Un poquito de valor.

Desde la primera vez que la vio supo que le gustaba.

Ella tenía una sonrisa de esas que quieres mirar todo el tiempo, porque también te hacen sonreír y sentir que todo vale la pena. El cabello le caía sobre los hombros, formando una cascada que invitaba a perderse en ella. Los ojos eran un par de perlas brillantes y… a ojos de él, era perfecta.

 

Cada día añoraba que llegara la noche, para continuar soñando las mil maneras de decirle cuánto le gustaba, de invitarla a salir, de caminar tomados de la mano y poder compartir una espumosa malteada. Quizá hasta de ir por un helado y comerlo juntos mientras el sol lo derretía sobre sus manos.

Tal vez podrían ir al cine y ver películas de miedo… recordó aquella canción de su infancia ♫ voy a contarte cuentos de misterio para que al temblar te abraces a mi ♫ y se imaginó tan valiente, protegiéndola del terrible mounstro de la pantalla que quería robar las palomitas mágicas de mantequilla.

 

Incluso podría mostrarle su colección de dibujos, o los libros que su abuela le había dado la navidad pasada… ¡tantas cosas que podían compartir juntos! y es que él tenía todo un mundo para mostrarle.

 

Tan sólo le faltaba algo: un poquito de valor para algún día decirle “hola”. Porque a los 10 años, lo que menos se tiene, es valor para hablarle a la niña que te gusta.

 

~ Alfred ~

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El valor de un beso.

¿Sabes cuánto valen mis besos para ti?, mucho más que todo lo que pudiésemos comprar en toda la vida.

Un breve y sencillo pensamiento que quizá parezca bello para ti, así como yo pienso que es menos bello que aquello que lo inspira: ¡esos besos tuyos que tanto me gustan!

Ojalá pudiese dejarte sin palabras, para tomarlas a cambio de los suspiros que me robas cada día, cada aliento que te persigue. Aunque, si me llevo tus palabras, no podrás decir que me quieres. Sin embargo, aún sin palabras, serás tú la encargada de decírmelo como la vez primera, con tu mirada, con esos ojos que tanto me gustan, aquellos que aún en la obscuridad de la noche brillan para decirme mil y un cosas. Y serán esos mismos ojitos los que se quedarán a mi lado, unidos con las bellas palabras que me guían y acompañan. Serás tú con tus ojos la que me diga lo que siente. Y es que ahora, no sólo te pertenecen mis palabras, sino todas mis verdades y pensamientos.

Si tan sólo has logrado ya, ver a través de mis ojos, entonces no habrá nada que ocultar, pues todo lo sabrás leyendo en ellos. Te daré todo el poder del mundo a cambio de algo que no necesito pedir, tendrás en tus manos algo que es tan valioso como para que valga la pena aclararlo. Algo que es único y que nadie más tiene.

Tan sólo dame un beso más y toma para siempre mis pensamientos, mis sueños y mi corazón, que ahora son tuyos.

 

~ Alfred ~