Adiós, Ojos verdes.

La noche pintaba perfecta para sonreír. La noche era idónea para conversar. La noche se prestaba completa para la sinceridad, para trazar nuevos caminos y para realizar trazos novedosos. La noche misma, estaba guiando todo. Y la noche misma, se encargó de cambiar el rumbo de las cosas. Mil asuntos pendientes  y otros tantos por venir. Ciclos cerrando y ciclos iniciando, todos presentes. Un montón de decisiones por tomar, responsabilidades por atender y hobbys por realizar.

 Y la noche, con sus artimañas, se encargó de cambiar el rumbo de las cosas. Un suspiro del pasado, un trozo de tela suelto, un asunto pendiente. Algo que sólo la noche conocía. Algo que nadie esperaba. Una indirecta, una pregunta que no debía hacerse, pero que era necesario conocer la respuesta. El dulce trino de una guitarra y la suave voz de alguien más. Una situación secreta, algo que sólo dos vivieron y que nadie más conoce. Algo que jamás sabrá el mundo, pero que la noche fue testigo silencioso. Algo. “Un adiós, un te quiero y un porqué. Y nada”.

Un par de lágrimas bajando por las mejillas de alguien. Unos ojos verdes que lloran en silencio por algo que duele en donde no debería doler. Una puñalada en la espalda, un coraje inexistente, las ganas de apretar los puños hasta que los nudillos sangren. Esa sensación de impotencia ante algo que no existe. Algo nuevamente. Algo. Y nada.

Un abdomen que se dobla por la mitad, un dolor ya casi extraño en un costado. Un hilillo de sangre escurriendo por la boca. La necesidad de correr al baño y quitarse ese sabor a óxido que corroe los dientes.

Y lo único que queda, son 10 dedos escribiendo frenéticamente, tratando de liberar eso, tratando de sacar el dolor a través de las yemas. Porque duele. Aunque estos mismos dedos y esa misma boca juraron que jamás volverían a sentir dolor por esa causa, esta noche su molestia es a causa de ello.

Al final, la noche pasará. La noche que trajo ese sentimiento será sólo una y no volverá.

A la noche sólo le quedan unos minutos. Y la lluvia se llevará todo. Incluso esos ojos verdes que tanto te gustaban. Para siempre.

~ Alfred ~

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El mar de Isela.

Cada noche volvía al mar, a bordo de su pequeño y frágil bote. Navegaba sobre fuertes olas que pretendían volcar su navío, hacerla perderse para jamás volver, hundiéndola sin posible retorno.

El mar de lágrimas nocturnas la hacía recordar, evocar a la nostalgia y empaparse de momentos que jamás volverían; se sentía rota, atorada en un círculo vicioso de emociones, sin poder respirar, ahogándose en pensamientos locos llenos de ausencia. Un mar de vacío, desbordándose por sus ojos, dejándolos vacíos, sin ganas de volver a abrirse en cuanto sale el sol…  pero es justamente en ese momento, cuando el pequeño y frágil bote arriba al puerto, que está lleno de luz.

La luz más brillante que ha visto jamás, una luz radiante de alegría, una luz llamada “hijo”. La sonrisa de su más grande logro es el puerto en el que puede anclar cada mañana

Esa brillante y cálida luz que proviene de la sonrisa de su hijo, es el puerto en el que puede anclar cada mañana, para cerrar todas las heridas y no dejar que avancen más. Él, con sus suaves manitas acariciará las mejillas de mamá, y le dirá ¡buenos días! mientras besa sus ojos, haciendo que cualquier rastro de la noche desaparezca, para convertir a mamá en un gran buque de guerra, listo para enfrentar a toda la flota marina del mundo.

Es ahí, cuando ella brinca de la cama, impulsada por su motivo de vida, acariciándole el cabello y sonriéndole, mientras observa en sus ojos el resplandor del amanecer, llenos de vida, de la vida que ella debe recuperar, para jamás navegar de nuevo en el mar de lágrimas.

 

~ Alfred ~

 

 

 

 

 

En alguna noche de insomnio.

 Carta perdida, fechada en Marzo de 2014.

Es una noche más en que Morfeo no se digna a venir por mi, una más de esas desesperantes horas en las que por más vueltas que a la cama doy, no logro conciliar el sueño. Camino, me tumbo en el suelo, me siento en una silla o me recueste en un sillón, no importa, simplemente no logro dormir.

La única diferencia entre esta noche y todas las que me han atormentado durante los últimos meses, es que en ésta estabas tú. Plácidamente dormida y con tu pacífica respiración, enseñándome el camino al cual debía seguirte. Pero no puedo, porque todo eso que me atormenta reaparece cada madrugada y no se va hasta que el sol, burlón, me sonríe y dice «he vuelto otra vez». Veo el amanecer cada día, esperando poder dormir un poco.

Pareciera que es el mismo sol el remedio a mi tormento, porque cuando él se asoma y calienta mi fría alma, es cuando al fin puedo sentirme acunado y cerrar los ojos para recuperar un poco de la energía gastada.

Esta noche es diferente, porque no veo mi ventana, ni el techo o pared de mi habitación. Lo único que puedo ver a breve distancia, es la silueta de la cama en donde el país de los sueños te envuelve plácidamente para no dejarte ir, hasta que el primer rayo de luz ilumine tu bella sonrisa y permita que inicie para ti un lindo día.

Una delgada sábana cubre las delicadas formas de tu cuerpo, esa parte de tu completa belleza que enmiela mis ojos cuando no te cohíbes y me permites mirar un poco. Esa parte de ti que no todos notan, pero que a mi me fascina.

Mientras que en el suelo, yace un suave cobertor, sobre el que estoy tumbado, tratando de aclarar mi mente, de tranquilizarme, de alcanzar algún punto para poder apagar mi mente, mis pensamientos, y por fin acompañarte en el bello mundo común del descanso temporal.

Por lo menos, el sonido que me ha acompañado en las últimas horas es el latido de un corazón en paz, que me recuerda algunos de los motivos que tengo para sonreír en esta vida. 

Y es esa paz lo que no he encontrado, lo que busco cada día, lo que me hace falta…

Guíame hasta ella, muéstrame el camino, porque solo, no puedo.

 

 

 

~ Alfred ~

Retrato

 Dibújame un retrato para colgar en la pared, llénalo de colores obscuros en un lado, y líneas claras que arrastren por el marco.

Quiero que al girarlo, se pueda percibir de un lado que es de noche, mientras que del otro sea de día, que ningún trazo se encuentre, que sea tan fantástico como la manera en que me haces sentir.

Que nada sea real, excepto la forma en que me siento.

Dibújame con unos ojos que jamás vean, llenos de destellos de luz que sólo me quemen a mi, con una mirada que únicamente pueda verte a ti. Traza unos labios como a ti te gustan, y con ese peculiar color que sólo tus pupilas alcanzan a distinguir, con esa suavidad que en tus dedos se encuentra.

No me importa si no sabes dibujar, no me importa si no tienes las herramientas adecuadas, deja que el corazón guíe tus brazos hasta conseguir lo que te pido.

Una vez que termines, fírmalo con el color de tus ojos, hazme recordar que es obra tuya y de nadie más, deja tu sello en la esquina de mi rostro, donde no se pueda borrar, donde permanezca para siempre.

 

 

 

~ Alfred ~

 

 

 

~ Alfred ~

Vísperas de ilusión.

«Apunta a la luna. Si no aciertas, de todos modos habrás llegado al cielo.»

 

Un día te sentirás triste, porque tus nuevas ilusiones se habrán roto antes de florear, como un pequeño retoño recién plantado sin crecer sobre la tierra. Me preguntarás porqué la vida es así, limpiarás tus lágrimas al sentirte triste y buscarás un poco de consuelo. Abrirás un poco tu corazón, compartiendo un fragmento de tu vida. Te sentirás infantil al decirme tus deseos, aún sabiendo que son nobles. Aún cuando son lo más bello que he escuchado en mucho tiempo, aún cuando…

¿Cuándo sabré que ya es el momento? me dirás, y responderé con palabras que sólo te harán llorar más.

 

¿Crees estar emocionalmente estable como para embarcarte en los mares de la locura?

Si miras a la luna, y tu corazón llora, aún no lo estás.

Si ves las estrellas, y tu aliento se pierde en la obscuridad, aún no es tiempo.

 Si el sol no saca una sonrisa en tu rostro cada que tus ojos se abren de nuevo, aún debes esperar.
 

Pero si la luna te hace sonreír y sentir paz cada que se asoma, entonces ya es hora.

 Si al mirar las estrellas, escuchas sus dulces melodías nuevamente, y quieres viajar con ellas, entonces ¡ve! haz tuya la galaxia.

 Y si el sol no logra calentar más tu corazón, porque la calidez que irradias es suficiente como para compartir, entonces sólo resta complementar tu felicidad.
Piénsalo muy bien, todo vale la pena, sólo necesitas intentarlo otra vez, hasta tener éxito. Estando en vísperas de ilusión, únicamente hay que  esperar al día siguiente.
~ Alfred ~

Katelyn.

¡Hola!

En esta ocasión voy a compartir con ustedes un breve “cuento”. Pongo la palabra cuento entre comillas, porque en realidad es una anécdota de otra persona. Originalmente la leí en un sitio de internet, en otro idioma, pero me gustó tanto que decidí traducirla y compartirla con ustedes.

Si son personas sensibles, tengan su paquete de pañuelos a la mano, porque es triste. Bella, pero triste.

Espero les guste.

 

Original history by user “AnOakTree” , published at “r/AskReddit”,  at Reddit dot com. Translation by Alfredo Cervantes Guzmán.

 

 — — — — —

¡Rayos!, Katelyn es perfecta. Ella es todo lo que siempre quise en una chica. Estuvimos juntos por siete meses y cada segundo era como estar en el cielo. Supe desde nuestra primera cita que debía casarme con ella. Empecé a ahorrar por un anillo desde entonces. Ella era la indicada. Pasamos cada momento posible escalando y disfrutando los bosques alrededor de mi pequeña casa en una reserva en Carolina del Norte. Jamás olvidaré la manera en que su cabello se acomodaba perfectamente sobre su rostro cuando el sol la bañaba con sus rayos a través de los árboles. Podíamos ir a acampar y jamás – jamás – pude ser más feliz que cuando despertábamos y mirábamos el amanecer desde la puerta de nuestra pequeña casa de acampada.
Aún mientras conducía hacia el consultorio médico, ella mantenía una actitud positiva y alegre, cantando cualquiera que fuese la melodía que sonaba en el radio, y dejando que su cabello bailara con el aire del otoño a través de las ventanas del automóvil. Aún cuando no se sentía bien, Katelyn se negaba a dejar de sonreír de esa manera tan hermosa y característica de ella. Su boca brillaba siempre. La única vez que vi su sonrisa caer, fue cuando el médico nos dijo que tenía cáncer. De inmediato tomé el dinero que había estado ahorrando para el anillo y lo utilicé para pagar el tratamiento médico. No teníamos mucho dinero, pero su vida valía todo.
Durante los siguientes tres meses, el brillo de Katelyn fue desapareciendo, su cabello se caía, y su cuerpo se debilitaba más y más, pero su espíritu permanecía fuerte. Tomé su mano y permanecí a su lado. Cuando finalmente murió, sentí que mi alma se fue con ella. Extraño nuestras acampadas, extraño sus divertidas bromas y sus lindas sorpresas, pero más que nada, extraño a mi amiga, y la otra mitad de mi corazón en que se convirtió ella.
Siempre que pienso en Katelyn, no pienso en las máquinas que intentaron arduamente mantener su corazón latiendo y sus pulmones respirando, o los tratamientos sinfín. No puedo sino recordar aquellas veces en que el sol brillaba luminosamente a través de los árboles, siendo atrapado entre su cabello e iluminando su rostro.
Así es como decidí recordarla. No como alguien que enfermó, sino como mi mejor amiga y la parte más brillante de mi alma.
Eso, es lo que la hizo perfecta.
~ Alfred ~

[CDM] Capítulo 6: Cabeza de calabaza.

[Prólogo]
[Capítulo 1]
[Capítulo 2]
[Capítulo 3]
[Capítulo 4]
[Capítulo 5]

 

Capítulo 6: Cabeza de calabaza.
Esta historia me la contó una dama llamada Gloria Fuddpron, en uno de mis viajes a tierras orientales. Yo no hablaba nada de japonés, pero resultó ser una dama de la corte inglesa y logramos entendernos mientras el licor corría por la barra. Sin embargo lo que ella buscaba no era un affaire, sino el olvido. Me pareció interesante escuchar una historia nueva en aquellos lares, así que acepté gustoso su invitación por un trago a cambio de escucharla.
Mi hijo nació enfermo, y su mundo estaba limitado a su cama. 
Cuando nació, mi esposo lloró y dijo “gracias” mientras me besaba una y otra vez. Desde entonces, nuestra familia ha sido feliz. Mi esposo trabajaba hasta los huesos para pagar el tratamiento médico de nuestro retoño, y el tiempo avanzó…
​La cantidad de tiempo que le quedaba, estaba secretamente tallada en su pequeño corazón. Juré que jamás estaría solo, aún cuando no pudiera salir de casa, aún cuando no pudiera hacer amigos. Te leeré tus libros favoritos, comerás los platillos más ricos, porque siempre estaré a tu lado, amándote más que nada. Por favor perdóname por no ser capaz de darle vida a un niño saludable… me pregunto qué tan duro fue el viaje que tomaste a través de mi vientre… gracias por elegirme, gracias por hacernos padre y madre, honestamente. Tu padre y yo unimos nuestras vidas de tal manera que tú fueses la cúspide de nuestro amor, pequeño tesoro, gran felicidad.
Contrario a los pronósticos médicos, mi pequeño pudo levantarse y tomar fuerzas poco a poco conforme crecía. Planté muchas flores de sus colores favoritos sobre el jardín, para que pudiera apreciar la belleza de las mismas, como apreciaba yo la belleza de mi niño.
Mi esposo encontró un nuevo trabajo y nos mudamos a un pueblo en las montañas. Nuestra situación mejoró. Entonces, mi hijo hizo su primer amigo, una despreocupada niña de nombre Dalia.
– Hey, tú, jamás he visto una cara como la tuya antes – dijo la niña al pasar por afuera de la reja de casa.
– ¿Uhhh…? – intentó responder mi pequeño Abraham.
– ¡Es impresionante! tu cabeza parece una calabaza, eso es divertido.
– ¡Já! – 
– Soy Dalia, un gusto en conocerte, niño cabeza de calabaza.
– Ohh, hola.
Cabeza de calabaza es un apodo extraño, incluso grosero, pero mi hijo lo tomó con bastante gracia. 
– ¡Dalia es tan genial! – 
– ¿Ah sí? no me agrada que vayan por ahí poniéndote apodos extraños…
– Pero ¡es divertido, mamá! ella me agrada.
La atracción es una cosa extraña, lo que para algunos puede ser insignificante, para otros es el mundo. Recordé cuando mi esposo me pidió que nos uniésemos en matrimonio.
Ni siquiera soy brillante, no soy hábil con las palabras… y tampoco soy de buen ver, pero juro que te amaré más que nadie, como nunca alguien lo ha hecho, como jamas nadie podrá… espera ¿qué iba a decir? ¡Ah, sí! Gloria, por favor, cásate conmigo.
Obviamente, mi respuesta fue “sí”.
Mi hijo y su nueva amiga eran felices. Parecía que su estado de salud mejoraba, y de ella aprendía muchas cosas que yo había sido incapaz de enseñarle estando únicamente en casa. Incluso nos aventuramos a unos pequeños paseos por la calle. Todo era algo maravilloso.
– Mamá, dice Dalia que siempre quiso tener un hermano y por eso empezó a hablarme cuando pasó por afuera del jardín. Y me platicó que en la noche de día de muertos sale a pedir dulces con más niños… ¿puedo ir?
Pensé mucho lo que mi hijo acababa de pedirme. Sonaba tan emocionado cada vez que retomaba el tema, que me partía el corazón decirle que no. 
– Hey, Dalia, ¿de qué te estás disfrazando?
– ¿Yo? ¡Seré un hombre lobo! porque todo hombre grita por libertad, como un lobo hambriento ¡Awoooooooooo!
– Tú no puedes ser un hombre lobo, porque eres una niña.
– Pues tú tampoco puedes, porque tu cabeza es demasiado grande, tendrías que disfrazarte de calabaza.
– Hey, es grande porque tengo el cerebro más grande que jamás ha visto la tierra.
– ¿Eso es cierto? entonces cúbreme con tu sabiduría, profesor.
– Jajajajajaja
Tras mucha insistencia, accedí a que mi hijo saliera a pedir dulces con su amiga. 
¿Fue acaso su primer día de muertos tan divertido, que aún lo recuerda…? – me preguntó la dama. Por un momento no me di cuenta que era una pregunta dirigida a mi, y no parte de la historia.
– Pues… no.
Mi pequeño era feliz, se divirtió mucho, y se alborotó tanto, que hubo un shock en su corazón. Tuvimos que llevarlo de emergencia al hospital. Cuando el doctor me dijo cuánto tiempo le quedaba, el mundo se volvió negro para mis ojos.
Estaba débil, pero como esperabas tanto que llegara día de muertos te dejé ir…
Nuestro pequeñín sonreía al dormir. Su respiración era calmada. Espero cuando despiertes preguntarte si conseguiste muchos dulces, decirte que cepilles tus dientes, para que no tengas caries…
Dalia entró a la habitación del hospital. Inclinó su cabeza, saludándome en silencio mientras somnolienta, intentaba mantener los ojos abiertos. 
Abraham abrió los ojos y se levantó, sonriendo, salió por la puerta, tomado de la mano de Dalia.
Todo sucedió en un instante. Quise levantarme y detenerlos. Un escalofrío recorrió mi espalda al ver que Abraham seguía ahí. O al menos su cuerpo.
La confusión se apoderó de mi durante mucho tiempo. En especial el día que visitaba la tumba de mi hijo y descubrí que la pequeña Dalia también estaba ahí… con el diminuto detalle de que su fecha de partida databa de 50 años atrás.
Creo que mi pequeño está aún ahí afuera, en algún lado, teniendo un día de muertos que jamás termina, sonriendo y pidiendo dulces con Dalia. 
Si ves a un pequeño con cabeza de calabaza en día de muertos, tal vez sea mi Abraham.
– Increíble… –
– Este es el fin de mi historia, y no me interesa si crees que es real, o no.  – añadió ella.
Una sensación indescriptible recorrió mi cuerpo. Cerré los ojos por un segundo, para asimilar lo que acababa de escuchar. Para cuando los abrí, la dama se había ido.
Ni siquiera me molesté en asustarme o siquiera preguntarme si la dama había sido real, o sólo un fantasma queriendo compartir su historia. Tal vez, y sólo tal vez, era suficiente licor por esta noche.
Dejé unas tintineantes monedas sobre la barra y salí de ahí lo más pronto que pude.

 

~ Alfred ~