[EEC] Capítulo 8: Y las estrellas sólo brillan para ti.

6 meses… 6 meses han pasado exactamente desde el último capítulo de esta historia.

No tengo palabras en estos momentos para hacer dedicatorias bonitas o elaboradas.

Lo único que quiero decir, es que esta entrada va dedicada con el más grande de los sentimientos a la persona que algún día me dijo “Cuando empecé a leerte, escribías la historia del escritor. Me gustó mucho, me atrapó… me enamoré de la forma en que escribías, que escribes. Me atrapaste y espero ansiosa la próxima vez que pueda leer algo que escribas tú”

~

[El Escritor:  La historia de un tejedor de sueños.]

Capítulo 8:  Y las estrellas sólo brillan para ti.

~

Salí de la oficina como cada día, caminé hacia la parada del camión que me acercaría a casa. Caminé sin preocupaciones en la mente, aunque sabía que esa era la última vez que repetía esa rutina, la última vez que salía de esa oficina.

El frío que azota la ciudad es indescriptible. No sé decir a ciencia cierta si ha hecho más frío en las noches, o por las mañanas. El Sol, apenas aparece en la tarde, como queriendo decir “Hola, yo también tengo frío y no he querido salir a brindarles un poco de calor, pero sigo aquí.”

Es tarde ya, la obscuridad, cubriendo cada rincón posible, hace el trabajo que le corresponde, como cada noche. Y como cada noche, volteo al cielo, esperando que un día las estrellas escuchen mis plegarias, ¿cuántas veces no he escuchado que al mirar una estrella fugaz se debe pedir un deseo? He pedido miles de deseos, pero las estrellas no me escuchan.

El sistema meteorológico internacional informa que esta noche habrá una lluvia de estrellas. En miles de lugares del planeta, se podrá observar el fenómeno sin problemas… claro, ignorando la polución y tráfico aéreo de cada ciudad.

En medio de mis pensamientos, la necesidad de mirar ese evento me satura. Nunca me ha llamado la atención asomarme a mirar este tipo de cosas, pero hoy, hoy es diferente. Hoy siento una imperiosa necesidad de estar ahí.

¿Qué puedo perder?, es la pregunta que ronda en mi cabeza mientras me dirijo a la tienda a comprar un paquete de panecillos.

Una vez en casa, junto un par de cobijas y coloco la escalera de madera justo encima del balcón que asoma tras mi ventana. Subo con cuidado y barro el polvo que alcanzo a ver. Me tumbo recargado en la pared que protege el pequeño trozo de azotea que corresponde a mi departamento y observo al cielo, esperando a las estrellas.

De un momento a otro, me quedo dormido y comienzo a soñar. Nuevamente, ese sueño acude a mi… el sueño en el que todo es diferente y la vida me muestra trazos de todo lo que dejé ir por tomar decisiones distintas. No me arrepiento del camino que he tomado, sin embargo, el poder mirar las alternativas de mi vida resulta tentador. El mismo sueño en que alguien aparece en mi vida, alguien con la capacidad de hacer mis sueños realidad. El mismo sueño en que nada tiene sentido, excepto el que yo quiero darle…

Unos gritos en la azotea vecina me arrancan de los brazos de Morfeo.

– ¡Tú lo dijiste!, ¡Que estarías ahí para cuando las estrellas bajaran para mi! –

Parpadeo un poco, desconcertado giro la cabeza buscando el lugar de donde provienen esas palabras.

– ¡Embustero!, ¡Patrañas! –

Sin moverme de mi lugar, alcanzo a divisar en la casa contigua a una joven sosteniendo algo en su mano, mientras vocifera una cadena de maldiciones.

– ¿Dónde estás ahora?, ¿No ves que las estrellas caen del cielo?, ¿No entiendes que son todas ¡mías!? –

Un acto reflejo me hace levantarme de ahí y correr hacia ella. Todo sucede en un instante: ella da un paso hacia adelante, justo donde el vacío comienza, tropieza y yo alcanzo a llegar justo en el momento debido. Haciendo acopio de todas mis fuerzas, la detengo evitando que caiga a un accidente fatídico. Jalo como puedo sus ropas hasta que puedo tomar sus brazos.

– ¿Estás bien? – le pregunto.

– ¿Tú quién eres? – me pregunta asustada – ¿Qué demonios haces en mi azotea? –

– Yo, soy tu vecino… estaba tumbado mirando el cielo cuando te vi tropezar – respondo.

Ella abre la boca como queriendo objetar, pero en lugar de eso se sonroja mientras me mira fijamente.

– Gra… gracias – dice ella.

– No es nada. – contesto.

A mi mente acude una cantidad de preguntas, ¿qué hacía ella ahí?, ¿por qué trae consigo una botella de vino?, ¿qué significan todas las cosas que estaba diciendo hace unos segundos? Sin embargo, nada de eso me incumbe y me aseguro de que quede sana y salva en su azotea.

– Bien, ya estás segura. – le digo mientras regreso a mi azotea.

Pasa un rato y yo continúo observando el cielo. Las estrellas brillan más que de costumbre y de vez en cuanto, se puede apreciar alguna de ellas surcar el cielo velozmente. Sigo sin entender la razón que me motivó a subir a la azotea… pero ahí estoy. Es entonces, cuando el encanto silencioso de la noche se rompe.

– ¿Qué haces aquí? – pregunta quien hubiese sido rescatada unos minutos antes.

– No sé, mirando nada más. – contesto sin muchas ganas – ¿tú?, ¿pensabas suicidarte? –

– Nno… es sólo que… – intenta decir mientras mira fijamente su botella – ¿quieres un poco de vino? es mucho para mi

La invitación me parece un tanto extraña, pero también me parece grosero el no aceptar.

– ¿Vienes o voy? – le pregunto, tanteando sus ánimos.

– ¿No eres un caballero? – responde

La observo un momento, me levanto y tomo las cobijas. Los panecitos (que ya había olvidado) resbalan de las cobijas, la mitad caen a la calle y el resto son atrapados por la joven.

– ¿Te gusta desperdiciar la comida?, ¿Eh? – dice ella en tono burlón.

– Y a ti te gusta jugar con la vida, ¿correcto? – respondo con una sonrisa.

Le doy una de las cobijas y me acomodo a su lado mientras ella sirve un generoso par de copas de vino. ¿De dónde salieron las copas?

Sin darle mucha importancia a mi última duda, dejo que el aire fluya al rededor de nosotros.

– ¿Vives aquí? – me pregunta ella.

– Sí –

– ¿A qué te dedicas? –

– A nada. – dije

– ¿No tienes trabajo? – cuestionó

– No, ya no –

– ¿Ya no? Eso quiere decir que tenías. – dijo

– Sí, tenía. Pero hoy renuncié. – contesté al fin sin muchas ganas.

– ¿Por qué? – inquirió curiosa.

– No sé, todavía no me he dado tiempo para preguntarme la razón. Aunque creo que quiero un cambio en mi vida, y en mi antiguo trabajo iba a estancarme, quiero hacer algo más. –

Mis últimas palabras las dije sin meditarlas, como si una parte de mi quisiese revelarme información que conscientemente aún no había logrado procesar.

– Ya veo. Yo soy profesora de lenguas muertas. – comentó ella

– Interesante, yo siempre quise aprender latín, pero nunca hice nada por lograrlo. –

– Yo podría enseñarte –

– Claro, suena bien. –

La miré, por primera vez la miré directamente. Era una chica bastante bonita. No había reparado en que llevaba lentes y el cabello recogido debajo de un gracioso gorro de colores, tejido. Ella me devolvió la mirada y preguntó:

– ¿Sabes qué hago aquí? –

– No –

– ¿Te gustaría saber? –

– Sólo si tú deseas compartirme tus motivos. –

Sonrió y comenzó a platicarme sus razones.

– Hace algún tiempo, yo estuve enamorada. Él me prometió tantas cosas, él pintó un futuro para los dos. Él, como todos, prometió que me bajaría la Luna, que todas las estrellas bajarían para mi… y que él estaría a mi lado cuando eso sucediese… – un par de lágrimas escurrieron por sus mejillas, las limpió y continuó – sin embargo, fue más el daño que me hizo, fueron más las veces en que peleábamos, las veces en que no estábamos de acuerdo… pudo más él y sus caprichos, más que nuestros sentimientos. Tardé mucho en darme cuenta, pero al final fui capaz de hacerle frente y ver por mi. –

Frente a nosotros, una estrella brillante recorrió el cielo. La luminosidad y tamaño de la misma fue impresionante. Nunca antes había visto una estrella… digamos, no tan cerca… porque eso pareció, que la estrella estaba cerca de nosotros.

– No sé qué decirte, tu historia es triste. Sin embargo, creo que más que triste, debes estar orgullosa por haber tenido la fortuna de darte cuenta de las cosas a tiempo, de ver por ti y de quererte, de cuidarte, eso es lo más valioso que tienes en esta vida: a ti misma. –

Ella me miró y dijo:

– Gracias, creí que todos los hombres pensaban igual. Pero no, al menos tu forma de pensar y de decir las cosas, me transmite seguridad y una calidez que me hace ver las cosas de otra forma. –

– No hace falta que des las gracias, tan sólo te transmito lo que pienso. Sin embargo, es posible que muchos hombres pensemos así, no sólo yo. Así como no todos los hombres somos iguales, creo que tampoco todas las mujeres. Has de saber que muchos de nosotros alguna vez pensamos que también, todas las mujeres son iguales. Porque ustedes también son hábiles lastimando personas, chantajeando, manipulando y buscando objetivos sin importar a quién dañen en el camino. Sin embargo, estoy seguro que hay muchas más mujeres con buenos sentimientos. –

– Estás inventándote eso, ¿no?, seguramente el vino te hace alucinar – preguntó riendo.

– Ojalá fuera el vino, pero no lo es. Yo sólo tengo claro que cada persona es importante, y que siempre habrá alguien importante para nosotros. Pero no tenemos que buscar a esa persona, sino que esa persona llegará algún día… el día menos esperado, quizá a través de algún amigo, de algún compañero de trabajo, de la escuela, en la calle… pero llegará. –

– Bonitas palabras, ojalá las estrellas te escuchen – dijo ella

– Las estrellas dejaron de escucharme hace muchos años, desde el momento en que vi subir al cielo a una de ellas. –

– ¿Perdiste a alguien querido? –

– He perdido a muchas personas queridas a través de mi vida –

– Sí, eso es normal, pero la referencia que haces de la estrella… me parece un tanto… curiosa. –

– Puede ser… – dije, recordando algunas cosas.

– Estoy segura que las estrellas te escuchan, pero tal como acabas de decirlo: Todavía no es tu momento. Tus deseos llegarán a su tiempo, todavía no estás listo. –

Medité sus palabras y me di cuenta que tenía razón totalmente. Asentí y continué mirando el cielo, cada estrella que pasaba me recordaba a una persona importante en mi vida. Sin embargo, las estrellas eran pocas, y las personas muchas.

Cerré los ojos. Cuando volví a abrirlos, el Sol bañaba mi cara. Una de las cobijas me envolvía y la otra estaba perfectamente doblada a mi lado. No quedaba rastro de los panecillos o de la botella de vino, tampoco de la chica que compartió una noche conmigo. Lo único que pudo demostrarme que aquel encuentro había sido real, fue la nota que encontré cuidadosamente colocada en mi bolsillo.

“Gracias por darle valor a mi vida y salvarla, gracias por compartir unas sencillas palabras que me dieron un nuevo enfoque.

Espero que pueda seguir sus sueños ahora que no está atado a cuestiones laborales.

Gracias vecino.

Su amiga: A.E.

PD: Espero algún día podamos encontrarnos nuevamente, estoy segura que usted podrá aprender a hablar, leer y escribir latín.”


Bajé a mi balcón, preguntándome ¿qué haría ahora que había renunciado a mi trabajo? Pero la respuesta era obvia: Debía seguir mis sentimientos, mis sueños: Y en las estrellas estaba la respuesta.

~

~ Alfred ~

[EEC] Capítulo 7: Eli.

¡Hola!

Va el choro de siempre “hace mucho que no escribo, blablabla”

Bueno, mejor no…

Solo diré algo:

Si recuerdan, hace algunos capítulos solicité nombres para un personaje. Pues bien, después de pensarle mucho elegí un nombre que me ha perseguido desde hace varios años. En realidad es un nombre muy bonito, y viene de uno de mis libros favoritos, “Tom Sawyer”. ¿Lo habeis leido? ¿Os suena familiar el nombre Becky Tatcher? Pues desde que leí por primera vez ese libro (que por cierto, me lo regalaron mis abuelos maternos cuando acabé la primaria) me enamoré perdidamente del personaje de Becky, y por supuesto, de su nombre.

Total, ya tenía decidido utilizar ese nombre para mi personaje (van a decir las personas que me conocen: ¡Otra vez esa Becky!) pero, pero, pero… esta semana sucedió algo curioso. Resulta que recordé un nombre… un nombre que si bien está presente en mi vida porque algunas familiares mias lo llevan, en realidad el significado que tiene para mi este nombre no está enlazado a mi familia para nada.

Es un nombre que me resulta bonito, sencillo pero bonito. Me recuerda mi infancia, me recuerda los momentos en que la mayor preocupación de uno es pensar si es más divertido jugar con una pelota, o corretear a sus amigos, o a las niñas que gritan como locas. No daré más especificaciones de el por que de este nombre, ya que (he de admitirlo) hasta cierto punto me avergüenzan mis pensamientos acerca de la portadora de este nombre… y no es que sean malos y o impropios… solamente es que nose… recordar a esa persona me hace sonreir y no se ni porque.

Y bien, este nombre me ha estado persiguiendo toda la santa semana, junto con el rostro de esa personita.

Dedico entonces este capítulo a esa personita, que no veo hace años, que no se que sea de su vida (en realidad creo que nunca me interesó hasta ahora), que tampoco tiene la menor idea de mi vida (y no creo que le interese) y que bueno… está provocando mucho drama tan solo porque me acordé de ella. 😄

(No, no son traumas de mi infancia, no fue mi novia, ni nada de eso, ni quería que lo fuera, ni me había pasado por la mente hasta ahorita que siento que estoy drogado pensando tonterias XDDD)

Como sea…

Espero que les guste.

🙂

~

[El Escritor:  La historia de un tejedor de sueños.]

Capítulo 7:  Eli.

~

El Sol brillaba por su ventana.

Un gran día acababa de comenzar, y la pequeña niña no quería perderse ni un solo instante: Una fecha que solo sucedía una vez al año, su fecha. Alguna vez, cuando su papá aun viví con ella y su madre, le dijo: “En tu día, todo es posible… así desees volar en los confines de Arabia, o comerte las nubes invisibles de Agrabah, todo se puede… solo es cuestión de que lo desees”.

Abrió los ojos… esos grandes ojitos tornasoleados. Pestañeó un par de veces y sonrió con sus lindos y pequeños labios.

– ¡Mamiiiiiiii! – gritó mientras se bajaba de su camita.

Nadie contestó.

Pensó que quizá su madre se estaría bañando, así que se dirigió a la cocina, tomó su sillita y la puso junto a la puerta del refrigerador. Se subió a ella y tiró con todas sus fuerzas hasta lograr abrir esa gran puerta.

Tomó el cartón de leche y lo puso en la mesa, mientras arrastraba su sillita a la alacena.

Observó detenidamente ese mueble… siempre le había parecido el mueble más hermoso de su casa, amarillo, con cuatro puertas y unas rendijitas desde las cuales podía observar que había adentro. Abrió una de las puertas y buscó su cereal… pero se había acabado.  No le dió mucha importancia y tomó el cereal de mamá, junto con dos platos y unas cucharas.

Buscó los mantelitos plásticos que su madre ponía siembre sobre la mesa y trató de acomodar lo mejor posible sobre ellos los platos, las cucharas y el cereal con leche.

Acomodó su sillita junto a la mesa y se sentó. Comenzó a mover sus piecitos de adelante hacia atrás, mientras tareareaba una canción. Cuando terminó de tararear la canción, se dió cuenta que todo estaba muy silencioso.

Se bajó de su sillita y regresó a su cuarto. Ahí abrió su cómoda y buscó su vestido favorito: blanco con un gran moño rosa.

Tocó la puerta del baño, para saber si mamá seguía ahí… no hubo respuesta. La pequeña abrió la puerta del baño y se dió cuenta que estaba vacío. Pensó que quizá mamá había salido a la tienda, así que decidió darle una sorpresa. Abrió las llaves del agua y movió la palanca para que dejara de caer agua de la regadera y comenzara a llenarse la tina. Buscó una toalla seca se sumergió en el agua tibia.

Volvió a tararear la cancioncita, preguntándose en ¿dónde la había escuchado?

El agua caliente la adormeció un poco, pero no detuvo sus intenciones. Terminó de bañarse y haciendo un gran esfuerzo, se vistió por primera vez en su vida totalmente sola. No olvidó abrochar la cinta de sus zapatitos, puso especial esmero en el moño de su vestido y tuvo un gran cuidado al cepillar su cabello. Dudó un instante al mirar sobre el tocador un par de moños para adornar el cabello, pero al final decidió que se veía más coqueta con el cabello suelto.

Alguna vez, papá le había dicho que las niñas de cabello largo eran las más bonitas.

Con el recuerdo de papá, una lágrima cruzó su mejilla… “Desearía que estuvieras aquí papi” pensó, mientras trataba de imaginarse si en verdad en su día cualquier deseo se podía cumplir.

Mamá aún no llegaba y la pequeña tenía ya bastante hambre. Salió a la pequeña terraza de su balcón y observó las macetas con flores que cada tarde regaba su mamá con mucho esmero. Le pareció buena idea ayudar a su mamá, para que en la tarde pudieran salir a comer un helado. Fue a la cocina y sirvió 6 vasos de agua. Con mucho cuidado, llevó cada uno de los vasos a la terraza y virtió el contenido de cada uno en cada maceta respectivamente. Satisfecha por su trabajo, miró de nuevo las flores, y una en especial llamó su atención. Era una flor blanca, con un centro amarillo. No sabía el nombre de esa flor, pero estaba segura que era la flor más bonita que jamás había visto.

Un ruido desvió su atención de la flor. La puerta del departamento se abrió, y ella esperó un par de minutos.

-¡¡¡¡¡Eli!!!!!-

La pequeña niña corrió al encuentro de su madre, esperando recibir un abrazo, o una sonrisa. Desgraciadamente, lo primero que vió fue la cara de enojo de su madre, mientras esta le gritaba:

– ¿Qué hiciste?, ¿Qué hace el refrigerador abierto?, ¿Qué son estos platos con esta porquería de pasta aguada dentro?, ¿Por qué está mojada la tina? –

Eli corrió hacia la cocina y empujó la puerta del refrigerador. Subió a su sillita y observó que el cereal que había servido para ella y su madre estaba aguado y pastoso.

Fue al baño y se dió cuenta que no había quitado el tapete de encima de la coladera, y el agua seguía ahí.

– Mami, yo te serví el desayuno y mientras llegabas me bañé – dijo la pequeña.

Su madre se detuvo un momento a pensar lo que la niña le acababa de decir, pero antes de que pudiera disculparse sonó el teléfono.

Eli se quedó en silencio, y descubrió que la tonadita que había estado tarareando venía de afuera… quizá del pasillo.. parecen campanitas de un timbre.

Mientras mamá habla por teléfono, Eli abre la puerta del departamento y escucha cuidadosamente. El sonido viene del final del pasillo, muy posiblemente de la última puerta. Caminó lentamente y dudó al mirar la gran puerta enfrente de sí, pero al final se armó de valor y golpeó un par de veces, llamando a la puerta.

La musiquita deja de sonar y a la vez, Eli ya no alcanza a escuchar la voz de su madre al teléfono, así que sale corriendo de regreso a su departamento.

Mamá está encerrada en su cuarto, se escucha que mueve algo dentro del ropero. Eli recuerda la florecita del balcón y sale a la terracita. Mientras está ahí, nota que hay un señor joven en otro de los balcones del edificio. El señor se agarra el estómago, da media vuelta y desaparece del balcón.

La pequeña comienza a tararear de nuevo la musiquita y decide buscar de nuevo el orígen de la misma. Parece que mamá sigue ocupada, así que Eli decide salir nuevamente y aventurarse a tocar esa puerta del final del pasillo.

Ahí está la puerta, tan alta, tan simple… tan intimidante.

“Toc Toc”

-¡¡¡Eliiii, ¿dónde estás?!!!- grita mamá.

– ¡Voooooooooooooooy! – gritó enojado alguien desde el otro lado de la gran puerta.

Sin pensarlo dos veces, Eli sale corriendo de nuevo quedándose con la duda de ¿quién había gritado desde el otro lado? y ¿qué era la tonadita que sonaba nuevamente?.

– ¿Qué hacías afuera? ¿Cuántas veces te he dicho que no te salgas sin vigilancia? – la regañó su madre – Debo salir, regreso en la noche – finalizó su madre mientras caminaba hacia afuera y cerraba la puerta.

– Oye Mami, no olvides que hoy es mi cump.. –

La puerta sonó como si la hubieran cerrado, pero hizo un click extraño. Eli se acercó y se dió cuenta que en sus prisas, su mamá no se había asegurado de cerrar bien la puerta. Curiosa, se asomó y alcanzó a ver al joven del balcón vecino saliendo de la puerta de donde provenía la musiquita. Vió que iba enojado y pensó que quizá se debiera a que “alguien” había llamado a su puerta en 2 ocasiones sin haberse quedado ahí. Eli se sintió culpable y quizo disculparse.

El vecino bajó las escaleras, y Eli quizo alcanzarlo, pero se detuvo: recordó que tenía prohibido salir. Dió media vuelta para entrar al departamento, y lo siguiente que aconteció fue tan espantoso que lo vió como si fuera en cámara lenta…

… a unos centímetros de ella, su puerta se cerró sin que pudiera hacer nada. Estaba afuera del departamento, sola, sin llaves, sin compañía y sin saber ¿a qué hora regresaría mamá del trabajo?. ¿Mamá? ¡Mamá! ¡¡¡La iba a regañar en cuanto la viera afuera!!!.

Eli observó y se preguntó ¿qué podía hacer?… Nada. Le daba miedo tocar las puertas de los demás vecinos para pedir ayuda… los extraños la aterraban… el simple hecho de imaginarse dentro de otro departamento con alguien desconocido esperando a mamá la aterraba. Derrepente, algo nubló su vista y humedeció sus mejillas: lágrimas.

Se sentó en la escalera y dejó que el llanto le hiciera compañía durante las siguientes horas.

No supo cuanto tiempo había pasado… seguramente una eternidad. Escuchó unos pasos a su lado, una puerta abrirse y cerrarse casi de inmediato. Los pasos volvían sobre sí, lentamente. El sonido del caminar de esa persona se detuvo justo a su lado, para dar paso a algo que le dió a Eli la idea de que se sentaron a su lado.

– ¿Qué tienes pequeña? – dijo una voz amable y calmada.

Eli siguió llorando, hasta que se agotaron sus hermosas lagrimitas. Su respiración se normalizó y se tranquilizó un poco. Se atrevió entonces a mirar a su lado y se dió cuenta que el señor del balcón estaba junto a ella, recargado sobre sus piernas (de él) y dormido. “Así de cerca se ve menos grande” pensó Eli y sonrió.

Se levantó y acercó a la puerta de su departamento. Comenzó a recorrer con sus deditos la manija. Jugueteó un poco con su contorno, hasta que se le ocurrió presionar la pequeña palanca encima del picaporte. Hizo click y la puerta se abrió.

– ¡Oh! – dijo ella y empujó la puerta, miró al joven sentado en las escaleras y dudó. Escuchó la voz de su madre acercarse, entonces dejó de dudar y se metió al departamento rápidamente. Se tumbó en el sillón y prendió la televisión.

– Eli, cierra los ojos – dijo su madre mientras se acercaba

-¡Felíz Cumpleaños! – dijo su padre

Eli abrió los ojos muy contenta y abrazó a sus padres.

– ¿Quieres pastel? – preguntó su madre, mientras le mostraba una gran caja.

–  ¿O prefieres abrir tu regalo primero? – le dijo su padre mientras se reía.

Antes de decidir, Eli recordó algo. Abrió el ventanal del balcón y cortó la hermosa flor que había estado mirando en la mañana.

– ¡Heyy!! ¿Por qué cortaste mi Margarita? – le dijo sorprendida su madre.

– Ahorita regresooooooo – dijo Eli, abrió la puerta y corrió al fondo del pasillo. Tocó la puerta. El joven que la acompañó toda la tarde abrió y la miró sorprendido.

Con uno de sus deditos, Eli le indicó que se agachara.

– Gracias por tu compañía amigo – le dice mientras le entrega la flor y le da un abrazo caluroso. – ¡Hasta mañana! – añade, da media vuelta y se va.

El joven se queda plantado en el umbral de su puerta, mirando como Eli se aleja por el pasillo y entra a su departamento sonriendo.

Sus padres la observan un poco desconcertados…

– ¿Qué fue eso? – pregunta su padre

– No tengo la menor idea, pero se llevó mi flor más bonita… – contesta su madre

– ¿Y el pastel? – pregunta Eli mientras salta sobre los sillones.

El resto de la noche transcurrió tranquila. Eli durmió muy tranquila y soñó con libros y flores… nunca supo porqué… es más: a la mañana siguiente no recordaba su sueño, pero sí recordaba a su nuevo amigo.

~

~ Alfred ~

Dedicado también a la persona más importante en mi vida desde siempre: Mi hermano. Se que no le gusta lo que escribo, y que dificilmente me lee (no importa). Pero no deja de ser la persona más importante para mi que existe (y que me perdonen mis padres, espero no se me ofendan XD). Siempre fue mi compañero de juegos, mi confidente, mi cómplice de travesuras, el que me encubria en algunas tonterias, el que me hacía cubrirlo en otras… el que me aprendía las malas mañas (o me enseñaba otras), el que me aprendía cosas buenas (y me enseñaba otras tantas). A fin de cuentas mi complemento (hasta hace un tiempo). La gente crece y sus intereses cambian. Pero no por eso dejo de ¡QUERERTE UN CHINGO CABRÓN! Y espero me permitas dedicarte este capítulo de mi historia (que bien no vale gran cosa) pero quiero expresarte de algun modo lo importante y especial que eres para mi.

¡Felíz cumpleaños! ¡Felices 18!

No olvides que siempre, SIEMPRE puedes contar conmigo, por más difícil que parezca: Siempre estaré para tí.

~14/06/2010~

[EEC] Capítulo 6: Un trozo de papel.

¡¡¡Chachachannn!!! Después de… no se cuantos meses de nada interesante (o quizá de nada que en verdad quieran leer) aquí está (por fin!!) el capítulo 6 de la historia de El escritor. Si bien no es la primera idea de capítulo 6, ni la segunda, ni la tercera (que siguen incompletas en mi panel de borradores del blog XD), este salió bastante fluido con su idea original y no estorba en la trama que tengo planeada 🙂 .

Ufff, tengo un montón de ganas de dedicar este capítulo a muchas personas. En primera, porque las dedicatorias originales expiraron, y ahorita hasta se van a ver raras…

Pero, ¿saben qué?

¡No importa! Jajaja, así pues:

1) A mi estimadísima Luisa, porque en Febrero fue su cumpleaños y este capítulo debió salir el día de su cumpleaños con dedicatoria de regalo. Si bien te felicité ese día, lo hago nuevamente casi 2 meses después, tan solo por el gusto de poder hacerlo. XDDD

2) A una nueva amiga: Ilse. En primera porque cada que tengo una nueva lectora (es verdad, solo me leen mujeres XD) pues le dedico una entrada, en segunda porque la forma en que la conocí es bastante cómica y curiosa (XD X2). En tercera, porque es una excelente persona, y espero que sigamos siendo amigos mucho tiempo. En cuarta, bueno no hace falta decir mucho, sabes lo que pienso (=^-^=) .

3) A mi madre. Y no es la dedicatoria comun y corriente que hace todo artista a sus padres y a su manager. No, en realidad quiero dedicar este capítulo a mi madre, porque si bien siempre me ha apoyado en todo lo que hago (y hasta en lo que no hago) estos últimos meses de mi vida la he sentido conmigo todo el tiempo, relacionada con muchas de mis decisiones y actividades que han estado marcando mi vida últimamente. ¡Gracias madre!. (y ojo, sin quitarle mérito a papá, ni a mi hermano, ni al Sokiz XD)

4) A quien después de tanto tiempo sin lectura decente, tenga el valor de leer este capítulo y los que sigan, por el simple hecho de ser perseverantes, pacientes y por creer en mí y seguir acompañándome en este proyecto y sueño.

5) A mi novia. Por el simple hecho de que no lee lo que escribo, nunca lo ha leido, ni le interesa en lo más mínimo (y sí, me lo ha dicho de frente). Y porque tampoco tengo esperanzas de que algún día vea lo importante que es esto para mí. (ojo, no estoy ardido ni pretendo que suene a reclamo, solo quería dejar una dedicatoria sarcástica XD). Y porque quizá nunca lea esta dedicatoria.

6) A Fanny. Porque lleva tiempo leyendome y nunca le había dedicado nada, porque hace algunos meses pensó en el camino que quería seguir y tomó una decisión… que ya no está siguiendo. Porque la considero una gran amiga, y de todo corazón espero que piense bien lo que está haciendo y no eche a perder su vida por el “simple” hecho de darle gusto a un par de personas, porque se que eres capaz de salir adelante y mejorar… ánimo.

7) Al Sokiz: Porque cuando ando depre, tristón o cualquier cosa, me da mi patada reglamentaria en la tatema y me dice: ‘orale tío no manxes wei, exale ganas eeee’. Y me alegra el día. 😛

¡Bueno ya, jué muxo ps!

¡Gracias a todos!

¡Tercera llamada, comenzamos!

🙂

~

[El Escritor:  La historia de un tejedor de sueños.]

Capítulo 6: Un trozo de papel.

~

Hora de la comida.

Salí de la oficina rumbo a un puestecillo de huaraches y gorditas que está cruzando la avenida principal. Nada fuera de lo común, pero hoy simplemente tenía ganas de un poco de folklore.

Y ¡vaya!, sí que había folklore. ¿Alguna vez les he dicho lo mucho que me gusta la música en marimba..? pues nada, me encanta, y al parecer corrí con suerte, pues en la esquina había una marimba tocando algo de música. La temperatura era perfecta para estar toda la tarde en ese local comiendo y escuchando música.

Me senté en un pequeño tocón de madera que estaba acomodado perfectamente en una esquina del local. Ordené y cerré los ojos mientras tarareaba la melodía que producía la marimba… parecía una tarde perfecta.

Mientras esperaba mi comida, me dí cuenta que en una de las mesas cercanas se encontraba una pareja joven, ninguno de los 2 mayores a 20 años, quizá en edad de bachillerato, o quizá ya universitarios. Él la miraba enamorado mientras trataba de llamar su atención con dulces palabras. Ella se limitaba a escuchar, sin prestarle mucha atención, aunque claramente noté que estaba fingiendo su actitud.

El joven tomó una guitarra (la cual estaba detrás de él, y hasta ahora no me había percatado de su presencia) y comenzó a tocar unos acordes.

No soy un experto en música, pero con seguridad puedo decirles que la voz del joven dejaba bastante que desear. Me recordó a los vagabundos que se suben a los camiones pidiendo una moneda y cantando lo primero que les pasa por la mente… aunque debo reconocer que algunos en verdad cantan bien. En fin, después de tocar y cantar algo que no reconocí – y que por cierto, no me permitía escuchar claramente la marimba – la chica se levantó enfadada y salió del local.

Él dejó unas monedas sobre la mesa, me miró extrañado, como si hubiera visto algo raro. Tomó sus cosas y salió en busca de su amada.

Tras observar esta escena, pude ver que abajo de la mesa que acababan de desocupar, había un pequeño trozo de papel. Llámenme metiche, pero quize tenerlo en mis manos, para poder leerlo.

Dudé un momento, pero escusandome en que no soy un gato y no puedo morir por curioso, me levanté de la silla y tomé el trozo de papel en mis manos. Me llamó bastante la atención, era un manuscrito (y no presisamente antiguo). Por los manchones de lápiz y el rayado irregular pude notar que lo escribió alguien en un momento de inspiración bastante irregular, tratando de escribir y describir sus sentimientos para alguien… quizá una carta incompleta… que nunca sería entregada.

“No pretendo seducirte, enamorarte, ni hacer mal uso de las palabras. No van con ninguna intención oculta, fuera de lo que puedas leer. Solo quiero transmitirte mi sentir y pensar. ¿Estás deacuerdo en eso? Espero que sí…

Necesito que mi nueva Musa esté bien, que sea felíz, que esté alegre… que me transmita felicidad, que me de paz, que me convierta de nuevo en el músico estable que casi fuí…

¿Sabes? Es muy difícil encontrar a la Musa correcta. Realmente no se si sea necesaria en específico una Musa para alimentar mi ser, pero se que para bien o para mal, mi música siempre está hecha para y por mis seres queridos.

Tomo siempre elementos de un lado y de otro para poder componer una canción… en algún momento de mi vida, un amigo mayor que yo me leyó pedazos de una historia, en la que se mencionaba al “tejedor de tinta”. Mi amigo quizo acoplar la idea de esa historia en sí mismo, pues deseaba ser escritor y usar el sobrenombre de “tejedor de sueños”. Aun recuerdo sus palabras -“Hilar e hilar finos y delgados hilos de los cuales penderán las ilusiones y deseos de las personas, tener la capacidad de transportar a un plano paralelo la imaginación de los lectores…” –

Crear algo diferente… eso buscaba él. A diferencia de mi amigo, yo nunca he podido crear nada desde cero, si uso su analogía, tendría que deshacer algunos sueteres para poder tener mis primeros ovillos de lana… Pero nunca pude tejer la primera nota correcta que pudiera endulzar tus oidos. No tengo esa capacidad, siempre he de deshilachar canciones viejas para poder transformar una nueva, absorver felicidad e ilusiones de otros para moldear las mias

Pero se acabó… hoy encontré una Musa, la cual me dió esperanza y un nuevo motivo para creer que todo es posible. Aunque mi Musa me rechaza y se desvanece para dejarme solo en la penumbra sin poder caminar más…”

Me sorprendí bastante. Y no solo por el texto, sino por la historia mencionada… YO era ese amigo, YO conocía la historia del “tejedor de tinta”, YO deseaba ser el tejedor de sueños… El rostro del joven mirándome extrañado fue la pieza del rompecabezas que aumentó mi extrañez. Por eso me había mirado raro, porque mi rostro le resultó conocido… pero… ¿quién era él? ¿cuánto tiempo tendría aquel encuentro?. Yo había leido esa historia en mis últimos meses de preparatoria, casi podría decir que hace un par de siglos.

En la pequeña bolsa de mi camisa colgaban una pluma y un lápiz. Por un instante, habría jurado que ambos me miraban y me decían: -¡Úsanos, tú sabes cómo!- pero quizá no hizo falta haber imaginado esa escena pues la “magia” comenzaba a fluir en mis dedos.

Decidí continuar el texto, a mi modo… opté por usar el lápiz y pensé en una Musa para mí, siguiendo la idea de mi… amigo.

“Alguien me tendió la mano, y me ayudó a salir de ahí… pero solo para dejarme varado en un sendero aun más obscuro. Podía ver, pero me negué a abrir los ojos y mirar la realidad.

Varios espíritus me rodearon y quisieron darme ilusiones, pero ninguno me llenaba… ninguno me satisfacía ni me convencía para abrir los ojos nuevamente. Comenzé a caminar y tropezé en el camino, pero nunca caí…

Me arrastré por muchos kilómetros, tratando de encontrar una bella voz que adormeciera mis pensamientos y mermara mi soledad.


Y ahí estaba. Derrepente la escuché. Pero no era una voz alegre ni llena de vida como esperaba. Era otra voz triste, desilusionada, herida fuertemente.

Quedé prendado de esa voz… una voz que hería, pero a la vez sanaba. Un voz que se lamentaba con alegría.”

Pensé un instante en la contradicción de mi escrito (y también en la redundancia del mismo) y no llegué a nada, así que decidí continuar:

“Me dejé llevar y escuché la letra de ese dulce canto. Era una voz de mujer, una mujer con el corazón roto, con las ilusiones perdidas y con el dolor de un engaño.  Un engaño que emanaba de sus cuerdas vucales.

Le dolía mucho. Por un momento, olvidé mis viejos achaques y quize saber los motivos de ese canto. Aun sin abrir los ojos, me dejé llevar por el corazón. A cada paso, esa voz se hacía más y más audible.

Decidí entonces que era el momento… y abrí los ojos.

Observé, ahí estaba ella. Hermosa, rebosante de luz y energía. La miré fijamente a los ojos mientras ella sin distraerse seguía cantando. Me enamoré de su causa y quize robarle su energía… pero no pude, puse su alma pura e incorrompible estaba sellada. Me sentí felíz, pues no podría tomar elementos de ella, pero sí podía crear nuevamente algo. La Luz venía a mí.

Su canto se detuvo y percibí algo… la Luz no venía hacia mí, la Luz ya estaba en mí… solo tenía que confiar.

Aun así, ella era real, tangible… y hermosa.”

Terminé de escribir y me percaté que el papel tenía algo escrito del otro lado. Le dí la vuelta y leí:

“En realidad, eres una persona desinteresada que me hizo recordar lo bonito de la vida cuando nos está llevando la chingada. Me hizo recordar que no soy el único que recibe patadas en el… corazón. Que los demás también sienten, y que también les duele. Que se puede sonreir y hacer neuvos amigos, resultado de las nuevas experiencias.

Solo para finalizar: Gracias por aparecer en mi vida. Si bien no hemos convivido mucho aun, si bien nuestros encuentros han sido raros, se que eres un persona especial, con deseos, sueños e ilusiones. Una persona que no se derrota fácilmente, y eso para mí tiene un gran valor, porque pocas personas así hay en la vida. Y es para mi un honor conocer a una de ellas.

Por esto y mil razones más, te entrego este día mi canción y mi corazón, deseando que estes a mi lado por el resto de nuestras vidas.”

Mi estómago dió un salto. Creí que el texto me había causado una fuerte impresión, pero no… en realidad mis gorditas acababan de llegar y mi estómago me avisaba que era momento de dejar de leer y empezar a comer.

Mientras masticaba mis deliciosos alimentos, trataba de recordar el nombre de ese joven y el lugar en el que pudimos habernos conocido… pero simplemente me resultaba imposible.

La música de la marimba cesó, para dar paso a un silencio bastante tranquilo. El viento soplaba y movía las copas de los árboles. Después de las gorditas continué con un par de quesadillas y un huarache… quizá parezca demasiado, pero las energías se me fueron totalmente en cruzar la avenida. Pagué y salí de ahí.

En la acera, había una guitarra rota, y el joven llorando. No supe si debía hacer algo, así que me limité a acercarme y tenderle el trozo de papel que habí dejado en el local.

Con los ojos llorosos observó el papel, las anotaciones y me miró.

Se levantó, tomó los restos de su guitarra.

– Gracias – me dijo y caminó hacia la esquina, abordó un camión y se alejó junto con mi último minuto libre.

Regresé a la oficina deseando recordar el nombre de ese muchacho, pero olvidé el incidente apenas observé la pila de pendientes que tenía en mi escritorio.

¡Será en otra ocasión!

~

~ Alfred ~

LOL 嗨, 媽媽,我是學習計算機科學。XD

[EEC] Capítulo 5: Inocencia.

Hej!

(¡Hola! en Danés)

Aquí está el capítulo 5 de la historia del escritor.

Este capítulo es un poco distinto, pues el protagonista vive un día diferente, sin pensar en escribir.

También, se desencadenan ciertos sucesos que propícian la aparición de un nuevo personaje que estoy diseñando y espero les guste.

Solo adelantaré que este personaje es femenino (ya leerán) y estoy en un dilema… ¡No se qué nombre ponerle!. Y vamos, que nombres en mente, tengo. Pero siempre he tenido un gran problema para darle nombres a mis personajes, ya que los que suelo elegir siempre “pertenecen” a alguien que conozco, y esto propicia que los lectores comienzen a rumorar cosas sobre un servidor y las personas con esos nombres.

Además, el nombre que busco para este personaje, es especial (no es que el resto no lo sean… pero creo que entendeis a qué me refiero) .  Así que les invito a sugerirme nombres (por favor). No se limiten, puede ser uno o varios nombres. Eso sí, agradeceré que me den razones de porque les gusta ese nombre, que características creen que tiene una persona con ese nombre. No pretendo que desarrollen mi personaje, pues ya lo tengo estructurado, el chiste es ver que nombre con las características que mencionais se acopla mejor a mis deseos.

(También podeis leer los comentarios de los demás lectores y apoyar su sugerencia)

No es concurso, así que no necesariamente el nombre con más “votos” ganará…

Jejeje… basta de rollos, espero me ayuden ^^.

Con ustedes, el “capi” 5.

~

[El Escritor:  La historia de un tejedor de sueños.]

Capítulo 5:  Inocencia.

~

Estoy sentado, ¿adivinen donde?. Suena el teléfono y no puedo contestar. Curiosamente, también llaman a la puerta y no puedo atender. Al parecer lo que comí no me sentó bien y ahora no puedo pasar más de 5 minutos fuera del sanitario.

Cesan los golpes. Llego a la puerta, abro y no hay nadie.

Regreso y observo las nubes por mi pequeño balcón. Un dolor invade nuevamente mi estómago y debo correr de vuelta al baño.

Sufriendo sufriendo, vuelvo a escuchar el golpeteo en la puerta.

– ¡Voooooooooooooooy! – grito enojado mientras termino de abrocharme el pantalón.

Abro la puerta, y alcanzo a mirar correr por el corredor a una niña pequeña. Lo que faltaba, yo corriendo y tan solo era una broma.

Vuelve a sonar el teléfono y atiendo con bastante enojo en la voz.

– ¿Diga? –

– ¡Hola! – dice una voz femenina.

– ¿Qué desea? – respondo aun molesto.

– Oh.. perdona, si te molesta que te llame no vuelvo a hacerlo. – finaliza ella y cuelga.

Me pongo más furioso aún, sin pensar siquiera en quién podría haber sido.

Corro nuevamente al baño, pensando en conseguir un refresco de cola y un limón para cortar esta maldita diarrea que me está atormentando.

Tras unos minutos, salgo de mi departamento. Siempre me he preguntado ¿cuál es la necesidad de tener un nombre distinto para el lugar donde vivimos? departamento, casa, hogar, residencia, etcétera. Originalmente las diferencias eran en tamaños, pero hoy día existen casa de interés social bastante más pequeñas que los departamentos de lujo con penthouse y alberca que tienen algunos empresarios…

Cruzo la calle y observo un grupo de niños sentados sobre la acera. Si logro identificar en qué departamento vive la niñita que estuvo tocando a mi puerta, iré a decirle que afuera hay niños para jugar, en vez de estar molestando, estoy muy ocupado para que me hagan eso.

Compro y me tomo el remedio casero que siempre me ha servido y me recargo en la pared de la tienda a mirar un poco a los niños. Sorprendido, observo como entre varios comienzan a golpear al más pequeño de ellos. Corro hacia allá y en cuanto me ven se echan a correr, incluido el niño golpeado. ¡Vaya! niñatos agresivos.

Regreso al edificio y encuentro en las escaleras a la pequeña traviesa sentada y llorando. Sigo de frente hasta mi puerta y me detengo un instante para pensar mientras la abro. El llanto de esta niña no parece berrinche, pues no está llorando fuerte. Llora en un tono muy bajito, no pretende llamar la atención… pero algo le duele. Parece que mi diarrea se ha ido, llevándose mi enojo. Cierro mi puerta y regreso a las escaleras.

Me siento a su lado y le digo

– ¿Qué tienes pequeña? –

Ella sigue llorando, sin articular palabra. Me pregunto si será buena opción abrazarla… pero desisto pues no la conozco y no quiero meterme en problemas. Permanezco sentado a su lado mientras el tiempo es testigo de su llanto y mi silencio.

Abro los ojos, todo está obscuro. Al parecer me he quedado dormido en la escalera y la niña ha desaparecido. Vale… mejor meterme a mi departamento.

Enciendo mi computadora y reviso mi correo. Nada interesante. Me pongo en línea en la mensajería y están las mismas personas de siempre. Saludo a un par y recibo saludos de otro tanto.
No hay mucho que hacer y no me apetece prender el “taravisor”. Apago la computadora y cierro las cortinas de mi balcón. En ese momento, llaman a la puerta y recuerdo lo acontecido en la tarde. Acudo sin muchas ganas y abro la puerta.

Para mi sorpresa, está parada la niña y lleva consigo una flor. Me mira fijamente, y me pide que me agache.

– Gracias por tu compañía amigo – me dice mientras me entrega la flor y me da un abrazo caluroso. – ¡Hasta mañana! – añade, da media vuelta y se va.

Me quedo plantado mirando como ella camina por el pasillo.

Cuando la pierdo de vista, observo la flor.

Es la flor más bonita que jamás había visto en mi vida.

~

~ Alfred ~

[EEC] Capítulo 4: Recuerdos.

¡Hola, gracias por leer!.

Primero que nada, creo que es necesario pedir disculpas por el capítulo 3. Es aberrantemente horrible XD. Lo que quizá les parezca interesante, es que el propósito del mismo era ser desastroso e intentar desvincularos de la idea del capítulo 2. Pero nada, ni siquiera eso he podido hacer, así que quedará solo como un capítulo sin chiste. Bueno, en realidad si tiene chiste… y es lo único que tiene, un chiste mal hecho. Jaja.

Después, deciros que este capítulo estaba casi listo a principio de semana, pero un distractor me hizo dejar la escritura de este capítulo. ( Pero ya está 😛 )

Y aun con el fracaso del capítulo anterior, les agradezco mucho el que me pidieran durante estos dias la publicación de algo nuevo, eso es muy valioso para mí, gracias. (en especial a  Tornasol que diario me estuvo picando y hasta hizo berrinche  para que volviera a escribir y dejara los videojuegos. )

Mejor, pasemos pues al capítulo 4, que como siempre, tomó un camino que no tenía planeado cuando comenzé a escribir… y acabó siendo otra cosa. Espero les guste 😉

~

[El Escritor:  La historia de un tejedor de sueños.]

Capítulo 4: Recuerdos .

~

Aun no es mediodía, pero yo ya me siento mentalmente agobiado.

Sin muchas ganas, decidí salir de casa a refrescar mis ideas. La mañana era propicia para sacar a pasear al perro, o dar una buena caminata por la cuadra. ¿Mi destino? Una cafetería que estaba algunas calles hacia abajo. No es que me guste mucho el café, en realidad siempre he preferido las malteadas y el pastel de chocolate ; afortunadamente es sencillo encontrar esto en casi cualquier cafetería común y corriente.

Bajo mi brazo, un cuaderno y un par de plumas, por si la inspiración me llegaba y decidía escribir algo.

Mientras camino, observo mi entorno, pretendiendo tomar alguna idea del mismo para escribir algo que valga la pena, y ¡por fín! llevarlo a alguna editorial a revisión y ver el sueño de mi vida hecho realidad. Pero es más difícil de lo que pensé alguna vez. Ni siquiera estoy pensando en la editorial, o que podría ser rechazado, No: lo difícil es escribir algo decente.

En muchas ocasiones, recuerdo palabras de amigos, amigas, familiares; sobretodo en este momento me vienen a la mente la voz de mi madre, cuando me dijo: “Tú deberías escribir cuentos infantiles”. Si bien el imaginar colores y dibujos me resultaba sencillo, mi deseo no moraba con la escritura infantil, pues aunque es algo muy bonito, mi deseo es el de atrapar al lector, amarrarlo con las redes de mis palabras, tomarlo con los brazos de mis letras y no dejarlo ir. Y mi ambición es mayor aun, quiero tener atrapados a los mejores lectores del mundo, a los de verdad, a los apasionados. No quiero escribir un libro que se ponga de moda y venda millones con su película, no pretendo que mi libro esté en los estantes iluminado por ser la novedad… no… mi deseo es alimentar la imaginación de cada persona, embelezarlos con mis deseos, con mis miedos, con mi felicidad. Lograr que se identifiquen con lo que leen, y que al final puedan decir: “¡Quiero más!”. Ese, es mi deseo.

Mientras pienso todo esto, un jóven tropieza conmigo. Se disculpa conmigo y me doy cuenta que lleva consigo un libro. Le pido me permita mirar el título: “Diario de una loca”. Le agradezco y sigo caminando. Recuerdo haber leido ese libro hace ya algunos ayeres. También recuerdo muy bien uno de los capítulos, “La Penumbra“, vaya que sí… me pongo a pensar en la posibilidad… um… ¿acaso una daga puede quitarnos el sufrimiento?. Lo dudo, tan solo es una huída de nuestros problemas.

Por cortesía, acepto la carta que me ofrece la señorita que está atendiendo; en realidad ya se que pediré, pero aun así tonteo un poco y pongo cara de indecisión.

– Mmm… difícil, difícil… ¿qué me recomienda usted? – le pregunto

Ella sonríe y me sugiere unas crepas con licor de naranja, con un capuccino natural.

– Suena bien, pero esta vez pediré una malt… – comienzo a decir, pero me interrumpe.

– Una malteada de chocolate, y un pastel de doblechocolate, ¿correcto? –

Pretendo enojarme, pero la cara de travesura que tiene la mesera me hace reir un poco.

– Creo que me estoy volviendo cliente frecuente aquí, ¿verdad? Espero que pronto comienzen a hacerme descuentos especiales – le respondo a la mesera, alzando un poco la voz.

– En seguida señor – me dice ella aun sonriendo, y se retira.

Trato de recordar nuevamente un poco sobre el libro de Eritia, específicamente sobre el pasaje de la daga. Claras como el agua acudieron a mi ciertas frases que escribí alguna vez al leer ese capítulo:

“Una vez que te has alejado, observa mi agonizante partida… y regresa una vez más a mi lado para dejar caer una lágrima tuya, una lágrima pura sobre este impuro ser que soy.

Levanta la daga por última vez, y corta de mi pecho un trozo, toma con tu mano mi corazón ya sin sangre y muéstralo al mundo.

Enseñales el corazón de aquel que sintió lo que no debía, y deseó sentir otras cosas. Enseñales a todos, que estamos hechos de sentimientos , y que no podemos dejarlos nunca atrás. Dales una lección, y conserva mi corazón contigo… pues siempre mi corazón fue tuyo.

Adios.”

Leí y releí esas palabras y me pregunté si aún tenía la capacidad de escribir cosas tristes. No hubo que pensar mucho, escribir cosas tristes es tan sencillo… cuando estás triste. Suena redundante, pero así es. A veces escribimos según el humor en el que nos encontramos, referido a nuestros pensamientos. Pero no, hoy no quiero escribir de nada triste.
Recordé que años atrás, cuando escribí esas líneas, se encontraba conmigo una gran amiga; ella siempre leía todas mis libretas, lo que escribía fuera bueno o malo. Ella, junto con más personas especiales, siempre me alentó a continuar por este camino. Presisamente, en esa ocasión leyó la frase que escribí e hizo una sugerencia de corrección al final de la línea.

Entonces, taché las ultimas palabras y leí nuevamente:  “Dales una lección, y conserva mi corazón contigo… pues mi corazón… Siempre, siempre: fue tuyo…

Sonreí y me pregunté ¿qué habría sido de ella?; mi amiga Gladis… después de que terminó la construcción de su hospital pediátrico, perdí comunicación con ella.

Mis pensamientos se ven interrumpidos por la llegada de mi malteada y mi pastelito, los cuales paladeo gustosamente cual niño chiquito comiendo golosinas… ¡Oh! si me viera mi madre, diría que sigo siendo el mismo de ayer.

Observo a la mesera… en verdad es muy linda, es tan alegre… me agrada. Pago la cuenta y salgo de ahí, listo para regresar, aunque sin nada nuevo escrito. Sin embargo, estoy contento y despejado.

Miro hacia el cielo y lo único que puedo preguntarme es: ¿acaso mi corazón algún día se fijará en una única persona y dejará de enamorarse de todo el entorno?

Como siempre que acude esa pregunta a mi mente, me respondo con lo mismo: “El tiempo lo dirá”… aunque, hasta ahora… no ha sabido decirmelo con certeza.

~ Alfred ~

[EEC] Capítulo 3: Obscuridad.

Hola nuevamente. ¿Alguna vez les he dicho que esto de escribir me gusta? Bueno, pues es verdad… me gusta. 😄

Tengo 2 semanas libres, y espero poder ocuparlas en hacer algo de calidad, algo como lo que se merecen leer.  Aprovechando el texto que no tiene nada que ver, les comento que me encontraba pensando en ideas para darle un sabor interesante al capítulo 3, y vacío vacío totalmente, las ideas las fueron dando ustedes mismos (mismas, porque parece que solo me leen mujeres XD), bueno el chiste es que leyendo los comentarios que amablemente dejais aquí, más otros cuantos en mi bandeja de correo y un par más en el messenger, la mayoría coinciden en que les gustaría ver una continuación de la minihistoria plasmada en el capítulo 2.

Sepan que la idea no era esa, pues la inspiración para ese capítulo vino en un solo instante (sigo esperando que aparezca la Musa de ese momento para compartirle la entrada) y no ha regresado. Pero, pero, pero, pero (benditos peros) siempre está la opción de intentar escribir lo que el público desea leer (¡Ohh si!), entonces… para su deleite, aquí estááááá…

Nop, nada, os he piñado 🙂

La historia continúa el hilo que diseñé originalmente. Pero, a petición de vosotras, le daremos matices románticos (¿cursis?), se puede (no olviden hacer sus comentarios y peticiones al final de leer xD). No es mala idea meter un personaje protagónico femenino que traiga de cabeza a nuestro escritor… por lo pronto, me dejo de palabrería y pasemos a los agradecimientos y dedicatorias de esta ocasión.

Dedicado, a todas las personas que tienen un amor secreto… y no solo por otra persona; sino aquellas que son capaces de amar un buen libro, aquellas que aprecian las bestias mitológicas, aquellos que temen por lo común, pero aun así enfrentan la realidad. Dedicado a las personas que son capaces de hacerse una primera impresión y no juzgar con ella, sino observar y aprender de los demás. Para aquellos que se permiten sorprenderse día a día. (esto ya parece comercial… mejor ahí le paramos. Pero quien deba recibir la dedicatoria, ya entendió a quien va 😛 ).

Un agradecimiento a Eritia, por soltar el tema de este capítulo “sin querer queriendo” (a ver que te parece la forma en que … desastre, ya verás… xD ). Ah, y gracias a mi superprima Jessy, y a Gladis por su emotiva forma de solicitar continuación al capítulo anterior.

Puf! 400 palabras ya, y yo que no comienzo el capítulo. Ya, ya… aquí vamos xD

~

[El Escritor:  La historia de un tejedor de sueños.]

Capítulo 3: Obscuridad.

~

Camino al trabajo desganado, y no porque no me agrade mi trabajo. El recuerdo de la noche anterior aun está vivo en mi mente. Falto de energías, sonrío mirando al horizonte y pienso en la palabra “esperanza”. Es una palabra simplemente, pero siempre albergamos en ella muchos deseos, anhelos y demás cosas que, impacientes queremos que sucedan en algún punto del tiempo.

Llego a la oficina, reviso los mensajes y encuentro un paquete delgado, ¿remitente? ¡Oh!… bueno, ustedes saben… ella. El mensaje consiste en una fotografía de ella sonriendo, con una dedicatoria detrás de la misma.

Con tan solo leer sus palabras, una energía recorrió totalmente mi columna vertebral de una forma hasta cierto punto… excitante.

“Permítete la libertad de darle rienda suelta a tu deseo, y deja que la noche sea confidente de nuestro secreto.”

Aparte de la frase, también estaba su nombre y una estilizada firma con un curioso murcielago rematando una de las letras.

Al observar el murcielago, quize imaginar una escena clásica en un castillo de Transilvania, con un combate de dos caballeros, un duelo a muerte en el que uno resulta un vampiro y el otro un hombre lobo. Pensé que quizá lo que alguna vez fueron libros de culto, hoy día ya no tenía ningún respeto.

Fue entonces cuando me plantee la idea de escribir una historia de vampiros, intentando emular las viejas tradiciones. Me asomé a la oficina de junto y noté que el jefe estaba peleandose nuevamente con la computadora, lo que me daba un espacio de 45 minutos para escribir a mis anchas, antes de ser llamado para encontrar algún cable desconectado… cosas de rutina.

Cruzé la puerta de mi oficina, y me senté en mi comodísimo sillón (oh si, en verdad que es cómodo). Giré un par de veces y sonreí. Cuando el sillón dejó de girar me sentí como un niño pequeño listo para hacer una travesura. Encendí mi computadora, y divagué sobre un buen nombre para mi personaje.

Sinceramente no me reventé la cabeza, dado que la historia sería un boceto, el nombre no importaría tanto, así que tomé lo primero que me vino a la mente “Alucard”. Vaaale, en todos los videojuegos, el “wampiro” se llama Alucard… ¡Qué poco original estoy siendo!… pero entre mis opciones de “VladDracvl” y “Nosferatu” no había mucha diferencia…

Recordando lo que había sucedido con lo último que escribí, decidí que era mejor tener el texto en la computadora, así ni se lo daría a nadie, ni se mojaría en caso de que lloviese. Junté un par de ideas y comenzé a escribir:

“Corría el mes de Enero; un frente frío azotaba la región, impidiendo que las crías del vampiro salieran a alimentarse. Alucard, harto de los chillidos de sus pequeñas criaturas, decidió salir a probar suerte en el pueblo más cercano. ¡Que recuerdos venían a su mente cuando pensaba en su vieja Rumania! La turba de personas le tenía tanto miedo que, habían ofrecido entregarle cada mes a un par de sus animales, para que no atacara a las personas.

La sangre animal no era una delicia como la humana, pero era mucho mejor que estar recibiendo tiros, buscando presas y todo ese relajo. Ya no era un vampiro con la juventud a flor de piel, y realizar todo ese trámite era cansado y tedioso, ya no había adrenalida de por medio.

Vivir en una cueva tampoco era presisamente agradable, siendo el príncipe de las tinieblas merecía algo de mayor categoría. Desgraciadamente, los tiempos que corrían no estaban hechos para un vampiro. Las personas iban de un lado a otro en la calle sin observar, los niños ya no se asustaban fácilmente. Alucard podía pasearse por la calle y las personas lo tomaban como un loco disfrazado para día de muertos.

La idea de conseguir un trabajo y un lugar donde vivir rondaba por la cabeza de Alucard, y…”

Un grito me distrajo de la escritura. Me asomé por encima del monitor y vi que el jefe estaba hecho una furia.

Me levanté y caminé hacia él para tratar de solucionarle la vida, pero mi intento se vió frustrado por algo que estaba en mi camino; me tropezé.

Al jefe se le olvidó su enojo cuando me vió tropezar tan graciosa y estúpidamente con un cable, comenzó a reirse con ganas y se acercó a mi oficina con el afán de ayudarme a estar en pie nuevamente.

– Creí que yo me tropezaba torpemente con mi trabajo, pero lo tuyo es magistral – me dijo a carcajadas mientras me tendía una mano.

– Menos mal que le he quitado el enojo… – le respondí irónicamente.

Salí de mi oficina y le resolví el pequeño percance al jefe… nada importante, había extraviado una tabla en su carpeta de fotos personales.

Regresé a mi silloncito para llevarme una sorpresa: Mi computadora estaba apagada.

El cable con el que me había tropezado era el del nobreak y al caer lo había desconectado.

~

~ Alfred ~

[EEC] Capítulo 2: Un Amor Platónico

Listo está el capítulo #2 de la historia de “El escritor”. Como podrán ver tiene mucho más texto que el primero y hay un cambio notorio en el contexto. Me pareció que la forma en que escribí el primero fue confusa, así que trato de repararlo aquí.

Agradezo como siempre a todas las personas que se toman la molestia de leerme, pero en esta ocasión un agradecimiento especial para mi amiga Viri, porque me dió muchos elementos para crear esta historia [Gracias]

Espero puedan disfrutar leyendo como yo disfruté al escribirla.

~

[El Escritor:  La historia de un tejedor de sueños.]

Capítulo 2: Un Amor Platónico.

~

Ya entrada la noche y hastiado de los deberes laborales, decidí que quizá fuese un buen momento para tomar mi pluma e intentar escribir algo nuevamente. El intento anterior no me había dejado satisfecho, pero estaba seguro que esta vez algo podría salir.

Respiré profundamente y observé el papel fijamente. Creí que de nuevo estaba en blanco, pero no… mi mano comenzó a hacer unas anotaciones y sentí la presencia de una Musa.

Escribí y escribí durante varias horas, tachando y reconstruyendo varias frases, añadiendo otras… parecía el borrador de un dibujante entusiasmado, pero sin ganas de deshacerse de la primera hoja.

Me detuve un instante, revisé mi trabajo y quedé a gusto con lo que ahí se plasmaba. Guardé la hoja, mi pluma y mis demás cosas en mi mochila y salí de la oficina decidido a ir a casa para descanzar un poco.

Mientras caminaba sobre la acera, divisé del otro lado a una chica que se me hizo conocida. Dudé un poco en su identidad, pero para mi fortuna ella también me miró y sonrió mientras cruzaba la calle. Cuando descubrí quien era, me ruborizé… pero afortunadamente la obscuridad de la noche no permitió que ella notase mi estado. Ella me gustaba desde muchos años atrás, cuando la conocí en la universidad, pero nunca se lo había dicho. La amistad entre ella y yo era grande, pero tras finalizar los estudios nos distanciamos un poco y no había vuelto a verla en bastante tiempo.

– ¡Hola! – dijo ella

– Hola, buenas noches – contesté – ¿Cómo has estado? –

– Muy bien gracias, trabajando tú sabes… ¿hacia dónde vas? – me preguntó interesada

– A casa, ¿y tú? – respondí con algo de cansancio dejado en la voz.

– Oh, también. ¿Vas en el camión? – inquirió – Quizá podríamos irnos juntos, voy en esa dirección… – añadió mientras señalaba la avenida, que (afortunadamente) era la misma dirección en que yo debía dirigirme.

Caminamos un par de cuadras, hasta llegar a la parada del camión. Me platicó un poco sobre los últimos años de su vida y me reprochó el no permanecer en contacto con ella después de la carrera.

Llegó nuestro transporte, y afortunadamente pudimos sentarnos. Me comentó que se encontraba desempleada, pero que seguía tocando puertas día a día, soltera y sin novio, vivía aun con su madre. Yo le dije un poco acerca de mi; trabajo en una empresa de sistemas, como encargado del departamento de informática, vivo solo en un pequeño departamento, en mi tiempo libre me gusta leer, escribir, tomar fotografias y de vez en cuando jugar con mis pequeños sobrinos.

Cuando le mencioné que escribía, se mostró interesada y me preguntó si tenía algún texto publicado.

– Oh, en realidad nada importante… tan solo bocetos de esto y de aquello… -le comenté

– Me encantaría poder leer algo tuyo en alguna ocasión – me dijo amablemente

Recordé mi hazaña antes de salir de la oficina, y le extendí mi “trabajo”.

– Te comparto algo que escribí unos minutos antes de encontrarte – le dije

Con sus delicadas manos tomó las sucias hojas de papel y leyó una tras otra. Mientras ella leía, yo la observaba. Su rostro me hizo evocar muchos recuerdos de la universidad, principalmente el porqué me había gustado ella. Cuando era muy pequeño, solía tener un modelo de mujer en mi mente, algo totalmente alejado a los estereotipos que entonces regían, y algo que no se parece en nada a los que existen ahora… “Mi mujer ideal”. Cuando la conocí, mi sorpresa fue demasiada, al ver que parecía haber sido hecha a la medida de mis deseos… desgraciadamente, esto solo logró una cosa… que todo su esplendor me intimidara y me dejara sumiso en mis sentimientos. Afortunadamente, una amistad se dió entre ella y yo permitiéndome el compartir muchos momentos con ella, sin el miedo a estar haciendo algo mal, o a que terminara en lo que yo anhelaba, pero temía…

– Oh… ¡Qué lindo escribes! – me dijo ella, cortando finamente con su voz mis pensamientos – ¿En quién pensabas cuando escribiste esto? – me preguntó mientras me miraba fijamente a los ojos.

– En nadie en especial realmente… pero recordaba personas significantes en mi vida… – le dije sin mucha importancia.

Me miró pensativa y fijamente, mientras dijo lo siguiente: “Mmm… que bonito… pero hubiera estado mejor que me dijeras que pensabas en mí…”

En ese momento podría haber esperado casi cualquier comentario, excepto algo como eso. Hacía muchos años que había olvidado el significado de “nerviosismo”, pero el temblor en mis labios, y mis manos tensas no podían ser descritas de otra forma. Aun con todo, me armé de valor y traté de elaborar una improvisada respuesta a su comentario, mientras pensaba en algo halagador que no echara a perder el momento.

– Vaya… y mira que pensé en decirlo… y en realidad es cierto, pero no supe si decirlo, creí que me tomarías a mal –

Ella rió y me dijo: – No, tú no sabes coquetear – mientras volvía a reir.

Este último comentario alimentó mi valor para tantear terreno y dejar libre un poco de todo lo que había sentido durante muchos años. Probando suerte, le respondí:

– Sonaré ególatra, pero… si mi objetivo fuera coquetear contigo para conquistarte, estarías en mis brazos desde hace mucho tiempo.

Su risa se detuvo, y alcanzé a percibir un ligero rubor en sus mejillas mezclado con un brillo hermoso en sus ojos.

– ¡Uooou! ¡Me sorprendes! – dijo ella, pensó un par de segundos y añadió – pero… ¡Me gustaría que me sorprendieras aun más!

Cuando sus labios terminaron de enunciar esas palabras, sentí que dentro de mi cabeza se desempolvaban pensamientos de los cuales había olvidado su existencia. Casi sin pensar, tomé una de las hojas que le había dado, y escribí unas palabras. Cuando terminé de escribir, le regresé la hoja y le dije lo siguiente:

– La Luna es testigo en este momento de que mis intenciones son buenas para contigo, de que te quiero bien y que cada noche desde hace muchos años, delirio con tu rostro, recuerdo tu voz y alrededor de mi flota tu aroma. Tu recuerdo me atormenta a cada instante, por el simple hecho de no tenerte a mi lado… pero aun con eso, tu existencia me hace felíz, llena mi corazón y me vuelve dichoso. –

De uno de sus ojos, brotaron un par de lágrimas, mientras conmovida dijo: “Ojalá todo esto fuera verdad…”

Sin dejar de mirara, continué hablando y le dije lo siguiente:

– Y eso, solamente son palabras… engendradas por mis sentimientos y paridas por mi pluma, para que tú con tus lindos ojos puedas deleitarte… más no terminan de ilustrar mi verdadero sentir, que oculto entre las sombras yace agonizante por un amor platónico que duda de mi realidad… y que se aleja por otro camino… –

El camión se detuvo, habíamos llegado a la última parada. Decendimos en silencio. Me tomó del brazo y caminamos algunas cuadras hasta llegar a su casa.

– Gracias por acompañarme, retiro mis palabras… en realidad que sí sabes coquetear, pero lo dejaremos para otra ocasión si así lo deseas. – me dijo.

– Estaré encantado, que tengas dulces sueños. – respondí mientras ella abría su puerta.

Di un par de pasos de regreso, y entonces giré la cabeza para mirarla por última vez. Ella permanecía en su puerta, observándome… y me permití decir algo más.

– Te contaré un secreto, que espero no cambie tu idea acerca de mi… pero quizá este sea el momento ideal para decírtelo – Esperé unos segundos, hasta que ella asintió, dándome su aprobación para continuar – Nada de lo que has leido o escuchado de mí esta noche es mentira. Cuando te dije que eras mi Amor Platónico era en serio… pero tu corazón siempre caminó en otro sendero y no soy quien para cambiar su ruta. –

Meditó un instante más, para pronunciar lo más hermoso que he escuchado jamás:

– Vaya… ¡Qué hermoso! … y puedes tener por seguro que lo que acabas de decirme jamás cambiaría nada entre nosotros… a menos que fuera para algo bueno. –

Se acercó a mi lentamente, me besó en la mejilla y dijo:

– ¡Hasta pronto! Ojalá tengas una bonita noche… y no se te olvide soñar conmigo. –

Sonreí alegremente y finalizé diciendo:

– Encantadoramente genial… así pues, te agradezco tu atención y te libero… descanza, que las estrellas cuiden tu sueño y acompañen tu camino. –

Una vez más, su respuesta me sorprendió:

– Oki… pero no me liberes por mucho tiempo. – me guiñó el ojo y continuó – Yo siento lo mismo por tí, nada de lo que te he dicho es mentira tampoco.

Tras esas encantadoras y a la vez devastadoras palabras, cerró tras de sí la puerta lentamente.

Caminé calle abajo, el viento movía mi cabello en dirección contraria y me refrescaba la cara. Permanecí tranquilo y alegre hasta que llegué a mi departamento. Abrí la puerta y encendí la luz del recibidor. Recordé su rostro y sus palabras.

La próxima hora pasó sin que me diera cuenta, cené enfrente de televisor, mientras miraba por la ventana. Mi mente estaba con ella; recordando toda esa mezcla de sentimientos y de acciones. Fue cuando me dí cuenta de algo:

Se había quedado mis hojas.

Nuevamente me encontraba sin nada bueno escrito. ¿Así cuándo podría demostrarle a alguna editorial que yo podría ser un buen escritor?. Traté de olvidar ese pensamiento, evocando nuevamente el rostro de ella.

No se cuanto tardé en quedarme dormido. Lo último que recuerdo es que parpadee un instante y ya era de día.

Trabajo, aquí vamos…

~

~ Alfred ~