. A mayor profundidad, mientras más atrás, la tormenta me revela una pista oculta. A través de todo, veo salir al Sol.

Bajo el peso de un lago, como un niño sin miedo cuando su madre le da un cálido abrazo fabricado en un refugio. Como aquel que diseña el laberinto y conoce de memoria cada trampa y rincón del mismo, sin temor a quedar atrapado en las garras de los setos.

Aquellos fueron los momentos, pero estos son mis días.

Durante todo el tiempo que estuviste detrás de mí, buscándome, acechando, preparé lo necesario para mi partida, para lo inminente. Sabía que este día iba a llegar, que tú ibas a aparecer dispuesto a todo. Sé que podríamos desatar una batalla interminable, una lucha de poder que no tiene sentido pues estamos en idénticas condiciones, el equilibrio es sólo un ejemplo de lo que tú y yo representamos.

No me rindo, pues no existe situación que signifique rendición. Será tu decisión vivir en paz, o tomar mis entrañas. Diseccióname, cual animal en busca de algo que jamás encontrarás. Sabes que me necesitas, pero desconoces la forma en que te soy indispensable.

Haz lo que debas, y que sea lo que deba ser.


† Alfred †

[PPE]Todo ha terminado. 12/16

[Todo ha terminado.]


Yo soy el agujero en tu corazón roto, la razón por la que todo te falta aunque no lo sepas.

Soy el motivo por el que todos se alejan.

¿Y si todo ha terminado?, ¿Qué pasa si llegó el fin?

Pero en verdad no lo sabes, ¿o sólo aparentas?

Pronto lo aclararemos.


† Alfred †

[PPE]Hasta luego. 11/16

[Hasta luego.]

Recuerdo cada instante desde que dejé a Zhegel atrás, cada palabra, cada pensamiento, cada vivencia. Lo primero que pensé, fue “Un minuto más, hasta que la luz del día se acueste”, pero no pude soportar un minuto, ni siquiera un segundo… tenía que irme de ahí.

De haber permanecido, habría estallado un sangriento encuentro, la visión de un sueño para el último de nuestros días bajo el sol.

En la luz blanca estoy tranquilo, pero curiosamente frío.

Silencio y sueño despierto. Sé que él siente un profundo dolor después de m partida.

“Señor, ten piedad de mi alma.”

En tanto su dolor se ha ido, Zhegel ha comenzado a mostrar a los demás la forma en cómo siente al estar vivo, lleno de actitudes negativas, de miedo, de hostilidad, de dolor.

Tanto tiempo pasará… vamos a encontrar un lugar donde podamos ocultarnos.

En efecto, pasó mucho tiempo. Yo vagué sin rumbo por el mundo, tratando de esconderme de él. Siempre sobreviviendo con las caridades de otras personas y con la bondadosa naturaleza. Un día, entre mis pensamientos y el camino, una mujer llamó mi atención al pedirme que me acercase a ella. Dijo su nombre y me pidió un poco de ayuda para cargar unos bultos, accedí.

Varias horas duró la empresa, pero nunca me quejé del peso o del esfuerzo que esto requirió. Fui recompensado sin haberlo imaginado: me acogió en su casa, me vistió y alimentó. Fueron varios meses de gloria, tenía un trabajo y un techo dónde dormir. Aprendí que no todos los mortales tenían frío el corazón. Es curioso, pero cada día de todo ese tiempo, recordé en ella a una mujer que existió en mi pasado, cuando aún era uno con Zhegel… a una mujer que nunca pude volver a ver.

Dudé en hablar con ella acerca de su pasado, de sus quehaceres, de su vida y residencia. La amistad y confianza con ella creció tanto, que llegó el punto en que decidí hacerlo.

Sin embargo, quiso el cielo que ese día, ella tuviese que dejar este mundo. Mis últimas palabras para con ella, fueron grabadas en el frío mármol de su lápida por mis propias manos: “Usted me dio de comer mucho, y por Dios que me dio de comer bien. Duerme bien, hermana mía. Tuviste que partir y este es tu día. Este día te pertenece a ti, mi querida amiga y gracias a tus favores, estoy obligado a proteger tu alma desde hoy y hasta la eternidad inalcanzable”.

La Luna estaba más pálida que de costumbre, parecía que me acompañaba en mi pena. La fría madrugada me acompaña, pero estoy bien despierto.

“Señor, ¿hace cuánto que te pedí que tuvieses piedad de mi alma? Hoy te lo vuelvo a pedir.”

Los minutos han de pasar y he de afrontar la pérdida. No hay negación, no más: se ha ido.

Deberé vagar nuevamente por el mundo, en busca de una paz que nunca he tenido. En tanto, mi único trabajo será mostrar todos los esplendores de la hermosa noche, admirar cada luz, cada obscuridad.

Un pequeño dolor recorre mis pensamientos, el pequeño último de su atención. Una inundación tratando de lavar mi mente, tratando de verme: algo en mi imaginación.

Lo siento, se acerca a mí esta noche, está cerca.

 


† Alfred †

[PPE]El Íncubo. 10/16

[El Íncubo.]

 

Hubo un tiempo, cuando yo era joven, era un chico con ambiciones audaces, sin temores, pero que siempre respetó a todos, personas y naturaleza.

En ese mismo tiempo, me di cuenta de los torcidos pensamientos de otras personas  de lo preocupante de las influencias que había a mi alrededor.
Durante esa época, luché por no ser uno más, por salir adelante, por destacar con mis virtudes.
Por las noches, me gustaba caminar cerca del río, en alguna parte de ahí, una mujer cantaba. Tenía una voz hermosa que nunca olvidaré. Con esa voz bendecida por Dios, cada noche entonaba las más bellas notas, arrastrándome por horas a un paraíso inalcanzable por cualquier otro.
Desde pequeño, había oído cantar a muchas personas, debido a que la taberna del pueblo quedaba a escasos metros de lo que llamaba hogar. Siempre me pareció que en realidad ahí, nadie cantaba. Únicamente transmitían historias acompañadas por unos crudos acordes, cuerdas podridas rasgadas por algún intento de trovador, mientras platicaban lo que suponía una bella historia.
Pero hasta la primera ocasión que recorrí el camino del agua, supe que yo tenía razón: nadie ahí cantaba. El verdadero canto nacía del corazón.
Regresé cada noche, atrapado por aquella voz que no debía ser humana. Alguna vez había escuchado un cuento acerca de las Ninfas del bosque… llegué a preguntarme si no sería una de ellas la dueña de aquel dulce imán.
Durante las diferentes veces que estuve ahí, cada una de ellas era recibida con una melodía distinta.

Era como escuchar un cuento de “Las Mil y una Noches” en cada ocasión.
Aunque fui atrapado una y otra vez por todas las canciones, hubo una en especial que quedó grabada en mi mente:

“Ven conmigo esta noche, dime cómo se siente estar viva.

Ven conmigo esta noche, vamos a encontrar un lugar donde podamos ocultarnos.

Ven a la luz, te voy a enseñar cómo sobrevivir.”



Hubo un tiempo… en el mismo en que sin hablarle, la conocí, en el mismo instante que la conocí lo suficiente, como para saber que no se iría de ahí, que seguiría cantando.

“Dime cómo se siente estar vivo”


Hubo un tiempo en que tuve respeto, en que podía verla sin ser deshonrado. Pero crecí. Me acerqué más  y más a ella, hasta el punto en que sin entablar comunicación, podía tocarla. ¡Eran tan bella como la Lilit pintada por John Collier!. Con el paso de los meses, dejé de ser un joven, para convertirme en un hombre… para verla con otros ojos: para desearla.
“Ven conmigo esta noche”


Una parte de mi, siempre me dijo que debía respetarla, que podía admirarla desde lejos y deleitarme con la hermosa música que los ángeles enviaban para relajar mi alma. Sin embargo, alguien susurraba directamente a mi cabeza “hazlo, tócala, háblale y hazla tuya”.
Entonces, sucedió:

Siempre me dijeron que los íncubos eran seres despreciables y ruines, que estaban formados de mentiras, en busca de mentes débiles listas para ser atacadas en sus pensamientos. Convirtiendo todo aquello que pasase por su mente en imágenes impuras, en pesadillas, en sentimientos de culpa y deseos inmencionables.

Pero esa noche, conocí la realidad: se les llama íncubos por que se acuestan sobre sus víctimas, esos desagradables demonios con forma masculina, encargados de poseer a sus víctimas, violarlas y absorber su energía.

Descubrí que fue un íncubo el que justamente me susurraba al oído esas palabras. Al principio, creí que eran sólo alucinaciones mías, que yo mismo deseaba ir por ella y que estaba únicamente atribuyendo mis deseos a las leyendas.
Tras varias noches, los mismos susurros rondaban mis oídos, los mismos pensamientos acosaban mi mente. Por un momento creí que lo haría.
Justo cuando el momento más débil de mi mente se podía visualizar, frente a mí, se materializó el Íncubo.
Se acercó a ella, sopló algo que no pude distinguir y la durmió. Volteó, me miró y un desagradable sonido emanó en cuanto abrió su boca para lo que me pareció una risa.
Lleno de pánico, corrí lo más rápido que pude de ahí, llevando conmigo sentimientos de culpa y cobardía por no defender a la hermosa mujer.

Nunca más volví a verla, nunca más volví a escucharla. Sólo sé que su alma pura se perdió esa noche bajo las garras del íncubo.
Y yo, extraño sus cantos, recuerdo sus labios y trato de emular sus palabras. Pero no puedo. Porque yo no soy un ángel, soy sólo un alma errante en este mundo de mortales… quisiera ser alguien más.

“Ven conmigo esta noche, dime cómo se siente estar vivo.

Ven conmigo esta noche, vamos a encontrar un lugar donde podamos ocultarnos.

Ven a la luz, te voy a enseñar cómo sobrevivir.”

 

 

 

 

† Alfred †