Galaxia.

El conjunto de estrellas que se asomaban tímidas sobre sus mejillas me hacían ruborizar.

Apenas se notaban, como las pequeñas luces por la noche, superadas por el par de soles que tenía en lugar de ojos, llenos de luz y calidez, con un color brillante que transmitía un torrente de emociones sin explicación aparente.
Más abajo se encontraban sus labios, rojos como marte, resaltando sobre su piel color de luna.
La noche misma se encontraba en su cabello, tan apacible y negro como te puedas imaginar, tan misterioso y bello como el cosmos, tan infinito como el universo.
Toda ella era una galaxia, con mil caminos por recorrer y estrellas por descubrir, con tantos planetas por habitar y constelaciones para admirar.
Y lo único que faltaba, era un valiente tripulante, listo para abordar la nave de sus sueños, preparado para viajar en esa hermosa galaxia y descubrir cada punto posible, para hacer suyas las estrellas y mirarlas una y otra vez, para poder escribir cada día en su bitácora de viaje “siempre encuentro una estrella más brillante que la anterior, todas son hermosas…”
Buen camino, viajero espacial. Que la luz guíe tu aventura y que encuentres eso que buscas en las estrellas.

 

~ Alfred ~

Adiós, Ojos verdes.

La noche pintaba perfecta para sonreír. La noche era idónea para conversar. La noche se prestaba completa para la sinceridad, para trazar nuevos caminos y para realizar trazos novedosos. La noche misma, estaba guiando todo. Y la noche misma, se encargó de cambiar el rumbo de las cosas. Mil asuntos pendientes  y otros tantos por venir. Ciclos cerrando y ciclos iniciando, todos presentes. Un montón de decisiones por tomar, responsabilidades por atender y hobbys por realizar.

 Y la noche, con sus artimañas, se encargó de cambiar el rumbo de las cosas. Un suspiro del pasado, un trozo de tela suelto, un asunto pendiente. Algo que sólo la noche conocía. Algo que nadie esperaba. Una indirecta, una pregunta que no debía hacerse, pero que era necesario conocer la respuesta. El dulce trino de una guitarra y la suave voz de alguien más. Una situación secreta, algo que sólo dos vivieron y que nadie más conoce. Algo que jamás sabrá el mundo, pero que la noche fue testigo silencioso. Algo. “Un adiós, un te quiero y un porqué. Y nada”.

Un par de lágrimas bajando por las mejillas de alguien. Unos ojos verdes que lloran en silencio por algo que duele en donde no debería doler. Una puñalada en la espalda, un coraje inexistente, las ganas de apretar los puños hasta que los nudillos sangren. Esa sensación de impotencia ante algo que no existe. Algo nuevamente. Algo. Y nada.

Un abdomen que se dobla por la mitad, un dolor ya casi extraño en un costado. Un hilillo de sangre escurriendo por la boca. La necesidad de correr al baño y quitarse ese sabor a óxido que corroe los dientes.

Y lo único que queda, son 10 dedos escribiendo frenéticamente, tratando de liberar eso, tratando de sacar el dolor a través de las yemas. Porque duele. Aunque estos mismos dedos y esa misma boca juraron que jamás volverían a sentir dolor por esa causa, esta noche su molestia es a causa de ello.

Al final, la noche pasará. La noche que trajo ese sentimiento será sólo una y no volverá.

A la noche sólo le quedan unos minutos. Y la lluvia se llevará todo. Incluso esos ojos verdes que tanto te gustaban. Para siempre.

~ Alfred ~

En alguna noche de insomnio.

 Carta perdida, fechada en Marzo de 2014.

Es una noche más en que Morfeo no se digna a venir por mi, una más de esas desesperantes horas en las que por más vueltas que a la cama doy, no logro conciliar el sueño. Camino, me tumbo en el suelo, me siento en una silla o me recueste en un sillón, no importa, simplemente no logro dormir.

La única diferencia entre esta noche y todas las que me han atormentado durante los últimos meses, es que en ésta estabas tú. Plácidamente dormida y con tu pacífica respiración, enseñándome el camino al cual debía seguirte. Pero no puedo, porque todo eso que me atormenta reaparece cada madrugada y no se va hasta que el sol, burlón, me sonríe y dice «he vuelto otra vez». Veo el amanecer cada día, esperando poder dormir un poco.

Pareciera que es el mismo sol el remedio a mi tormento, porque cuando él se asoma y calienta mi fría alma, es cuando al fin puedo sentirme acunado y cerrar los ojos para recuperar un poco de la energía gastada.

Esta noche es diferente, porque no veo mi ventana, ni el techo o pared de mi habitación. Lo único que puedo ver a breve distancia, es la silueta de la cama en donde el país de los sueños te envuelve plácidamente para no dejarte ir, hasta que el primer rayo de luz ilumine tu bella sonrisa y permita que inicie para ti un lindo día.

Una delgada sábana cubre las delicadas formas de tu cuerpo, esa parte de tu completa belleza que enmiela mis ojos cuando no te cohíbes y me permites mirar un poco. Esa parte de ti que no todos notan, pero que a mi me fascina.

Mientras que en el suelo, yace un suave cobertor, sobre el que estoy tumbado, tratando de aclarar mi mente, de tranquilizarme, de alcanzar algún punto para poder apagar mi mente, mis pensamientos, y por fin acompañarte en el bello mundo común del descanso temporal.

Por lo menos, el sonido que me ha acompañado en las últimas horas es el latido de un corazón en paz, que me recuerda algunos de los motivos que tengo para sonreír en esta vida. 

Y es esa paz lo que no he encontrado, lo que busco cada día, lo que me hace falta…

Guíame hasta ella, muéstrame el camino, porque solo, no puedo.

 

 

 

~ Alfred ~

El valor de un beso.

¿Sabes cuánto valen mis besos para ti?, mucho más que todo lo que pudiésemos comprar en toda la vida.

Un breve y sencillo pensamiento que quizá parezca bello para ti, así como yo pienso que es menos bello que aquello que lo inspira: ¡esos besos tuyos que tanto me gustan!

Ojalá pudiese dejarte sin palabras, para tomarlas a cambio de los suspiros que me robas cada día, cada aliento que te persigue. Aunque, si me llevo tus palabras, no podrás decir que me quieres. Sin embargo, aún sin palabras, serás tú la encargada de decírmelo como la vez primera, con tu mirada, con esos ojos que tanto me gustan, aquellos que aún en la obscuridad de la noche brillan para decirme mil y un cosas. Y serán esos mismos ojitos los que se quedarán a mi lado, unidos con las bellas palabras que me guían y acompañan. Serás tú con tus ojos la que me diga lo que siente. Y es que ahora, no sólo te pertenecen mis palabras, sino todas mis verdades y pensamientos.

Si tan sólo has logrado ya, ver a través de mis ojos, entonces no habrá nada que ocultar, pues todo lo sabrás leyendo en ellos. Te daré todo el poder del mundo a cambio de algo que no necesito pedir, tendrás en tus manos algo que es tan valioso como para que valga la pena aclararlo. Algo que es único y que nadie más tiene.

Tan sólo dame un beso más y toma para siempre mis pensamientos, mis sueños y mi corazón, que ahora son tuyos.

 

~ Alfred ~

 

La vela.

“Just don’t forget a candle’s fire, is only just a flame.” –  A Candle’s Fire – Beirut.

Ahí está sobre la mesa. La pequeña vela que ilumina la habitación.

No es una vela aromática, ni siquiera tiene algún color o textura especial. Es tan sólo una vela.

Mientras la mecha no se agote, la llama seguirá viva y la cera seguirá escurriendo.

Observo esa titilante y bella creación del fuego y me pregunto tantas cosas, ¿de dónde viene y por qué permanece? El fuego siempre me ha fascinado. La manera en que “está”, centelleante, luminoso, palpitante. Fuego es en esencia y fuego es en energía. Capaz de fundir algo, herramienta para destruir y para crear. ¿Será que el fuego es dador de vida?

Mientras la llama no se agote, esa vela continuará de pie. Pero por más que imponente que el fuego sea, ahí en mi vela no es más que una llama. Una pequeña e insignificante llama con un poderío enorme. ¿Acaso es el inicio de una paradoja?

¿Qué es el fuego y por qué es necesario? ¿por qué lo atribuimos a ciertos sentimientos? ¿pasión, amor, impulsividad? ¿será por su calidez? ¿por qué siempre tengo tatas preguntas con las cosas más sencillas? ¿por qué me fascina TANTO el fuego?

Hay un montón de cosas que puedo asociar a esa pequeña vela.

Un amor, que empieza brillando poco y después ilumina intensamente a dos personas. Que para cuando llega a su último aliento, agoniza tristemente, como pidiendo que alguien se compadezca y le de más mecha para alimentarse. O que por el contrario, desearía ser apagado de un golpe fulminante, para no arder jamás.

La vida de una persona, que poco a poco se consume, pero cuando ha iniciado la llama, se mantiene en su camino hasta el final, sin miedo, brillando por su propio mérito y compartiendo un poco de luz a quien se acerca.

La espera de alguien por algo, o por otra persona. Que cuando llega a su fin, se acaba esa intermitencia y se sabe el resultado último.

Mientras la mecha no se agote, la vela continúa en pie.

Quisiera tanto poder ver a través del fuego. Posiblemente, encontraría tu rostro detrás, esa bella sonrisa que tanto me gusta y esos lindos ojos que tan coquetos me observan de vez en cuando. Si tan sólo las llamas besaran suavemente tus mejillas, podrían envidiar tu calidez, la suavidad de tu piel y el calor de tu cuerpo. Pero esto podría resultar mal, porque al saberse superada, la llama querría quemarte.

Pero aún así, seguiría deseándote más que al fuego. Seguiría existiendo una llameante pasión por ti, en mi corazón. Como hasta ahora.

Y mientras esa luz permanezca encendida, seguiré añadiendo cera a la vela, para que nunca se apague.

¿Querrías tú, ser la llama de mi vela?

~ Alfred ~

(Recuerden que comentar es gratis y que con ello, me invitan a seguir escribiendo)

Egoísta.

A ratos como este, el egoísmo me hace desear tantas cosas. Como que estuvieses aquí y no allá.

¿Por qué tenemos que estar separados? ¿Por qué el tiempo pasa contigo y conmigo, pero no con NOSOTROS?

¿Acaso hice algo malo para merecer esta soledad?

No…

Para nada. Es sólo que mi egoísmo exagera las cosas.

Eso es un simple pensamiento de tantos que acuden a mi cabeza frecuentemente. Debato mucho internamente para decidir qué está bien y qué no. Tengo muy claro que soy un egoísta. Te quiero únicamente para mi. Todo el día, a todas horas y en todos los lugares.

Sin embargo, debo entender que como todas las personas normales, tú, yo, los demás, cada quién tiene sus necesidades y obligaciones. Entre ellas, requerimos estar cada quién en su lugar haciendo lo suyo. Y eso, eso es lo que no me gusta, porque en este momento me siento cual niño caprichoso, haciendo berrinche porque tú no estás.

¿Qué tanto haces que no vienes a mi?

¿Por qué has de estar allá?

Vuelvo a lo mismo. Esto es sólo un círculo vicioso de pensamientos, de ideas redundantes. De un ciclo interminable.

¿Cuánto tiempo he de extrañarte?

¿Me extrañarás también?

¿Sentiremos lo mismo de igual manera?

No lo sé. Y nunca lo sabré. Sin embargo, soñaré hoy día con que así es. Con que tú también me quieres, con que tú también me extrañas. Y pediré un deseo: verte nuevamente tras la próxima salida del Sol.

¿El “Amanecer”?

No.

Para mi el único amanecer, es tu rostro al despertar. La luz que ilumina mi primera visión del día.

Tú eres mi amanecer.

Y por eso, regreso al punto inicial.

Ven aquí conmigo, quédate para siempre a mi lado. Sé sólo mía y dedícame tus noches.

Sé la Luna de mis noches y el Sol de mis días.

Sólo tú sabes cómo.

~ Alfred ~