Galaxia.

El conjunto de estrellas que se asomaban tímidas sobre sus mejillas me hacían ruborizar.

Apenas se notaban, como las pequeñas luces por la noche, superadas por el par de soles que tenía en lugar de ojos, llenos de luz y calidez, con un color brillante que transmitía un torrente de emociones sin explicación aparente.
Más abajo se encontraban sus labios, rojos como marte, resaltando sobre su piel color de luna.
La noche misma se encontraba en su cabello, tan apacible y negro como te puedas imaginar, tan misterioso y bello como el cosmos, tan infinito como el universo.
Toda ella era una galaxia, con mil caminos por recorrer y estrellas por descubrir, con tantos planetas por habitar y constelaciones para admirar.
Y lo único que faltaba, era un valiente tripulante, listo para abordar la nave de sus sueños, preparado para viajar en esa hermosa galaxia y descubrir cada punto posible, para hacer suyas las estrellas y mirarlas una y otra vez, para poder escribir cada día en su bitácora de viaje “siempre encuentro una estrella más brillante que la anterior, todas son hermosas…”
Buen camino, viajero espacial. Que la luz guíe tu aventura y que encuentres eso que buscas en las estrellas.

 

~ Alfred ~

Un poquito de valor.

Desde la primera vez que la vio supo que le gustaba.

Ella tenía una sonrisa de esas que quieres mirar todo el tiempo, porque también te hacen sonreír y sentir que todo vale la pena. El cabello le caía sobre los hombros, formando una cascada que invitaba a perderse en ella. Los ojos eran un par de perlas brillantes y… a ojos de él, era perfecta.

 

Cada día añoraba que llegara la noche, para continuar soñando las mil maneras de decirle cuánto le gustaba, de invitarla a salir, de caminar tomados de la mano y poder compartir una espumosa malteada. Quizá hasta de ir por un helado y comerlo juntos mientras el sol lo derretía sobre sus manos.

Tal vez podrían ir al cine y ver películas de miedo… recordó aquella canción de su infancia ♫ voy a contarte cuentos de misterio para que al temblar te abraces a mi ♫ y se imaginó tan valiente, protegiéndola del terrible mounstro de la pantalla que quería robar las palomitas mágicas de mantequilla.

 

Incluso podría mostrarle su colección de dibujos, o los libros que su abuela le había dado la navidad pasada… ¡tantas cosas que podían compartir juntos! y es que él tenía todo un mundo para mostrarle.

 

Tan sólo le faltaba algo: un poquito de valor para algún día decirle “hola”. Porque a los 10 años, lo que menos se tiene, es valor para hablarle a la niña que te gusta.

 

~ Alfred ~

Yo no sé de poesía.

Llevo toda la tarde queriéndote escribir un poema, pero yo no sé de poesía, nunca he sabido interpretarla, ni hacerla mi aliada. Siempre he pensado que la poesía es una relación íntima entre lo que uno siente y las palabras que logran externarlo, pero que a su vez, esa relación permanece escondida entre quien lee y siente, no entre más.

Llevo horas queriendo decirte que eres la flor de mis pensamientos, que sueño con que notes que te veo como aquel curador embelesado con la más bella pieza de arte.

No encuentro las letras adecuadas para decir que si fuera una planta yo, desearía morir en tus manos, aún con las hojas marchitas, aún arrancado de la tierra, desearía que mi último instante fuese entre las yemas de tus dedos y bajo el calor de tus ojos.

De alguna manera, desearía hallar que en el color de mis ojos se transmita a los tuyos el significado de tu aliento para mi, del suave roce de tus palmas contra mis mejillas, o del fino filo de tus uñas sobre mi, poder acunarte en mi tallo y rodearte con mis hojas  delicadamente, percibiendo todos los colores de la vida, mismos que el arcoiris no logra captar.

Y es que la única manera de poesía que conozco, son tus besos, que me dicen tantas coas con palabras que no conozco, pero de las cuales entiendo el significado, esos besos que me dan alas para cruzar cualquier mar y volver en un instante, que me susurran al oído tantos gritos que nadie más puede escuchar. Los versos que cruzan mi mente se ven tintados del color de tus ojos, que es el único color que me interesa conocer. El color de la tierra que esta flor necesita para crecer. El color del agua que me da vida, y del Sol que me llena de calor. El mismo color que llena mis noches e ilumina el aire que me da vida.

Siendo tú, mi vida, sin ti, mi alma está vacía. Mis hojas pierden color, mi tallo se dobla y no hay más flor. No hay más intentos de poesía. No hay más luz del sol.

Sin ti, no hay color. Sin ti, no hay yo.

Te quiero.



~ Alfred ~

Sopa de letras.

Sobre la mesa, reposa un plato vacío. Anteriormente, dentro de él, había una rica sopa de pasta. Pero no cualquier sopa. Esta sopa era especial, ya que contenía en ella todos lo que secretamente siento por ti.

Desde pequeño, mamá sabe que me gusta mucho esta sopa especial. La prepara con mucho cariño y me deja jugar un poco con la cuchara adentro del plato. La pasta tiene una peculiar forma, letras del abecedario. Mientras espero a que tenga la temperatura adecuada para poder comerla, formo palabras, frases y alguna que otra cosa inexistente. Hoy no es la excepción. Esa forma de escribir con la cuchara en un tazón de sopa, me parece divertidamente infantil.

Algunas veces escribo como si tú lo fueras a leer. El resto, también. Pero sólo es mi sopa y nunca sabrás lo que ella oculta.

A veces, te observo desde lejos, me pareces tan bonita cuando sonríes, que no puedo evitar pensar que me gustas mucho. Mi sopa lo sabe, porque hoy se lo he dicho. “Me gusta”.

Mientras remuevo las pequeñas letras en mi sopa, imagino que las palabras saben más ricas si se aderezan con tus labios. Continúo jugueteando con la cuchara formando tantas combinaciones como me sea posible. A ratos, flota tu nombre sin que yo lo acomode, como si la misma sopa supiera que estoy pensando en ti. Tal vez sea por esto, que hoy me sabe mejor.

Sonrío.

¿Será que algún día cocine una sopa tan rica como esta para ti?

~ Alfred ~

Incompatibilidad musical.

El metro avanzaba a una velocidad constante, sin llegar a ser rápido, pero tampoco con la lentitud característica del transporte público. Era un día sin mucha gente y uno podía darse el lujo de elegir lugar para sentarse.

La terminal había quedado atrás y él miraba por la ventana plácidamente. Al arribar a la siguiente estación, un delgado par de piernas cubiertas con mezclilla obscura llamaron su atención. No es que las piernas tuvieran algo especial, o que fueran llamativas. Sólo habían pasado enfrente de él mientras observaba el paisaje, irrumpiendo la vista, sin embargo, no se molestó con ello. Ella se sentó justo en el asiento frente a él. Lo vio por un momento y sus miradas chocaron. La palabra “chispa” se mostraba adecuada para ese momento. Un pequeño brillo se mostró en las pupilas de ambos, como si una conexión eléctrica acabara de formarse. Ella sonrió. Él también. Ambos escuchaban música.

Un pequeño aparato con forma rectangular se asomaba en la mano de cada uno. El de ella tenía un tono lila, el de él era azul metálico.

A ojos de él, ella era muy bonita, con el cabello largo y castaño que caía sobre sus hombros. Unos ojos grandes y una sonrisa linda adornaban su rostro.

A ojos de ella, él era atractivo. Tenía unos ojos café verdoso con un brillo interesante, de esos que dan ganas de mirar para perderse por horas. Cuando volteaba a mirar la ventana, podía notarse que su cabello se le enchinaba de manera graciosa detrás de la nuca.

Una tímida sonrisa cruzó los labios de ambos una vez que sus miradas volvieron a encontrarse.

Mientras el rubor de sus mejillas se desvanecía, los ojos de ella se posaron sobre la pantalla de la cajita azul metálica en las manos de él. Observó fijamente por un instante y pudo saber qué música estaba escuchando aquel de los ojos bonitos.

Por su parte, él hizo lo mismo. La pantalla de ella marcaba un grupo de nombre “Enjambre”. Ciertamente, no lo conocía, pero pensó que quizá, y sólo quizá si se animaba a hablarle, podría escuchar un poco de esa música, para conocerla un poco más. Para agradarle. Para tener algo de qué hablar.

Ella, decepcionada, se puso de pie y salió del vagón apenas pudo. ¿Cómo podría fijarse en alguien que escuchara System Of A Down? Definitivamente no era su tipo de música.

“Adiós” quiso decir él, pero sólo la vio salir por las puertas mecánicas, mientras el tren volvía a avanzar.

Y la vida siguió.

 

 

 

~ Alfred ~

Tras las montañas en Otoño.

Parece que fue ayer, cuando tuviste que partir y yo tuve que quedarme. Era un día cálido y soleado, pero el corazón me pesó como una piedra. Nunca pudiste decirme a dónde ibas, y yo no quise preguntar.

Ahora sé que en la vida se tiene una sola oportunidad y lo mejor es aprovecharla bien.

Cuando las montañas se vistan de otoño, y los océanos se desborden, seguiré buscándote.

Hay una cosa que me quedé con ganas de decir, un breve “te quiero” antes de partir.

Cada noche correspondiente a esta fecha, intento buscarte de nuevo. Camino las viejas calles, con la esperanza de encontrarte por un segundo. Repito nuestros antiguos hábitos, pero nunca estás. Difícil es aceptar que así será por siempre.

Los pies caminan solos y me llevan a un lugar frío donde por fin te encuentro. Un lugar donde no pasa el verano, ni salen las flores en primavera. Estoy aquí, sentado junto a tu tumba y te canto esta canción:

♫ When the mountains fall, and the oceans flood, I’m still in search of you.

Only thing I want to say: I’m still in love with you.  ♫

La vida terminó para ti tres veranos atrás. Y ciertamente, la muerte se me ha negado desde hace 3 otoños.

Espero el día en que pueda acompañarte de nuevo, en que tengamos el mismo viaje a la par. Hasta entonces, puedo permitirme venir cada año y desahogar tu ausencia.

♫ One last thing I want to say… I’m still in love with you. 

Hasta el próximo año.

~ Alfred ~